Ismael Acosta García
Los pactos de civilidad y la carabina de Ambrosio
Sábado 27 de Enero de 2018
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Señala Néstor Luján en su Cuento de cuentos que en un artículo publicado en la revista Por Esos Mundos, en Madrid, en el año 1900, se explicaba el origen de este dicho con los siguientes argumentos: “Ambrosio fue un labriego que existió en Sevilla a principios de siglo, que decidió abandonar la dura labranza para dedicarse a la más lucrativa tarea de salteador de caminos. Acompañado de su inseparable carabina, todos los caminantes a los que asaltaba le tomaban a broma ya que su candidez era bien conocida en la comarca y todo el mundo sabía que era incapaz de hacer daño a una mosca. El bueno de Ambrosio se veía así obligado a retirarse de nuevo a su lugar maldiciendo de su carabina, a quien achacaba la culpa de imponer poco respeto a los que él asaltaba. Es pues que la dichosa carabina, que no tenía pólvora en sus cañones y siempre estaba colgada de un clavo, alude a los objetos y personas que son inútiles y no sirven para maldita sea la cosa”. Así, de algo inservible, se dice que "es más inútil que la carabina de Ambrosio”.

El pueblo de México ya está hasta la coronilla de que con motivo de cualesquier proceso electoral que vivimos la autoridad en turno se suelte convocando a los partidos y diversos actores políticos a la “firma de pactos de civilidad”, cuyo contenido no tiene ninguna fuerza legal y frecuentemente es violado por sus propios convocantes y firmantes. Arguyen sus promotores que su propósito es el apego a los cauces jurídicos durante el proceso comicial bajo un clima de seguridad, cordialidad, tolerancia y respeto entre los partidos políticos, candidatos y entes gubernamentales.

Entonces, hoy como ayer, preguntamos a la inteligencia ciudadana: ¿Para qué tales pactos sobre lo que ya está pactado en la ley? Mas hay una gravedad más lacerante que esa.
Entonces, hoy como ayer, preguntamos a la inteligencia ciudadana: ¿Para qué tales pactos sobre lo que ya está pactado en la ley? Mas hay una gravedad más lacerante que esa.
(Foto: TAVO)



Esta innecesaria convocación es una verdadera pifia e infantilismo político de quienes se supone deben ser los garantes de la legalidad y la justa aplicación de las leyes electorales. Es, tácitamente, como tratar de poner los ordenamientos jurídicos de la materia a la interpretación o buena fe de los partidos políticos, sus candidatos y sus representantes, cuando que el Estado debiera ser el primer obligado a crear para sus órganos un clima de estabilidad, confianza y certeza fuera de interpretaciones moralistas.

Decíamos que de “pactos” ya estamos hasta la coronilla. El Pacto por México violentó las leyes fundamentales del nuestro país en obsceno ánimo de imponer las reformas estructurales que, bajo la mirada inquisidora del imperio de Davos, impulsó el régimen ilegítimo de Peña Nieto. Comenzó por atentar contra la esencia misma del Poder Legislativo “cocinando” acuerdos entre sus actores (PRD entre ellos), que después se “legalizaron” en las cámaras de Diputados y de Senadores.

La civilidad no consiste en hacer profesión pública de fe para respetar o hablar bien del oponente, sino en la necesidad de que todos los actores del proceso electoral, autoridades, partidos y candidatos, se ciñan u observen a raja tabla las leyes electorales y las instituciones que la sociedad misma ha construido a través de experiencias en muchos casos hasta dolorosas; preferentemente los primeros, pues, como decíamos líneas arriba, son los garantes en los cuales la sociedad ha depositado su confianza para la estricta aplicación de la ley. Bien lo afirmó en un momento de gracia Lorenzo Córdova, presidente del INE (porque hoy para él todo es desgracia), al expresar su mensaje en la sesión con que dio inicio el proceso electoral federal de 2015, diciendo: “La democracia supone la existencia de determinadas reglas pactadas, convenidas y aceptadas por todos los actores políticos; la vocación democrática de estos significa la voluntad y disposición de jugar conforme a las reglas”. En lo doméstico, y en aquel momento electoral, nosotros afirmamos: “Acatemos las leyes y los resolutivos de las instituciones que nos hemos dado, vayamos a la contienda armados de argumentos y propuestas, compitamos con lealtad y respetemos el veredicto que los ciudadanos emitan en las urnas”.

Entonces, hoy como ayer, preguntamos a la inteligencia ciudadana: ¿Para qué tales pactos sobre lo que ya está pactado en la ley? Mas hay una gravedad más lacerante que esa.
¿Recuerdan ustedes el cuento aquel del que gritaba: “Persigan al ladrón, persigan al ladrón”, cuando en sus manos llevaba el producto de su plagio?; tal viene al caso con las convocatorias engañosas que los gobiernos federal y estatal, así como las autoridades electorales hacen cuando convocan a los partidos políticos contendientes a firmar “pactos de civilidad” que sólo son muestra de la conducta falaz de que están investidos interiormente. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

El gobierno del estado actúa, en el mejor de los casos, con una “perversión inconsciente” (Infantil. Lacan y Freud) pues en el garlito que lanza pone a los partidos literalmente contra la pared puesto que si acceden a su pueril convocatoria, tácitamente se adhieren a un convenio que disimula la ley para ponerse en el plano de los acuerdos supralegales, mediático-populares; si los partidos deciden que no van con él, como a estas alturas ya lo manifestó Morena, corren el riesgo de aparecer ante la opinión pública como opositores a las buenas costumbres y, en consecuencia, a una moral que sólo existe en el imaginario del referido ente convocante. Esa conducta, aquí y en China, se llama perversión.

El gobierno estatal, el IEM y el TEEM en este caso, no pueden abdicar de inicio a sus funciones legales. La ley les concede facultades de vigilancia en todo momento que no requieren de pactos ni de alianzas, sino de la estricta observancia y aplicación de la norma. Las buenas intenciones de un pacto político no sustituyen a la certeza jurídica de un procedimiento electoral apegado a derecho.

La ciudadanía también tenemos responsabilidades que no podemos eludir. Participar en la organización de los procesos electorales es un valor civil que debemos honrar, pero ser observadores fieles y críticos de las acciones de los actores políticos es también, más que un derecho, una obligación ciudadana. Es por ello que no podemos aceptar que los responsables principales del proceso electoral michoacano llamen a las partes a signar “pactos o acuerditos mediáticos” sin valor ninguno que pretendan sujetar a su moralidad cristiana los asuntos que deben ser regidos estrictamente por nuestras leyes.
Para quienes ya accedieron a signar ese pacto es necesario evidenciarles que quien ya lo deshonró de manera por demás grotesca es el propio titular del Ejecutivo estatal, al no guardar las formas “de civilidad” que arguye tildando de locos y tratando a garrote vil a sus adversarios políticos que lo menos que merecen de su parte es respeto.

El discurso de Silvano Aureoles y su consanguíneo incómodo es por demás desmesurado y provocador, pues sin ser autoridad judicial se adelanta a juzgar de delincuentes a sus oponentes políticos que, por cierto y en el caso de la CNTE, en su momento y tras un acuerdo sin precedentes, le llevó a la gubernatura del estado de Michoacán. Pretende adjudicar a ellos todo el motivo de los males que él mismo ha propiciado al hacer el manejo administrativo más indolente y superfluo de que se tenga memoria en los últimos 50 años. Mucho cuidado, porque el que siembra vientos cosecha tempestades (Oseas 8:7).

Bien decía el gran maestro Platón (Diálogos. El banquete) en su discurso: “Porque no se enseña lo que se ignora, como no se da lo que se no se tiene”. Y Ocampo, como diputado federal, al rechazar las claudicaciones funestas disfrazadas de pactos y de alianzas, afirmaba: “Venimos aquí a establecer los principios y no para conciliar las conveniencias”.

Los principios están plenamente establecidos en las leyes. Con dignidad y plena conciencia ética afirmamos: ¡Fuera pactos espurios contaminados de origen, cumplamos con la ley!
Postdata. Volvemos a las páginas plurales de Cambio de Michoacán recordando al gran fray Luis de León cuando fuera restituido en su cátedra luego de ser censurado, apresado y apartado de su cargo en la universidad de Salamanca por la Santa Inquisición, y expresaba: “Como decíamos ayer…”.

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