Ismael Acosta García
Corrupción y austeridad republicana en el proyecto de López Obrador
Sábado 3 de Febrero de 2018
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Dos temas son los principales sobre los que giran las propuestas que Andrés Manuel López Obrador ha presentado a través de su Proyecto de Nación 2018-2024. Ellos son: la corrupción y la austeridad republicana.

Corrupción



Según datos de Transparencia Internacional, por más de dos décadas México ha tenido en la corrupción un problema constante y sistémico. Lo confirma el Índice de Percepción de la Corrupción 2015, en el que México obtuvo una calificación de 35 puntos sobre 100 posibles.

Los contrastes son notables. Mientras Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia ocupan los primeros lugares en honestidad, México se sitúa entre los más corruptos del mundo. Las naciones éticamente desarrolladas cuentan con una clase media fuerte y mayoritaria, y prácticamente no existen la pobreza, la inseguridad ni la violencia. En esos países el Estado promueve el desarrollo y cumple con su responsabilidad social. Noruega es el tercer exportador de petróleo en el mundo y esa actividad se maneja como un negocio público, administrado por el Estado para beneficio de sus habitantes, que contempla incluso el reservar un gran porcentaje de las utilidades a un fondo de ahorro como herencia para las futuras generaciones.

En ellos hay una democracia efectiva: se respetan los derechos humanos, se garantiza el acceso universal al Internet y el estado de bienestar atempera las desigualdades y hace posible la justicia social. En Dinamarca, por ejemplo, la población cuenta con educación gratuita de calidad en todos los niveles escolares; hay becas para todos los estudiantes de nivel medio superior, superior y posgrado, reciben servicios médicos y medicamentos de manera gratuita, no se paga peaje, hay pensión para adultos mayores, asistencia social, apoyo para la renta de vivienda, permiso con goce de sueldo de seis meses por maternidad, servicio gratuito en bibliotecas y centros recreativos. Afirma AMLO que “todo esto puede lograrse en México si se destierra la corrupción, porque el país cuenta con muchos recursos y riquezas naturales y tiene un pueblo honrado y trabajador”.

Según estudios del equipo de López Obrador, existen datos suficientes y contundentes para sostener que erradicar la corrupción en el gobierno nos permitirá ahorrar hasta diez por ciento del presupuesto público, es decir, 500 mil millones de pesos.
Según estudios del equipo de López Obrador, existen datos suficientes y contundentes para sostener que erradicar la corrupción en el gobierno nos permitirá ahorrar hasta diez por ciento del presupuesto público, es decir, 500 mil millones de pesos.
(Foto: Cuartoscuro)



¡Al diablo la idiotez de Peña Nieto, que dijo que en México la corrupción es cuestión de cultura! Erradicar la corrupción depende, en gran medida, de la voluntad política y la capacidad de decisión del titular del Ejecutivo y de la autoridad moral de los gobernantes. Si el presidente es honesto, ese recto proceder tendrá que ser secundado por los demás servidores públicos. Para el efecto, Andrés Manuel propone una reforma al artículo 108 constitucional para eliminar el fuero al presidente de la República para que pueda ser juzgado, al igual que otros altos funcionarios públicos, por el delito de corrupción. Y apremia la obligación legal y moral de publicar la declaración patrimonial, la declaración de intereses y la declaración fiscal de todos los servidores públicos.

Austeridad republicana



El magro desarrollo económico del país no se debe a la falta de presupuesto, esa es una idea equivocada. Las finanzas y la riqueza pública de México, aun con el progresivo deterioro padecido durante los sexenios anteriores, siguen siendo cuantiosas e importantes.
El Estado debe asumir su función de promotor del desarrollo sin asfixiar la iniciativa de la sociedad civil ni obstaculizar la participación conjunta de los sectores público, privado y social.

El presupuesto autorizado por la Cámara de Diputados para 2018 será de cinco mil 272 billones de pesos. Sin embargo, una cantidad importante de éste no está encaminada a promover el desarrollo ni el bienestar social. De igual modo otra suma considerable se destina a mantener una onerosa estructura burocrática que es necesario reducir.

Por otra parte, la Secretaría de Hacienda modifica el presupuesto sin rendir cuentas a nadie. Por ejemplo, en enero de 2016 se publicó en el Diario Oficial el presupuesto para ese año, y en marzo, apenas dos meses después, Hacienda hizo modificaciones para aumentar considerablemente y sin justificación alguna el costo de ocho proyectos de obras en las cuales las empresas contratadas tienen vínculos con funcionarios del gobierno federal. Originalmente el Congreso había autorizado para esos proyectos un presupuesto de 189 mil 322 millones de pesos pero Hacienda los elevó a 286 mil 192 millones, es decir que otorgó un incremento del 51 por ciento. Entre las obras con mayor reasignación de recursos aparece el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que tenía autorizados 104 mil 396 millones y cuyo presupuesto aumentó a 180 mil 122 millones de pesos, ¡72.5 por ciento!

Según estudios del equipo de López Obrador, existen datos suficientes y contundentes para sostener que erradicar la corrupción en el gobierno nos permitirá ahorrar hasta diez por ciento del presupuesto público, es decir, 500 mil millones de pesos.

En este contexto, la austeridad no sólo es un asunto administrativo, sino de principios. Los gobernantes, como decía el presidente Juárez, “no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad, no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley ha señalado” (discurso pronunciado por Benito Juárez, siendo gobernador de Oaxaca, ante la X Legislatura, al abrir el primer periodo de sus sesiones ordinarias el 2 de julio de 1852). No debe haber gobierno rico con pueblo pobre.

En la óptica de este proyecto de nación, la aplicación de una política de austeridad permitirá, junto con el combate a la corrupción, contar con un presupuesto suficiente para promover el desarrollo, la producción y el empleo para, de esta manera, garantizar el bienestar de todos. “Con esta estrategia –afirma López Obrador– no habrá necesidad de aumentar impuestos en términos reales ni de crear nuevas contribuciones, demostrando así que sí es posible invertir sin recurrir al endeudamiento”.

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