Ramón Guzmán Ramos
Movilización y represión
Sábado 20 de Enero de 2018
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Los trabajadores del sector educativo en Michoacán no han dejado de movilizarse por la deuda que el gobierno de Silvano Aureoles Conejo tiene con ellos desde el año pasado. Salarios y prestaciones que debían haberse cubierto con puntualidad y de manera completa siguen pendientes y acumulándose. Es el caso de los profesores y empleados de la UMSNH, a quienes se les debe el aguinaldo completo y otras prestaciones importantes; lo mismo los maestros y trabajadores de apoyo del nivel básico que fueron contratados con clave estatal, a quienes se les adeuda la segunda parte del aguinaldo, la devolución del ISR y varios bonos. Hay que agregar a la lista algunos subsistemas del nivel medio superior, como el Cobaem, donde no han recibido prestaciones considerables del fin de año y el incremento salarial del 2017. Otros sectores, como el de Salud y de los trabajadores del estado, han tenido que tomar también los espacios públicos para hacer el mismo reclamo.
Como ocurrió con los maestros del nivel básico cuando el gobierno federal se propuso imponerles la Reforma Educativa a la fuerza, se ha desatado una campaña feroz para condenarlos y desacreditar su lucha. Como entonces, ahora también se les acusa de ser responsables de la quiebra financiera por la que pasan sus propias instituciones y las mismas arcas del gobierno. Los profesores de las Universidad, se dice, ganan demasiado, gozan de privilegios que no tienen otros trabajadores y se jubilan bajo un régimen que no da más. A los maestros de los niveles básico y medio superior se les reprocha que tengan bonos y prestaciones que no están considerados en la ley y que, por supuesto, lesionan la economía del gobierno. Toca entonces el turno al gobierno para hacer por su cuenta y de manera unilateral la revisión de los contratos colectivos y de las condiciones generales de trabajo de los sindicatos con los que mantiene la pugna.

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(Foto: TAVO)

En el fondo de eso se trata. Que los trabajadores del sector educativo renuncien a su derecho de contar con un Contrato Colectivo de Trabajo que les garantice condiciones dignas de trabajo y un salario remunerador. El Contrato Colectivo es la columna vertebral de los sindicatos, de hecho, su razón de ser. Si un sindicato permite que le afecten o le desaparezcan su Contrato Colectivo estaría aceptando su propia muerte. Los contratos colectivos son un instrumento que les permite a los trabajadores mantener sus derechos y lograr nuevas conquistas. En los últimos años la arremetida de la patronal y el gobierno contra los trabajadores ha sido tan dura que los sindicatos se han visto obligados a adoptar una estrategia exclusivamente defensiva. Los que se atreven a luchar lo hacen para evitar que les desaparezcan los beneficios que han logrado a lo largo de muchos años. Uno de los ejes centrales de la Reforma Educativa que se ha impuesto en el nivel básico y medio superior, con excepción de los estados donde la CNTE mantiene la resistencia, es la anulación de lo que sería el Contrato Colectivo de Trabajo y la estabilidad en el empleo. Como consecuencia, el sindicato prácticamente queda convertido en un enorme elefante blanco, en una ventanilla para hacer gestiones menores. Es lo que ahora se proponen para las universidades públicas. Llevar la Reforma Educativa peñista al nivel superior. De ahí el plan para reformar la Ley Orgánica de la UMSNH y cambiar el régimen de jubilaciones y pensiones en perjuicio de los trabajadores.

Más en el fondo se encuentra la intención de los gobiernos federal y estatal de renunciar a su responsabilidad para con la educación pública, ahora en todos sus niveles. Otro de los ejes de la Reforma Educativa, por cierto, es la llamada autonomía de gestión de las escuelas, lo que significa que cada escuela tendría que hacerse responsable de su propia manutención. Es su responsabilidad hacer las gestiones que se necesiten ante quien sea para conseguir los recursos que le permitan cubrir sus necesidades de infraestructura y funcionamiento. Y le abre las puertas al sector empresarial para que pueda intervenir. Es lo que los maestros han denunciado como el inicio de un proceso que se propone la privatización de la educación. No han faltado las voces ahora que le proponen a la UMSNH que haga lo que tenga que hacer para lograr su propio financiamiento. Estamos ante un ataque generalizado a la educación pública de parte del Estado. Como ha hecho con el sector energético, el Estado no invertiría más en educación, o lo estaría haciendo cada vez menos, y obligaría a las escuelas y universidades públicas a aceptar la injerencia directa del sector empresarial.

Ante los reclamos de los trabajadores, que son justos y legítimos, el gobierno del estado ha respondido con la mano dura, con la intervención directa de la Policía para dispersar y sofocar con violencia las manifestaciones. Fue lo que ocurrió en la caseta de Zinapécuaro el 15 de enero pasado, donde se encontraban profesores y empleados de Bachilleres dando paso libre a los vehículos como parte de un acuerdo estatal de su sindicato para reclamar sus pagos. La Policía dejó de lado el protocolo de advertencia y arremetió sin consideraciones en su contra, detuvo a una veintena de manifestantes y los utilizó como rehenes para obligar al sindicato a que ordenara la liberación de todas las casetas en la entidad y se replegara a sus planteles. Dos días después, el 17 de enero, ocurrió una confrontación violenta de la Policía contra los maestros de la CNTE en Lázaro Cárdenas. En esta ocasión los maestros acudieron a protestar a un acto al que acudía el gobernador. La Policía impidió todo acercamiento y se desató la represión con un saldo de varios mentores detenidos y lesionados. La persecución en su contra se extendió hasta los negocios y lugares donde los maestros se refugiaban. El gobierno olvida una lección sustancial que nos da la historia: nunca la represión de un gobierno tirano en contra del pueblo hace que el pueblo se paralice y se calle cuando de defender sus derechos se trata. El uso de la represión es una muestra de la debilidad y la desesperación del gobierno cuando sabe que ha perdido los controles sobre la sociedad en movimiento.

La arremetida del gobierno ha hecho que los trabajadores del sector educativo en la entidad se unan para presentar un solo frente de lucha. Después de la represión que sufrió Bachilleres el 15 de enero, sin embargo, el Frente Estatal de Sindicatos de Educación Media Superior y Superior (FESEMSS) decidió replegarse y regresar a clases. El frente se mantiene activo solamente con los sindicatos de la UMSNH, que siguen en paro de brazos caídos, y la CNTE, que ha decidido irse a un paro indefinido de labores. El diseño de una buena estrategia de lucha pasa necesariamente por hacer un diagnóstico objetivo, sin concesiones, sobre la situación prevaleciente, sobre las condiciones en que habrá de llevarse a cabo la lucha y las posibilidades en favor y en contra. Es obvio que la táctica del paro prolongado en el sector educativo no afecta ni presiona al gobierno, que no es el destinatario ni el beneficiario directo del servicio educativo. A quienes afecta es a los estudiantes y, por extensión, a la sociedad. Los gobiernos se han propuesto desprestigiar y debilitar por todos los medios a la educación pública. Las suspensiones de labores tan prolongadas podrían revertirse en contra de los propios inconformes y obrar a favor de los planes oficiales. A estos movimientos les ha hecho falta creatividad para diseñar nuevas formas de lucha que partan de los centros de estudio en funciones.

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