Alma Gloria Chávez
Dar sentido a la vida y a la muerte
Jueves 1 de Febrero de 2018

Unas palabras para quienes quieren, cuidan y defienden el lugar que les tocó vivir.

A- A A+

La noche del 1º de noviembre de 1989, estando reunidos en la comunidad indígena de Santa Fe de la Laguna, compartiendo con hombres, mujeres y niños la ofrenda y el pozole, reviviendo tantos y tantos momentos en que nuestras vidas se enlazaron, Julio Alvar leyó en voz alta y para todos su “última carta a Elpidio”, a quien esa noche y madrugada se dedicaba lo ofrendado. “En la noche estrellada se percibía un gran peso de soledad y tristeza que se abatía sobre casas, lago y bosque”, escribía el etnólogo francés.

Yo sé muy bien del compromiso que entonces adoptaron muchas mujeres para consigo y su comunidad. Hoy se ve reflejado en valientes acciones que dan sentido a su vida y a su muerte.
Yo sé muy bien del compromiso que entonces adoptaron muchas mujeres para consigo y su comunidad. Hoy se ve reflejado en valientes acciones que dan sentido a su vida y a su muerte.
(Foto: TAVO)

Esa década de los años 80 cerraba su ciclo contabilizando el asesinato de cerca de una decena de comuneros que lideraban la defensa de tierras y recursos naturales en la región. Aún no se acuñaba el término “ambientalista”, porque la denominación “comunero” daba por sentado que se refería a toda persona que tenía un fuerte compromiso con su comunidad y el entorno en que ésta se encontraba, haciéndolo además extensivo a todo el núcleo familiar.

Julio Alvar llegó a tierras michoacanas con su mujer, Janine, al finalizar los años 70, interesados en las luchas que las comunidades indígenas llevaban adelante, defendiendo de la voracidad de empresarios, caciques y funcionarios gubernamentales sus territorios, aguas, minas y bosques. “Como investigador y etnólogo, pero ante todo en calidad de hombre, dediqué mis esfuerzos desde 1980 al acontecimiento de las comunidades indígenas purépechas a fin de comprender su actitud y su lucha respecto al poder instituido. Durante estos diez años, en todo momento, he podido integrarme a un grupo amplio y representativo de hombres y mujeres de distintas localidades de la región para mejor informarme. Acumulé material, estudié escritos y analicé reflexiones ajenas. Sin embargo, me resultó mejor ver a través de mi lente, ‘detrás de sus ojos’, lo que suponen para los purépechas cinco siglos de una historia de la que han dejado de ser autores, a pesar de que soportan su peso y consecuencias”.

Así fue que académicos y estudiosos nacionales y de otras latitudes, como Julio Alvar, fueron dando cuenta del “resurgir” de luchas de resistencia indígena en el país y el continente, como los purépechas en Michoacán: adquiriendo conciencia de su opresión por planteamientos tácticos de las esferas dominantes, percatándose de que su situación de “precariedad” no proviene de ningún fatalismo caído del cielo, sino de la voracidad de una máquina puesta en marcha hace más de cinco siglos.

La convicción de Elpidio Domínguez seguramente es la misma que ha impulsado a hombres, mujeres y jóvenes a adquirir un compromiso mayúsculo hacia la defensa de sus derechos y cultura, representados materialmente en sus tierras comunales. “Todos los habitantes de mi comunidad, históricamente, tenemos derecho a la tierra y, por supuesto, la misma obligación de defenderla. (…) Somos una comunidad muy asediada para ser despojada y para eso el gobierno tiene armas legales mediante la Ley de Fomento Agropecuario, que dice que las tierras ociosas pueden ocuparse por quien pueda hacerlas producir, y debemos comprender que la tierra es un medio de vida y entre los indígenas no debe mantenerse únicamente como una reliquia histórica. Esto es bueno y puede ser fundamental para nuestra identidad cultural, pero hagamos un esfuerzo de no solamente morir, sino de disfrutar por lo que morimos”.

Y sin duda fue después del levantamiento zapatista en Chiapas que la participación de las mujeres indígenas fue más visible. Aquí en Michoacán, recuerdo, en el año 1996 tuve oportunidad de participar en un taller con mujeres indígenas de varios estados del país, con quienes reflexionamos y compartimos todo lo que entonces sabíamos sobre derechos humanos. Revisamos diversos tratados y convenios como el 169 de la Organización Internacional del Trabajo y escuchamos distintos casos de violación a nuestros derechos, especialmente los relacionados con la situación que muchas mujeres de comunidades sufren con la imposición de costumbres que dañan su integridad física y emocional y que limitan su participación en la toma de decisiones familiares o comunitarias.

“No es bueno continuar permitiendo lo que hace daño a nuestra persona, y mucho menos enseñarlo a nuestras hijas e hijos”, se dijo. Y también: “La fuerza de la mujer indígena nace de su presencia permanente en las comunidades, de la resistencia con la que han enfrentado la pobreza, la enfermedad, el abandono; trabajando para mantener la familia, para hacer producir el campo y para defenderse de muchos atropellos. Por eso es bueno que también aprendamos a defender y proteger mejor a nuestras comunidades”.

Tengo a la mano el documento-pronunciamiento de aquel memorable taller donde tanto aprendí de mujeres artesanas, de radios indígenas, promotoras de salud o de proyectos productivos, además de las que se encargaban de la educación en derechos humanos: “Hay tradiciones positivas y otras que no lo son. Algunas nos lastiman. Es una costumbre perjudicial que las mujeres descuidemos nuestra salud. Debemos conservar conocimientos, costumbres y tradiciones que nos ayuden a sanar, por ejemplo, la preparación de remedios con plantas medicinales para curarnos o prevenir enfermedades. Hay actitudes que nos estorban: sumisión ante la incomprensión y autoritarismo de nuestros maridos o varones de la familia, silencio ante el maltrato y la ofensa, pasividad ante la prohibición o limitación de nuestra libertad de expresión y reunión, debiendo, por tanto, esforzarnos más para que todo esto cambie para perder el miedo. Querernos y entendernos más a nosotras mismas y trabajar con las demás para ganar más confianza. Que así como transmitimos costumbres, actitudes y tradiciones, también podemos proponer y convencer a los demás de la necesidad de eliminar todas aquellas prácticas y creencias que nos hacen daño. Que cada una podemos hacer algo para empezar a cambiar las cosas”.

Yo sé muy bien del compromiso que entonces adoptaron muchas mujeres para consigo y su comunidad. Hoy se ve reflejado en valientes acciones que dan sentido a su vida y a su muerte.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
Comentarios
Columnas recientes

16 de noviembre. Día de la tolerancia

Días de ánimas, días de ofrenda

Ética para médicos

Un hombre de principios

La invención de América

Laudato sí, mi signore.

Pátzcuaro y su legado patrimonial

Día internacional de la paz

Mujeres disidentes

De las crónicas del lago

Fecha para adultos mayores

Proyectos contra la vida

La cultura: un derecho esencial

Turismo y cuidado del entorno

Contando y recordando

Entre costuras

A ejercer ciudadanía con responsabilidad

Apuntes para una historia

Construir la democracia

El maque y su decoración

Soy el museo de Pátzcuaro

Maternidad: desde adentro

La cruz: símbolo a través del tiempo

Festejo por los libros, sus autores y lectores

Un 19 de abril de 1940

Cuando se siembran ideales

Rituales de la Semana Mayor

Ofrenda para Itsii (agua)

La utopía quiroguiana

Buscadoras de vida

Dos maestros reflexionan

Violencia entre adolescentes

Metalurgia en Michoacán

Envejecer con dignidad

Dar sentido a la vida y a la muerte

Cuidar o atender a otros

Festejos de tradición

Atentar contra la seguridad

Los diarios de María Luisa Puga

Nombrar es crear

Sida, cuando el diagnóstico es tardío

25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?

Mis recuerdos de Teresita

Un guardián del lago

Defensa de la Madre Tierra

Un panteon peculiar

Hambre en el mundo

Recuerdos de un 2 de octubre

Hablemos de un hombre honrado

Cuando la naturaleza grita

La Coalición Nacional de Jubilados Pensionados

Desapariciones forzadas en México

Ejemplos sindicales

Cuando de educación se habla

Pueblos originarios

Ejercitar la ciudadanía

Violencia colectiva

Seguridad ambiental

Sobrevivir la adolescencia

La medicina de la naturaleza

Medio ambiente: nueva visión

Nuestra salud, nuestro derecho

Por el día de los museos

Maternidad desinformada

Por la cruz, a la luz

Hablar de “indianidades”

Altares para La Dolorosa

Trabajadoras del hogar

Aqua sum, agua soy

Ecología integral

Mujeres, pequeños testimonios

Francisco J. Múgica: un documental

Con perspectiva de género

Los toritos en tierra purépecha

Una auténtica “bolsa de valores”

LXXVIII Aniversario del INAH

Por el camino de la ética

Quien ama al árbol respeta al bosque

Pastorelas en Michoacán

El tiempo: medida de hombres

Nana Iurixe

Día Internacional de Lucha contra el Sida

Nombrar es crear

El respeto a las diferencias

Morir por mano propia

Celebración a nuestros difuntos

Nivel educativo, a la baja

De alta peligrosidad

ISSSTE de Pátzcuaro: Un día especial

Día del Maíz

Nuestro derecho a la cultura

Infamias globalizadas

Educacion para la paz

Esfuerzo, disciplina y amor

Maravillosamente: mujeres

Aprendiendo de los oficios

El pensamiento del doctor Bach

Fiesta de los Oficios

El trabajo del hogar

Jornadas de Peritaje Antropológico

Alerta de Género: consideraciones

Defender la educación

Gastronomía

Feminicidio

Día Mundial del Medio Ambiente

La salud de la mujer

Celebremos la diversidad cultural

Para quien educa

Mujer y madre

Día del Libro y la Rosa

Elenísima

Hombre de probidad

Trabajadoras/es de lo invisible

Ser mujer… Y no quedar en el intento

Amnistía Internacional: 45 años

Diálogo interrumpido, acuerdos incumplidos

El palacio de Huitzimengari

El palacio de Huitzimengari

Jorge Reyes: Siete años

Viejos rituales, nuevo ciclo

Desapariciones en Mexico

La inaceptable violencia

Desde tierras orientales

La medida del tiempo

Los Nacimientos en México

Cuando la fiesta es un ritual

Campaña “16 días de activismo”

Defender nuestro legado cultural

El hostigamiento es sinónimo de violencia

Mario Agustín Gaspar

Tributo a la vida a través de la muerte

Discriminacion

Votamos y participamos

Recordando a doña Caro

Para una cultura de paz

Caminos hacia la paz

Cuando una mujer disiente

En recuerdo de Palmira

Abuso de la cesárea

Abuelas (anecdotario mínimo)

De raíz p’urhé

El Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Celebrando el XV Aniversario de Decisiones

Territorio de volcanes

Cherani K’eri

Gobiernos incluyentes

Ejercer ciudadanía con democracia

La salud: cosa nuestra

La salud: cosa nuestra

Defender recursos naturales