Rafael Calderón
Elegía del Destino
En honor del novelista Jaime Martínez Ochoa
Lunes 8 de Enero de 2018
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Escribir novela desde Morelia tiene recompensas afortunadas o gratas y es mayor cuando se publica una novela sin que tenga por mediación editorial premio alguno. Por esto El hijo griego (Terracota, 2017), de Jaime Martínez Ochoa, enriquece la tradición novelística. Hay que decir de entrada que es una obra pulida con el rigor de una prosa que se antoja brillante y que su autor valora con otros ojos este género literario y para la tradición literaria de Michoacán es todavía débil, pero con esta novela publicada tiene en sus anales un sustento aunque no siempre visible, ahora su autor determina con rigor una originalidad muy diferente a las demás de su propia generación.

El hijo griego (Terracota, 2017), de Jaime Martínez Ochoa, enriquece la tradición novelística.
El hijo griego (Terracota, 2017), de Jaime Martínez Ochoa, enriquece la tradición novelística.
(Foto: Especial)

Pero ¿cómo?, ¿el hijo griego es el título de su novela? Hay que decirlo: no sé qué es esto pero leí la página 19 y encontré que habla de una empresaria, Diana Álvarez, y a partir de esto desarrolla la biografía entrelazada con la vida del hijo griego y en otros escenarios que se extienden hacia la seducción de la empresaria y su amante o resaltar detalles de sus prendas íntimas y que el investigador recrea con escenarios del romance, donde las visitas del secuestrador suceden en su casa o son encuentros cuando ella va al escondite de éste y dejar visibles la huellas fugaces y, por supuesto, suceden otros asesinatos, asimismo se hace notar en el curso de las investigaciones un discurso donde sale a relucir con la figura clásica y griega del protagonista. Surge entonces la interrogante: ¿Quién es el hijo griego? Su autor publica una novela y directriz narrativa encierra sorprendentes hallazgos.

La primera señal es inequívoca: “La empresaria Diana Álvarez aparece muerta en su casa. Cinco años antes había sido secuestrada y, tres años después, su marido asesinado en circunstancias sospechosas. Todo hace suponer que los hechos están relacionados”. Es la primera entrega de Jaime Martínez Ochoa sobre la saga del detective José Olmos, ex filósofo y ex visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, y quien se dedica a resolver casos criminales para ganarse la redención en la tierra. Esta novela es detectivesca, policiaca, ambientada en Morelia. El detective melancólico, José Olmos, debe resolver el caso. Se advierte al lector: “El final tendrá los visos de una tragedia griega”.

Con ese magisterio inicia: “Hay familias abocadas a la tragedia”, “fue lo que pensaste al ver el cuerpo de Diana Álvarez tirado en el centro de la habitación”. El siguiente paso es la biografía del hijo griego o buscar en su personalidad la suerte del intelectual y filósofo y reconocer que en efecto domina varios idiomas como el griego antiguo y moderno. Y su formación académica tiene que ver con becas pero no necesariamente vive de éstas. Ese tejido de sucesos serán los detalles que terminan sucediéndole con sus padres, van presentándose a su alrededor como parte de la vida de un hijo misterioso, una variedad de actos y detalles que genera indicios inesperados, para revelar la suerte que lo que está hecho, y decir que es el protagonista escurridizo, pero que está presente en los momentos que lo incriminan y por esto actúa sigilo, evita que lo descubran, y por su discurso encubiertos, más de las veces, su delito queda en la sombra, sin resolver del todo este misterio.

Es el erotismo el que observa el detective en el cuerpo de la empresaria: la sensualidad física sobresale, enlaza el ideal de la belleza del cuerpo. Todo sucede alrededor del cuerpo desnudo y es la metáfora que permite reconocer detalles. Pero recrea su físico y la voz del narrador aclara debilidades: percibe un enamoramiento pasional para quien ha poseído su cuerpo y sus encantos, sale a relucir el secuestrador, quien sobrevive en ese río revuelto y recuerda que había sido policía, pero sucedió el cambio de vida para dedicarse a secuestrar. Este es el detonante de una vida enlazada con la tragedia.

El asunto de la novela está presente en el cómo, dónde y porqué de los hechos. Esto sucede a partir de un personaje idealista, que se vuelve víctima por partida doble de las circunstancias, por lealtad a su idolatrada académica y porque tiene presente una frialdad humana y es lo que lo lleva al asesinato pero que queda registrado en la versión jurídica de que fueron otros los autores intelectuales y no precisamente él el que lo cometió contra su propia madre como venganza en favor de su padre asesinado y por la infidelidad y sus amoríos de ella a su propio padre.

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