Alma Gloria Chávez
Sida, cuando el diagnóstico es tardío
Sábado 2 de Diciembre de 2017
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Hay que crear grupos y espacios de ayuda para mujeres con el VIH, sobre todo en sociedades masculinizadas.

Milagros García, del Grupo de Ayuda Mutua, España.


Según los organismos internacionales, la mujer es el sujeto que en la actualidad tiene más riesgo de infectarse por el virus del Sida y aumenta el porcentaje de mujeres que se contagian por vía heterosexual. Las mujeres somos, en efecto, biológicamente más vulnerables a la infección del VIH y de otras enfermedades de transmisión sexual. Clínicamente lo explican así: la fragilidad de la mucosa vaginal (las mujeres jóvenes tienen una mucosa vaginal más inmadura), la larga exposición del semen en la vagina, la falta de conciencia de percepción de riesgo y el hecho de contar con los sentimientos de fidelidad, amor y monogamia como protectores frente al riesgo, sin tener en cuenta el comportamiento sexual de la pareja, dejan a la mujer a merced de la vulnerabilidad al contagio.

A pesar de que esta pandemia se hizo presente desde hace décadas en territorio nacional, nos encontramos con que la red sanitaria actual, que resultaría importante lugar de referencia para muchas mujeres, no ha logrado hacer frente a las tareas educativas necesarias . En el mejor de los casos informa pero no educa, y es importantísima una buena educación para la salud que permita evitar la infección por Virus de Inmunodeficiencia Humana. Y la educación que se ofrece en las escuelas resulta insuficiente para que las chicas puedan escoger y tener la capacidad de llegar a acuerdos en las relaciones sexuales. “En la lucha contra el SIDA hay que combatir los moralismos, pero también la falta de moral”, afirma el epidemiólogo Juan Carlos Bautista.

Para aquellas mujeres que se ganan la vida trabajando en la industria del sexo, el Sida plantea consecuencias conocidas. El público –los medios de comunicación, la Policía, los tribunales de justicia– tiende a culpar a las prostitutas y no a sus clientes de la compra y venta del sexo. Igualmente las prostitutas han sido acusadas de propagar el Sida, cuando, de hecho, una prostituta es 18 veces más susceptible de contraer la enfermedad del cliente masculino que de contagiarlo. Aun cuando su experiencia les ha enseñado a protegerse de las enfermedades transmitidas sexualmente con el uso de los preservativos, las prostitutas cargan con la culpa de aquellos clientes que se niegan a usar protección.

 El diagnóstico tardío y la muerte prematura por Sida ocurren mayormente entre mujeres.
El diagnóstico tardío y la muerte prematura por Sida ocurren mayormente entre mujeres.
(Foto: Cuartoscuro)



El diagnóstico tardío y la muerte prematura por Sida ocurren mayormente entre mujeres. Ellas tienen el riesgo doble de morir a un ritmo más acelerado que los hombres una vez que se les ha diagnosticado el síndrome. Y también mueren por complicaciones relacionadas con el VIH aún antes de tener un diagnóstico oficial. Obviamente esto sucede por las desigualdades sexuales, raciales y de clase que persisten en el mundo entero. El sexismo inherente al sistema de servicios de salud a menudo coloca a las mujeres en un punto invisible respecto al Sida. Con bastante frecuencia el sistema de salud ve a las mujeres con el virus del Sida como las responsables de la infección de hombres y niños, en lugar de considerarlas como personas que necesitan los servicios de salud. La atención del sistema de salud está más enfocada en las prostitutas que pueden infectar a sus clientes y en las madres que pueden infectar a sus bebés que en la prevención y el tratamiento para todas las mujeres.

Como es normal (aunque no debería serlo), con frecuencia las responsabilidades familiares priman sobre los cuidados de salud, de manera que muchas mujeres posponen la atención médica hasta después de haber experimentado durante mucho tiempo los síntomas de la infección por VIH. Muchas mujeres, al recibir salarios más bajos que los hombres y muy frecuentemente como madres solteras, tienen la responsabilidad de mantener a otros miembros de la familia, les resulta casi imposible acceder a los tratamientos (que el mismo Sector Salud no posee).

El racismo también incide en la calidad de las opciones de los servicios de salud disponibles para las mujeres de grupos minoritarios en general, pero sobre todo de aquellas que tienen el virus, y junto con la discriminación por clase social, contribuye a las condiciones que fomentan el abuso de drogas pero impiden el acceso a los programas de tratamiento contra la adicción en los colectivos marginados.

Además, algunas de estas mujeres con el virus que logran ser atendidas, pueden encontrarse con que sus síntomas no sean tomados en cuenta, como si no tuvieran relación alguna con el VIH. La tendencia del sector médico a descartar las quejas de mujeres en general, y en especial de las pertenecientes a colectivos marginales, se complica todavía más con la creencia, todavía muy difundida, de que el Sida es una enfermedad de los hombres. A aquellas mujeres que presentan síntomas de VIH, tales como pérdida de peso, dolores de cabeza o fatiga extrema, no es raro que se les diga que sus quejas están relacionadas con la tensión emocional y no con el Sida. Debido a la falta de investigaciones y a una definición apropiada de la relación de los síntomas ginecológicos con el VIH o Sida, también ha sido muy difícil que se acepte dicha relación.

Durante muchos años las enfermedades o los factores indicadores del Sida no incluían lo que en ocasiones podía ser una muestra de los primeros síntomas de la mujer por tratarse éstos de quejas ginecológicas, como los casos recurrentes de candidiasis vaginal (género de hongos). También se omitieron aquellas enfermedades conocidas como infecciones oportunistas femeninas –enfermedad pélvica inflamatoria, hongo vaginal, herpes genital–, que son aquellas infecciones que atacan al sistema inmunológico cuando está debilitado.

Se puede afirmar con bastante certeza que una de las razones principales por la cual la situación del Sida se convirtió en crisis fue que a principios de la década de 1980 los gobiernos reaccionaron con demasiada lentitud a la hora de asignar recursos a la investigación, al tratamiento y, sobre todo, a la educación acerca de las maneras de prevenir su propagación.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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