Arturo Alejandro Bribiesca Gil
El desgaste del poder
Viernes 29 de Diciembre de 2017
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Por todos es sabido el desgaste político que genera el ejercicio del poder. Conforme avanza el siglo XXI, la democracia, la transparencia y las redes sociales han hecho cada día más difícil la función de gobernar y mucho más fácil la función de la oposición.

En distintas latitudes del mundo el discurso antisistémico y las olas populistas ha crecido más por los defectos de los otros que por sus virtudes propias. Esto ha generado que los gobernantes en turno echen mano de ideas novedosas para mantener el statu quo.

Conforme avanza el siglo XXI, la democracia, la transparencia y las redes sociales han hecho cada día más difícil la función de gobernar y mucho más fácil la función de la oposición
Conforme avanza el siglo XXI, la democracia, la transparencia y las redes sociales han hecho cada día más difícil la función de gobernar y mucho más fácil la función de la oposición
(Foto: Gustavo Aguado)

Se ha abordado el problema y planteado la solución al desgaste con distinto enfoque, a continuación hablaremos de tres lecciones distintas: la francesa (ya aplicada), la rusa y, off course, la mexicana. Estas últimas en proceso aún.

El caso francés fue de éxito para la élite en el poder ante el desgaste sufrido por el partido en el gobierno (los socialistas), una cara nueva, Macron, pero perteneciente al establishment, ex socialista y ex miembro del gabinete del gobierno en turno, fundó un partido nuevo y aprovechándose del descontento popular en contra de los partidos tradicionales triunfó en las elecciones presidenciales de este 2017 con un discurso desideologizado, explicado como: ni izquierda ni derecha, sino izquierda y derecha.

Es importante destacar que en este caso, el grupo de poder en retirada, aparente, vio con buenos ojos, o como mal menor, a los nuevos gobernantes, porque en realidad son una escisión de ellos mismos, simplemente adaptada a las nuevas circunstancias y necesidades.

El caso Ruso es de trato cuidadoso, porque si bien es cierto ese país es una democracia en términos –muy- generales, es difícil comprender que por casi 20 años ha mandado el mismo hombre, Vladimir Putin, y que además, todo indica que así será por otros seis años. Pero bueno, el punto que pretendemos establecer en este texto es respecto a que para las elecciones de 2018, el poderoso partido en el poder, Rusia Unida, ha sido alcanzado también por el descredito popular, y por tanto, su hombre fuerte, Putin, contenderá nuevamente por la Presidencia pero por la vía independiente (sí, allá también este en boga), ello para evitar contagiarse del desprestigio de su partido.

Los resultados de esta aproximación son de fácil pronóstico, el control que ejerce Putin en su país permite vislumbrar su reelección sin mayores sobresaltos; lo destacable de este caso es que a pesar de dicho férreo control político Putin haya decidido curarse en salud en contra del desgaste mediante un divorcio fingido del partido gobernante, del cual además es su factótum.

Llegamos a nuestra tierra, donde el partido en el poder, el PRI, ante el descrédito popular que presenta, optó por un candidato ciudadano, sin militancia partidista, José Antonio Meade, quien es un hombre de la periferia del poder de las últimas décadas, a quien se le puede considerar una cara nueva en las lides políticas, ya que su trayectoria ha sido eminentemente técnica. La pretensión del PRI con esta decisión es de llegar a sectores sociales que tradicionalmente no votan por partidos sino por las personas.

Esta estrategia mexicana tiene similitudes con el caso francés por el perfil del candidato, pero sin el engaño al electorado de mudar los intereses o los afanes de continuidad a un nuevo partido, como hicieron lo socialistas franceses o como pretende Putin en Rusia.

En fin, pronto sabremos el desenlace de las tragicomedias rusa y mexicana, mientras tanto les deseo un excelente fin de año y un gran 2018.

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