Rogelio Macías Sánchez
ALGO DE MÚSICA
Como chango sin mecate
Martes 30 de Enero de 2018
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Así me dijeron que parezco en estos meses en que, por razones de todos conocidas, no ha habido música clásica a la que asistir ni tengo alumnos en mi cátedra de neurología. Mi trabajo asistencial como médico especialista lo sigo ejerciendo, pero lo otro, que tanto enriquece mi espíritu como lo primero, ha estado en suspenso por dificultades o paros laborales sabidos y comentados hasta el exceso. Hay otra tarea que cumplir, que también me es gratificante: la de preparar esta columna semanal para los muchos o pocos lectores que tengo; ignoro cuántos son. Pero no hay material pues no hay música viva de la que hacer crónica o crítica. Entonces acudo a mis recuerdos o invento sobre temas que realmente desconozco, como ha sucedido en las últimas semanas. De la noche a la mañana me convierto en filósofo, sociólogo, musicólogo o experto en semiótica. ¡Válgame Dios! Hoy recordaré una anécdota que tuvo implicaciones especulativas.

La música toda, la popular, la clásica, la folclórica, consta de cuatro elementos, cuatro pilares arquitectónicos que la sostienen: el ritmo, la melodía, la armonía y la dinámica.
La música toda, la popular, la clásica, la folclórica, consta de cuatro elementos, cuatro pilares arquitectónicos que la sostienen: el ritmo, la melodía, la armonía y la dinámica.
(Foto: Archivo)

Hace algunos años, más muchos que pocos, un grupo de médicos se acercó a mí pidiéndome una conferencia, plática o charla sobre cómo escuchar la música clásica, cómo aprender a disfrutarla, cómo entenderla, cómo acercarse a ella. Rápidamente contesté que plática tal no era factible, pues el único modo de hacer todo eso era escuchando la música, de preferencia en vivo. No hay plática que sirva, sólo hay que acercarse a ella, sin miedo. Insistieron alegando que no entendían la música clásica, a lo cual les contesté que la música no se entiende, pues no es materia filosófica o científica; la música nos gusta o no nos gusta, pues es materia estética, es arte. No hay mejor o peor, pues no es medible, pero a mí me puede gustar más una que otra, como mi vecino puede preferir la otra sobre la una. Pero insistieron en que querían oírme, que algo les sugiriera para gustar la música. Acepté, y en el auditorio del Hospital General de esta ciudad di la plática, sin que recuerde yo la fecha, ni siquiera aproximada. Recuerdo bien a varios de los asistentes.

Comencé diciendo que la música toda, la popular, la clásica, la folclórica, consta de cuatro elementos, cuatro pilares arquitectónicos que la sostienen: el ritmo, la melodía, la armonía y la dinámica. Están enumerados en el orden en que aparecieron a lo largo de la historia de la música y desde la prehistoria. Llevé ejemplos audibles de música clásica y popular o folclórica. El ritmo es aquel elemento que sentimos que se puede bailar. Cuando en una pieza predomina, los pies se nos mueven bajo la butaca. Los instrumentos preferidos para el ritmo son los de percusión. La melodía es aquello de la música que sentimos que se puede cantar y podemos ensayarlo con cualquier pieza que no tenga letra o que no la conozcamos. Se tararea y nos sale el canto. Los instrumentos preferidos para la melodía son los de cuerda: la familia de los violines, las guitarras, el arpa, el piano. Estos dos elementos de la música son de naturaleza emocional.

Los otros dos son intelectuales. La armonía es aquello de la música que acompaña a la melodía, la enriquece y le confiere personalidad. Sus instrumentos favoritos son los de aliento, ya sean metales (corno, trompeta, trombón, tuba) o maderas (flauta, oboe, fagot, clarinete, saxofón). Finalmente, la dinámica ofrece la posibilidad de cambiar la velocidad (ritmo) de una pieza y su volumen en porciones cortas de la obra.

La música, en los albores de la humanidad, nació como ritmo y su secuencia inmediata: la danza. Siglos o milenios después surgió la melodía, y con ella el canto. Ya en tiempos históricos, al final del Medioevo, apareció la armonía y sus campeones fueron los músicos de la época barroca. La dinámica surgió al final de la época romántica, que había privilegiado la melodía.

Hasta aquí les dije a mis amigos médicos en aquella tarde-noche. Nunca más me invitaron a otra plática en ese tenor y nunca los he visto en concierto alguno de música. Así será.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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