Rafael Calderón
Contraelegía: José Emilio Pacheco
Lunes 15 de Enero de 2018
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Hace años estuvo en Morelia Francisca Noguerol y aquí fue donde dijo que no era poeta y que hasta cierto punto no comprendía que se le hubiera invitado a participar en una mesa de homenaje a José Emilio Pacheco, pero lo que sí reconocía es que era lectora del poeta y que conocía muy bien su obra. Al poeta se le rendía homenaje en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino de 2006. La presencia de Noguerol fue decisiva porque habló con lucidez de la poesía de Pacheco. Por ejemplo, afirmó que para entonces ya era un clásico vivo de la poesía en lengua española. Sin duda, aquellas palabras sirvieron para leerlo con mayor atención y prestar atención y reconocer que era una lectura precisa y muy afortunada. Por lo mismo ponía el nombre del poeta en lo alto de la lírica, y más allá de las fronteras territoriales para clarificar un panorama más que interesante en el terreno de la poesía mexicana; lo hacía nada menos que con el nombre de un poeta que ya era dueño de una obra consolidada más allá de los de su propia generación.

José Emilio Pacheco, escritor mexicano famoso principalmente por su poesía
José Emilio Pacheco, escritor mexicano famoso principalmente por su poesía
(Foto: Especial)

Tiempo después, el 7 de mayo de 2009, un jurado conformado por personalidades de diversos ámbitos culturales decidieron concederle el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana a José Emilio Pacheco, y Noguerol dice que él “constituye por sí mismo una literatura” y éste era el premio más justo para un hombre de letras. Noguerol fue asimismo la encargada de la antología señera: todo corrió bajo su responsabilidad, incluida introducción, edición y selección. Ésta lleva un título que se vuelve clave para su lectura: Contraelegía. Aquella selección incluye poemas de los catorce libros que había publicado Pacheco y en apartado final agrega el sufijo: “Poemas inéditos”.

Por lo mismo, Noguerol tiene en su lectura una contemplación más que lucida de su poética y registra con fuerza los temas y obsesiones, destaca su manía por reescribir poemas y termina por presentar de cuerpo entero esa unidad que goza en su esplendor el resultado de una lectura rigurosa. Alcanza un vaivén donde lo importante es el poema y la lectura de éste y esa génesis de imágenes van surgiendo para nombrar una biografía de altísima resonancia para nombrar la poesía en lengua castellana. Si faltaba saber aspectos de su infancia, aquella antología registra información y nuevamente recupera recuerdos de la vida que encierra la biografía del poeta, con un giro que es luz propia: allí, en esas páginas, habla del origen de su padre y su formación militar y, de la madre, recuerda que es originaria del sur del país.

En fin, está antología es tan canónica como fundamental y sus detalles son a la vez parte del poeta que en México es visto y entrevisto, reconocido, dicho y valorado por una recuperación de la memoria, el desastre de la naturaleza y la fugacidad del tiempo. O el poema que otorga el título, “Contraelegía”, es por lo mismo breve pero de una voluntad fabulosa y a la vez esencial para reconocer la unidad y la fuerza verbal y sentir o penetrar esa construcción que en sí parte de una obra construida a base de una permanente búsqueda con la escritura.

Ya se ha dicho que de la poesía de Pacheco se han organizado antologías fundamentales: todas sirven para leer y reconocer con profusión y deleite su lugar en la poesía de estos tiempos, pero poco se ha resaltado es que ésta es la primera que una mujer y lectora exigente acometió. Por eso Noguerol pone el punto sobre las íes para dedicar un estudio todo lo que desdobla o descubre aspectos del poema y los pone a la vista del lector y que seguramente habían pasado inadvertidos: “Leerse en Pacheco”, así llama su introducción, es que mantiene presente vida y literatura, temas y técnicas, tiempos (una concepción heracliteana del tiempo), el instante perfecto, la importancia de la memoria, la visión del pasado, y sigue por otros espacios: nombra o recuerda la ciudad de México y de forma inmediata el terreno del “otro”, pero no pierde de vista el álbum de zoología: “en la obra de Pacheco los animales se encuentran en relación de igualdad con el hombre”; viajes y extranjerías, espacios de la escritura y las técnicas: el recurso a la alegoría, las máscaras, intertextualidad, traducciones y aproximaciones, invención poética, etcétera, para cerrar con un apéndice, “Elogio de la luz”. “Con este volumen homenajeamos, en fin, a un poeta en la cima de su creación marcada por el rigor y energía”.

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