Estrellita M. Fuentes Nava
Una brújula para 2018
Viernes 5 de Enero de 2018
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Con la llegada de cada año nuevo considero que a la gran mayoría de nosotros se nos antoja la oportunidad de volver a empezar, ya sea retomando las metas personales que no se han logrado alcanzar o trazando nuevos sueños. El espíritu se refresca y mediante el abrazo y los mensajes cargados de buenos deseos para quienes amamos, limamos asperezas como para iniciar una nueva jornada con la mochila descargada de pendientes.

Sí, 2018 será retador: elecciones en puerta que definirán la nueva faz de nuestra nación, el alza en los precios como la gasolina, la tortilla, el pasaje, la canasta básica y los insumos; incremento en los índices de inseguridad y hasta en los climas que cada año se vuelven más extremos; todo ello cuando se vienen como noticias en cascada nos desanima y perdemos el rumbo. Sin embargo, no podemos permitir que nuestro entorno nos condicione y nos adormezca: somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos la llave para construir nuestro futuro, y no ellos, los anquilosados en los circuitos del poder, los que nos mienten, atropellan, roban o nos desaparecen.

Como escribía Lewis Carroll, cualquier camino es bueno si uno no sabe a dónde va
Como escribía Lewis Carroll, cualquier camino es bueno si uno no sabe a dónde va
(Foto: Cuartoscuro)



Como escribía Lewis Carroll, cualquier camino es bueno si uno no sabe a dónde va, por lo que mientras como sociedad no tengamos claro hacia dónde queremos ir, qué rumbo tomar, y no nos unamos para construir un plan y actuar en consecuencia, siempre habrá otros que decidan por nosotros, incluso de manera imperceptible. Pero también elegir un camino y andarlo implica acción y responsabilidad, trabajo, lucha y sacrificio, por lo que mientras no pongamos nuestro aporte de esfuerzo por el bien colectivo, uno solo jamás podrá avanzar.

Podrán prometernos un cambio, desaparecer la inseguridad en tres años, acabar con la corrupción y la pobreza, regalarnos despensas o tarjetas con dinero, bajarnos la luna y las estrellas; sin embargo, sabemos desde ahora que muy pocos, si no es que ninguno, lo logrará, e incluso se olvidará de lo prometido y jamás regresará a nuestro barrio o comunidad. ¿Por qué? Porque ellos sí tienen claro el plan que es personal; a nosotros nos venden sólo una fachada y un discurso.

Quizás un buen propósito sería construir entre todos un plan, una misma visión, ajustar la brújula y dejar de lado los sesgos y las diferencias: en la discusión de los cómos esta condición se convertirá en una oportunidad porque se necesita de las ideas de todos. Más que la necedad de tener la razón, habría que pensar en lo que sí se puede y en la suma de manos que ayuden a construir.

En este 2018 no nos definamos como de izquierda o de derecha, en favor del PRI, PAN, PRD o Morena, de provincia o de la capital, mujer u hombre, niño o anciano, rico o pobre; pensémonos a nosotros mismos como mexicanos, con la idea muy clara de lo que sí queremos y de lo que no queremos para nuestro país, y actuemos en consecuencia. Si queremos que no haya corrupción, no seamos ni en lo más mínimo corruptos; si no queremos que nos roben, no abusemos de ninguna manera del más débil; si queremos agua y un cielo limpios, dejemos de tirar basura en las calles, reciclemos y dejemos de lado la comodidad del coche. En el plan y en la agenda estamos incluidos todos, no nada más quienes nos gobiernan. Un buen propósito entonces sería convertirnos en verdaderos ciudadanos, no nada más de nombre o cada que nos convenga…

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