Rogelio Macías Sánchez
ALGO DE MÚSICA
Volver a recordar
Martes 6 de Febrero de 2018
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Seguimos sin actividad formal de música clásica en nuestra ciudad. Las orquestas permanecen silentes por graves problemas de fondo. Los jueves del Conservatorio de las Rosas han callado y sólo la UNAM algo ofrece. Para el viernes pasado anunció una velada con los Niños Cantores de Morelia en su Centro Cultural de la Avenida Acueducto. Eran a las 06:00 de la tarde y gente llegamos puntuales para disfrutarla, pero resultó que la directora decidió cambiarla al auditorio del Campus Morelia, allá en la vieja carretera a Pátzcuaro. Inconcebible e inaudita falta de respeto al público, tanta que seguimos perplejos y sin capacidad de respuesta. Entonces para esta entrega sólo me queda acudir a mis recuerdos.

Los Niños Cantores de Morelia
Los Niños Cantores de Morelia
(Foto: Especial)

Recuerdo cuando escuché por vez primera el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Fue el 26 de septiembre de 1951, en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, donde entonces yo vivía. Lo que nos llevó al teatro a mi madre y a mí fue la curiosidad de escuchar a un coro de niños de la provincia mexicana, de Morelia, que estaban ganando cartel entre los conocedores y de cuyo director decían que era el mejor del mundo. Lo cantaron con una orquesta también de provincia, la Sinfónica de Xalapa (OSX), que desde entonces era muy prestigiada y considerada entre las mejores del país. Eran los Niños Cantores de Morelia, 35, que cantaron las voces de soprano y contralto. Los adultos, tenores y bajos, eran de un coro que se presentó como de la Catedral de Morelia. No recuerdo a los solistas, pero el director fue el maestro Romano Picutti.
Resultó en una de las experiencias musicales más profundas que he vivido y, por supuesto, de las memorables de por vida. Por el descubrimiento de ese Mozart joven genio en agonía, con tanta angustia por lo externo, tanta serenidad interior y la conciencia absoluta de su trascendencia. Obra non del arte universal es el Réquiem, de forma y fondo, de cuerpo y espíritu. Varias veces más lo he escuchado en mi vida y grabaciones tengo varias, pero nunca más he sido sacudido en mi espíritu tan intensamente como esa noche.

¿Y los Niños Cantores de Morelia? Su actuación resultó indecible y todavía lo es. La OSX estuvo en una buena noche pero nadie la mencionó después del concierto. A los solistas, tampoco. El faro que iluminó la inefable velada y que nos dejó sorprendidos y boquiabiertos fueron los Niños Cantores de Morelia, que cantaron como ángeles que desde el cielo dirigiera el mismo Mozart. Pero hubo una figura más señera y reconocida: la del maestro Romano Picutti, verdadero forjador y director inigualado de esa leyenda que son "esos" Niños Cantores de Morelia, los de 1950 a 1960 que, como leyenda auténtica, fueron reales y son irrepetibles.

La segunda parte de esta entrega refiere un hecho relacionado con lo anterior, que también me dejó estupefacto. Resulta que la velada que les referí la recuerdo con nitidez absoluta, pero no recordaba, en absoluto, la fecha. Tenía que haber sido entre 1951, pues ya usaba pantalón largo, y 1956, año en que murió Picutti, pero nada más podía yo saber. Por no dejar entré a la Internet y en uno de los buscadores temáticos que hay escribí: "Romano Picutti en México". Me aparecieron cientos de artículos a revisar, pero en uno de los primeros encontré, ¡oh, sorpresa!, una crónica contemporánea del concierto de marras, en inglés, para una revista estadounidense, firmada por Peggy Muñoz. Esto resolvía mi problema de fechar la velada, pero leí completo el reportaje para constatar si no estaba yo magnificando los recuerdos por el paso del tiempo. Y no. Los calificativos de Peggy Muñoz son superlativos a los míos. Dijo que el coro, para decirlo suavemente, era "sensacional". Describe el aplauso final diciendo que todo el público se puso de pie y aplaudió con una violencia de entusiasmo latino como no se había escuchado por años en el viejo Palacio (de Bellas Artes).

Pero el párrafo final de esa crónica pinta de cuerpo entero a Romano Picutti. Dice que aceptó la ovación con calma y entonces empacó a sus niños de regreso a casa para empezar a preparar el siguiente concierto. Y continúa: "Él (Romano Picutti) sabía que tenía un gran coro. Pero en la Ciudad de México el público y los críticos se quedaron en un estado de asombro, y por vez primera empezaron a tener la esperanza de que en México se diera una organización musical capaz de competir con las mejores en el mundo y, quizá, llegar a ser la mejor".

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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