Alma Gloria Chávez
Nombrar es crear
Sábado 16 de Diciembre de 2017

La palabra constituye la esencia del mundo y la esencia del hombre. Nombrar es llamar a la existencia, sacar de la nada: es crear.

Georges Gusdorf, filósofo.

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En un escrito de José Cueli aparecido hace unos dos años en reconocido medio de circulación nacional, leí lo que comentaba acerca de las diversas formas de matar que practica el ser humano de manera casi cotidiana y que en este siglo XXI parecieran estar lejanas a su erradicación. Hoy, como hace décadas y hace siglos, la humanidad continúa observando la misma barbarie y la misma proclividad a matar y dejar morir, como seguramente lo experimentaron aquellos primeros homínidos hace aproximadamente quince millones de años.
José Cueli, además de analizar la situación mundial y nacional haciendo un somero recuento del tiempo transcurrido de la evolución del hombre, desde el gorila hasta el ser civilizado, que ha representado un prolongado y lento proceso, nos obliga a aceptar que la humanidad del presente continúa más cerca del gorila que del hombre, que todavía no llegamos a escalar a nivel de un ser humano integral. Y hace mención a Hermann Hesse luego de su experiencia vivida en la guerra: “Matamos tanto… no solamente en nuestras estúpidas batallas, en los necios motines callejeros y en las estúpidas ejecuciones; matamos a cada paso. Lo hacemos cuando las circunstancias nos obligan a forzar a jóvenes de talento a desempeñar ocupaciones para las cuales no están preparados. Matamos cuando cerramos los ojos a la pobreza, a la desgracia o a la infamia. Lo hacemos también porque resulta más fácil, cuando patrocinamos o pretendemos aprobar instituciones sociales, políticas y religiosas atrofiadas, en lugar de combatirlas con resolución”.
Aquí agregaría que matamos también si nos abstenemos de pronunciarnos en contra de una conflagración absurda tras la que se ocultan intereses mezquinos, matamos con nuestro silencio, por estupidez, cobardía, pusilanimidad, por soberbia, por egoísmo y por ansia de poder. Así, no podemos decirnos mejores que nuestros antecesores en la cadena de la evolución biológica.

José Cueli
José Cueli
(Foto: Especial)

Hay quienes describen a las palabras como “armas de la razón”, pero también (y me parece una definición más amable) como la esencia del mundo y la esencia del hombre. Las palabras representan el compromiso de cada persona con su entorno, con su mundo. Esto significa que “al tomar la palabra”, el ser humano afirma su existencia y crea una nueva realidad: la de la comunicación con todo aquello que le rodea.
No cabe duda de la enorme aportación que han hecho para la humanidad que analiza, reflexiona y propone nuevos derroteros en el sendero de su existencia, todos esos filósofos, humanistas, escritores, poetas, líderes espirituales y transgresores de todas las épocas y latitudes que han logrado “tocar la mente, la razón y el corazón” de individuos únicos, íntegros, incorruptibles, que están entregando toda su existencia (o que ya la han ofrendado) al servicio de una mejor vida para todos.
Hoy, casi para finalizar este año, haciendo un somero balance de lo que sucede en el país, no podemos ignorar que estamos viviendo situaciones tan graves como las que llevaron a países como Colombia a ser considerados “de alta peligrosidad”. La violencia política hace pedagogía contra la convivencia: promueve en la práctica la idea de que es legítimo confrontarse por los puntos de vista o los intereses propios o ajenos, a través del homicidio y otras formas de agresión. La violencia de la delincuencia organizada es la que en los últimos años hace un nefasto aporte: suministros, modelos especialmente crueles y descompuestos de agresión (las masacres, las mutilaciones, etcétera).
Pero seguramente lo más grave que nos puede ocurrir es que toda esta información nos “tenga sin cuidado”, “mientras el mal no toque a nuestra puerta”.
Afortunadamente también se encuentran entre nosotros muchas personas a las que sí les importa hacer algo diferente para enfrentar el cada día en una sociedad y un mundo que nos presenta tantos retos a la inteligencia, a la sensibilidad y a la humanidad de la que somos parte: quienes creemos en la inteligencia y bondad del ser humano, pensamos que los mexicanos no somos por naturaleza más violentos o más crueles que nuestros vecinos. Quizá se nos califique como más agresivos por razones históricas y, en ese sentido, circunstanciales… pero ello no justifica que adoptemos como pedagogía las prácticas violentas que suceden a nuestro alrededor. Tenemos la certeza de que la muralla más importante, más efectiva para impedir que la violencia se expanda, es una muralla mental: sólo cuando la gente no piensa en la violencia, cuando ella es impensable, la gente se comporta pacíficamente. Es absolutamente posible resolver sin descalificar, sin matar, sin herir, sin lesionar físicamente a nadie, todas las tensiones y conflictos que se presentan en todas partes y en toda la sociedad.
En México, como en tantos países del mundo, definitivamente la sociedad civil y los organismos no gubernamentales de derechos humanos, han estado jugando un papel dinamizador fundamental en las últimas décadas, pues su propia existencia es ya un efecto psicológico que demuestra que es viable construir alternativas de contrapeso a la violencia.
Ante el abandono del Estado de sus antiguas funciones tutelares y benefactoras, acordadas en los pactos sociales y que tenían por objetivo el desarrollo económico y la estabilidad social, ha sido y es deber de la sociedad civil organizarse y salir a las calles para manifestar e intentar, por los medios a su alcance, impedir el agresivo deterioro de las condiciones de vida, salud y trabajo a que se nos pretende someter.
Los tiempos que corren, los tiempos que se avecinan, serán, sin duda alguna, los tiempos que mejor nos darán razón a todas esas personas que estamos convencidas del poder de la palabra: las palabras llanas, las que expresan el anhelo de vivir en paz y en libertad; las palabras que contribuyan al desarme del pensamiento, del corazón y de las manos. Es justo ahora que resulta pertinente entender que nombrar… es crear.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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