Alma Gloria Chávez
Día del Libro y la Rosa
Sábado 23 de Abril de 2016

Como Tomás de Kempis, José Emilio Pacheco sugería: “Quien en este mundo busque la paz, tendrá que aislarse y elegir un libro”.

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En el año 1923, un 23 de abril, nació en Cataluña, España, el Día del Libro y de la Rosa como parte de los festejos en honor de Sant Jordi (San Jorge), patrono de la localidad. Jordi Pujol, entonces al frente del gobierno catalán, propuso internacionalizar esa costumbre y declararlo Día Mundial del Libro –que además coincidía con el fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra y el de William Shakespeare, ambos en el año 1616–, y en colaboración con la Unión Internacional de Editores de Barcelona presentaron la iniciativa durante la Conferencia General de la UNESCO, quien anunció que por unanimidad se decidía que cada 23 de abril se celebrara el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

Considerado como el instrumento más poderoso de divulgación, la historia del libro se remonta a las inscripciones en piedra y a las tabletas de barro cocido que se ubican miles de años antes de Cristo; sin embargo, no es sino hasta 800 o 900 años antes de nuestra era que se conocen objetos inscritos más o menos fáciles de transportar y que eran fabricados con fibras vegetales como el papiro.

Tanto en tablillas de arcilla o de madera como en papiros, cuyas hojas se enrollaban alrededor de un bastoncillo, o también en pergaminos de hojas “cosidas” o en papel, el libro ha sido y es el principal proveedor de memoria y a través de su lectura la sociedad se ha reconocido a sí misma.

Actualmente se considera que la producción de libros depende del grado de desarrollo de un país, y lo que es tal vez más importante, de la política cultural vigente en él, por lo que entendemos que nuestro país aún está muy lejos de alcanzar una mejora al respecto ya que se encuentra en los últimos lugares, a nivel mundial, en hábitos de lectura y también en los penúltimos en cuanto a producción de libros. Aunque los libros son los únicos garantes de nuestra verdadera soberanía cultural, las librerías en el país desaparecen y los aparatos audiovisuales, computadoras y teléfonos celulares, se multiplican.

Hay quienes alzan su voz para alertar que en México no son suficientes los programas que promueven la formación de lectores de calidad, ya que hasta las bibliotecas han atendido más al lector obligado que al voluntario. Y hay quienes van más lejos señalando que con frecuencia son los maestros quienes llegan a ser los peores enemigos de la lectura y de los libros al obligar a sus alumnos a memorizar textos.

Felipe Garrido, escritor y promotor infatigable del libro y la lectura, ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015, asevera: “Todo padre de familia, todo docente que de veras esté preocupado por sus hijos y alumnos, debe ocuparse no sólo de ensanchar la frontera indómita de esos niños y niñas, sino de ampliar la suya propia. Por encima de todas las dificultades, para poder ayudar a los niños, los padres, al igual que los maestros, necesitan hacerse lectores. Una oportunidad doblemente afortunada es hacerse lector por el camino de elegir las lecturas que se harán con los hijos/as o con los alumnos/as. Leer juntos es una manera de crear y de estrechar lazos de amistad y de amor”.

El mismo Garrido ofrece los siguientes datos: “En 2010, la población mexicana alfabetizada era de 34 millones de personas… de esos 34 millones, sólo cuatro millones eran lectores y 30 millones eran los que se denominan alfabetos no lectores. Esa cifra es escandalosa. Es reflejo de un desperdicio de recursos brutal por gobiernos, familias, alumnos… Lo que las escuelas forman son alfabetos, no lectores, y un mínimo de lectores, en una proporción de cuatro a 30. Sería mucho mejor que las escuelas estuvieran produciendo lectores capaces de escribir”.

La inolvidable escritora María Luisa Puga, quien en tierras michoacanas fue una activa promotora de la literatura oral y escrita, invitaba, durante la I Feria del Libro Infantil y Juvenil realizada en Pátzcuaro hace más de una década: “Si tú no lees, ya sea porque no se te ha ocurrido o porque no hay libros interesantes cerca de ti, o tal vez porque creas que vas a aburrirte, es buen momento de acercarte a los libros y que tú mismo compruebes lo que ofrecen. Los libros están aquí. Existen para que alguien como tú se interese en ellos. Están esperando a que veas sus ilustraciones, a que te vuelvas el mejor amigo del personaje; que lo acompañes en sus aventuras, en decisiones difíciles, e incluso en momentos de todos los días. Ese personaje puedes ser tú, o mejor dicho, hay alguien que puede estar escribiendo sobre ti…”.

Influida tal vez por algún escritor, he llegado al convencimiento de que sin la lectura de buenos libros seríamos peores de lo que somos: más conformistas, menos inquietos e insumisos… menos críticos y reflexivos. Porque igual que escribir, leer es abrir las puertas a mejores propuestas de vida y existencia. En esta etapa de mi vida me resulta difícil imaginar una casa sin un espacio específico para los libros; en la de mis padres siempre hubo una modesta biblioteca en la que descubrí la apasionante relación que todas/os podemos cultivar con la palabra escrita en los buenos libros. Larga vida para ellos y toda la magia que encierran.

Fiesta del Libro y de la Rosa
Fiesta del Libro y de la Rosa
(Foto: Héctor Sánchez)

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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