Ramón Guzmán Ramos
La disputa por el SNTE
Sábado 17 de Febrero de 2018
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La Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) ha hecho del rechazo a la Reforma Educativa la bandera principal de su lucha en lo que va del sexenio. Como parte de las reformas estructurales que el PRI, el PAN y el PRD aprobaron en esa confluencia política por demás perversa que se conoció como Pacto por México, la de la educación llevaba desde el principio el objetivo principal de cambiar radicalmente las relaciones laborales que mantenía el gobierno con los maestros del país a través de su sindicato. Con esta reforma se eliminan derechos fundamentales que los trabajadores de la educación habían logrado a lo largo del tiempo, como la plaza base, el escalafón, la contratación colectiva y la estabilidad en el empleo.

En estos años la CNTE ha impulsado jornadas de movilizaciones intensas para exigir la abrogación de la reforma. En algunas ocasiones ha logrado levantar tal presión sobre el gobierno federal que parecía que la reforma se venía abajo, como ocurrió en 2016 con la tragedia de Nochixtlán como escenario. La CNTE, sin embargo, no ha podido superar sus propias contradicciones y lo que ocurre siempre es el repliegue desordenado cuando los distintos contingentes que la conforman logran que el gobierno les reconozca otras demandas menores. La lucha contra la Reforma Educativa se ha convertido en una bandera propagandística que está sujeta a negociación cuando de obtener otras prebendas se trata.

Marcha de la CNTE en el centro de Morelia
Marcha de la CNTE en el centro de Morelia
(Foto: Archivo)

Uno de los ejes estratégicos que desde su origen se propuso la CNTE fue la democratización del SNTE. El SNTE es el sindicato más numeroso de América Latina con alrededor de un millón y medio de miembros. Siempre ha estado al servicio del gobierno en turno. Lo mismo con Carlos Jonguitud Barrios y su Vanguardia Revolucionaria que con su sucesora, la levantisca Elba Esther Gordillo, y ahora con Juan Díaz de la Torre. En sus inicios la CNTE subordinaba sus movilizaciones a este objetivo central: recuperar al sindicato de las garras de estas dirigencias espurias y proceder a su democratización plena, transformando las relaciones verticales de poder por lo que han llamado el poder de las bases. Cuando Gordillo llegó a la dirigencia nacional del SNTE en 1989, ayudada por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, propuso hacer algunos cambios y llamó a convertir al SNTE en un sindicato plural, que tuviera espacios para la representación de los divergentes. La experiencia duró poco porque la CNTE, después de algunos intentos frustrados, optó por abandonar estos espacios y seguir un camino propio, renunciando en los hechos a uno de los principios fundamentales que le dieron origen. La CNTE ahora se encuentra estancada, atrincherada en cuatro estados, con representaciones mínimas en otros, sin posibilidades reales de crecer y extenderse por sus contradicciones y sus diferencias internas, que a veces, como está sucediendo ahora en Michoacán, llegan a la confrontación abierta.

Como le ocurrió a su antecesor con Salinas, a Elba Esther Gordillo Morales la destronó y la tomó presa en febrero de 2013 el gobierno de Peña Nieto. La acusaron de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita, lo que se conoce como lavado de dinero, por cantidades que en ese momento superaban los dos mil millones de pesos. Estos recursos los tomaba de las cuotas sindicales y los traspasaba a sus cuentas personales, según el procurador Jesús Murillo Karam. Nada nuevo. La verdadera razón por la que Gordillo se confrontó con el gobierno federal y éste la castigó de tal manera fue por la Reforma Educativa. Elba Esther se opuso airadamente y de una manera abierta, desafiante, a esta reforma. Hay que decir que en esto se produjo una de esas raras coincidencias entre contrarios que en estos tiempos se nos han vuelto tan normales. En el rechazo directo y contundente a la Reforma Educativa coincidieron Elba Esther Gordillo y la CNTE. Las razones y las intenciones de fondo, por supuesto, son diferentes. Gordillo se dio cuenta desde antes de que la reforma fuera aprobada que una de sus consecuencias directas sería la eliminación del sindicato como el mediador en las relaciones laborales entre la SEP y los maestros. Con el SNTE convertido en un elefante blanco, en una ventanilla enorme para hacer trámites menores, ella se quedaba sin su negocio, sin la fuente de su poder inmenso. La CNTE, por su parte, se proponía recuperar el sindicato para llevar a cabo una democratización general y convertirlo en el instrumento de defensa de los trabajadores que desde su nacimiento debía ser.

Con Gordillo en la cárcel, que era el peligro mayor por la capacidad que ha demostrado el SNTE para movilizar a cientos de miles de maestros en épocas electorales, el gobierno se propuso imponer la Reforma Educativa. Fue cuando Aurelio Nuño llegó a la Secretaría de Educación Pública y se convirtió en un secretario plenipotenciario capaz de disponer de las otras dependencias a su antojo, incluyendo las corporaciones policiacas y la de Hacienda para reprimir por la fuerza y en lo laboral las movilizaciones de la disidencia magisterial. Finalmente la reforma terminó por aplicarse en la mayoría del territorio nacional y es hora que no demuestra en los hechos los beneficios que tanto se anunciaban. Para llevar la reforma a cada escuela, el gobierno federal llevó a cabo una estigmatización de la figura de los maestros. Los maestros eran los culpables de la catástrofe educativa que colocaba al país en los últimos lugares de aprovechamiento a nivel mundial. Con la reforma todo cambiaría. Es un hecho, sin embargo, que la crisis sigue ahí, lo que demuestra que la reforma fue diseñada con el propósito exclusivo de convertir al sindicato en un cascarón vacío y eliminar los derechos históricos de los maestros.

A dos meses de que le dieron a Gordillo prisión domiciliaria por cuestiones de edad y de salud, las cosas han empezado a dar un vuelco dramático. El nieto de quien llegó a ostentarse como la presidenta vitalicia del SNTE, René Fujiwara, anunció su respaldo directo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Pondría a su disposición las llamadas Redes Sociales Progresistas, organismo que agrupa a la corriente gordillista dentro del SNTE y que mantiene una presencia y una fuerza considerables al interior del sindicato y fuera de él, que conserva la experiencia de movilizar a miles de maestros en la intervención de procesos electorales, encabezada ahora como su principal operador político por Rafael Ochoa Guzmán, ex secretario general del SNTE e incondicional de la Gordillo. La maestra, como se le conoce en la jerga política de algunos ámbitos, ha empezado a mover los hilos de los grupos al interior del sindicato que le son fieles y aún controla. Es evidente que no ha perdido algunas de las cualidades que en su momento la convirtieron en una lideresa con un gran poder concentrado en sus manos, como la capacidad de aliarse con el ganador potencial en cada elección y negociar sus demandas particulares, en esta ocasión, seguramente, su absolución total y su regreso a la dirigencia nacional del SNTE. Se explica por qué el gobierno federal la acaba de declarar como un riesgo para la paz y la seguridad del país.

El 10 de febrero pasado el pacto entre Gordillo y AMLO quedó consumado. Fue en la ciudad de Zacatecas. Acudieron unas dos decenas de miles de maestros a respaldar el evento. AMLO se comprometió, entre otras cosas, a dar marcha atrás a la Reforma Educativa, eliminar la evaluación punitiva y acabar con las persecuciones y represiones contra los maestros, recontratar de inmediato a los maestros que han sido cesados por no acudir a las evaluaciones, abrir espacios para la participación del magisterio en el diseño y aplicación de un nuevo sistema educativo. Gordillo quiere recuperar al SNTE para su beneficio personal y de su corriente.
La CNTE, por su lado, se ha quedado prácticamente sin bandera. No le queda sino seguir por el camino que no la ha conducido a ninguna parte, o decidirse a hacer un frente unido con su otrora enemiga más acérrima, y con quien no se propone de ninguna manera hacer la revolución desde las urnas. He aquí el dilema.

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