Estrellita M. Fuentes Nava
¡Chanfle! Y ahora… ¿quién podrá defendernos?
Viernes 2 de Febrero de 2018
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Esta popular frase la traje a colación en este artículo porque el viernes pasado tuve la oportunidad de asistir a la conferencia del doctor Sergio Gallegos Castorena, titulada “Todos podemos ser héroes”, en la que narró sus vivencias y reflexiones en torno a su profesión como médico especialista en cáncer infantil, y quien además atiende a sus pacientes vestido de superhéroe, ya sea Batman, Superman, Thor… y hasta El Chavo del Ocho, el cual es de lo más popular. Es una maravilla que haya personas así con una vocación tal de servicio y que no escatiman en dar el extra adicional todos los días por ver una sonrisa en los niños y hacerles más llevadera su de por sí penosa enfermedad.

Trasladándonos ahora en la arena noticiosa, el periódico Reforma manejó una nota el pasado fin de semana en la que habla de la cancelación de una gira de trabajo del presidente Enrique Peña Nieto a Reynosa, Tamaulipas, porque no había las condiciones necesarias para garantizar su seguridad, además de que el Estado Mayor Presidencial estuvo resguardado todo el tiempo durante la pre-gira por una veintena de militares. Si pocos días antes me resultó sorprendente ver la noticia que circuló en las redes cuando el alcalde de Nuevo Laredo, Tamaulipas, Enrique Rivas Cuéllar, y sus acompañantes se tuvieron que tirar al piso durante la inauguración de un mural en el Parque Silao debido a una serie de detonaciones que sembraron el pánico, esta noticia referente a la seguridad del Presidente de la República me sacudió aún más.

En una nota publicada en el diario español El País el pasado 27 de enero, se señala que la única explicación que dio la Presidencia de la República con respecto a la gira a Reynosa es que la visita "nunca estuvo confirmada, y por ende no se puede hablar de una cancelación". Sin embargo, fuentes del gobierno local aseguraron que la visita estaba prevista: "El martes se iba a inaugurar el último tramo de una vialidad pero el miércoles llamaron de Presidencia para decir que la visita se iba a reagendar. No dieron motivo ni dijeron para cuándo se reagenda", citó la fuente de dicho periódico.

En un contexto en el que 2017 está calificado como el año más violento en México en los últimos 20 años, que hay tantos muertos y desaparecidos por doquier, incluyendo a periodistas, activistas, alcaldes, mujeres, niños, inocentes o delincuentes, y que como sociedad estemos exigiendo mejores condiciones de seguridad, esta noticia nos desalienta de manera absoluta. Si el presidente, siendo quien es, teniendo a su disposición todas las fuerzas militares y policiacas, los recursos y los aparatos de inteligencia, no puede llevar a cabo una simple gira de trabajo porque no le garantizan su seguridad, no me quiero imaginar qué podemos esperar los que somos simples mortales.

El dolor de las familias dolientes, de los niños huérfanos y de las madres angustiadas está permeando en nuestras raíces profundas como nación, y de ese germen no puede esperarse que emerjan árboles frondosos que nos lleven a la paz
El dolor de las familias dolientes, de los niños huérfanos y de las madres angustiadas está permeando en nuestras raíces profundas como nación, y de ese germen no puede esperarse que emerjan árboles frondosos que nos lleven a la paz
(Foto: Cuartoscuro)


Ya muchos analistas y especialistas han apuntado al gran problema de la corrupción y la ineficacia del sistema de justicia como las grandes columnas que sostienen la inseguridad en la que vivimos, ello aunado a las condiciones de pobreza e inequidad que avasallan cualquier intento de remediar las cosas. A veces me da la impresión de que el fenómeno ya está desbordado, fuera de control, y que ya no hay quién lo detenga; que necesitamos de una severa sacudida, una intervención extranjera, una revuelta o un estado totalitario para ponerle fin, aunque con ello perdamos mucho más. No alcanzo a imaginar qué futuro más grave que el que vivimos ya, podría suceder. Pero por lo pronto, como discurso electoral tristemente da para vender.

El dolor de las familias dolientes, de los niños huérfanos y de las madres angustiadas está permeando en nuestras raíces profundas como nación, y de ese germen no puede esperarse que emerjan árboles frondosos que nos lleven a la paz, sino zarzas ardientes con las que se atizarán aún más nuestro infierno.

Es una vergüenza que se despilfarre dinero en vacuos programas, que se venda un discurso hipócrita y que se juegue con la necesidad del pueblo de tener fe en algo o en alguien que detenga esta agonía. Deberían nuestros actores políticos tocarse en corazón y hablar con sinceridad, decirnos la verdad de frente para reconocer con franqueza que la violencia ya es inmanejable, fuera de toda proporción, y que no está ya en sus manos, para de ahí partir a un ejercicio colectivo de ¿qué hacemos? de manera honesta y decidida, y no con fórmulas como las que se venden en los canales de televentas. A nosotros como ciudadanos no nos queda más que encomendarnos al ángel de la guarda o al Chapulín Colorado, porque de ahí en fuera no veo quién más podría cuidarnos.

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