Hugo Rangel Vargas
AMLO y EPN, dos caras de la misma moneda
Viernes 22 de Abril de 2016
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En días pasados aparecieron prácticamente al mismo tiempo dos estudios demoscópicos que daban cuenta de dos hechos contundentes: por un lado, Enrique Peña Nieto se encuentra en el punto más bajo de aprobación que jamás había tenido un presidente de la República desde que son difundidos este tipo de análisis estadísticos, y por el otro, Andrés Manuel López Obrador permanece como el puntero en la adelantada carrera presidencial de 2018.

Y es que el desempeño de la administración peñanietista, que según la encuesta mencionada tiene la aprobación únicamente del 30 por ciento de la población y una calificación promedio de 4.4 puntos de diez posibles, ha tenido su piedra de toque en el mal desempeño de la economía (quizás un tanto injustamente imputado al gobierno federal, que ha tenido que hacer frente a un entorno financiero internacional inestable), así como en los escándalos de corrupción y de violación a los derechos humanos frente a los que el presidente sólo ha escondido la cara.

La lamentable condición en la que se encuentra el prestigio del gobierno del mexiquense en la opinión pública quizá sea el factor que haya precipitado el juego de la sucesión presidencial, y a dos años de distancia de 2018, el propio Enrique Peña Nieto luce débil en las posibilidades de incidir en el proceso de definición del candidato al interior incluso del tricolor, mismo que parece colocar a Miguel Ángel Osorio Chong como el perfil más adelantado.

La crisis por la que atraviesa el gobierno federal también ha tenido como recipiendaria de ciertos beneficios a Margarita Zavala, quien está bien colocada en las encuestas pese a tener en contra al establishment panista. La ex primera dama ha podido capitalizar el cumulo de desatinos presidenciales aún sin haber exhibido una estrategia clara para ello; al punto tal que prácticamente ha quedado relegado de la memoria de la ciudadanía el descredito del gobierno calderonista y la ola de violencia que abatió al país durante ese sexenio.

Enrique Peña Nieto  y Andrés Manuel López Obrador
Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador
(Foto: Cambio de Michoacán)

Pero el contrapunto preciso de la caída en picada en las encuestas de Enrique Peña Nieto, es este status de puntero en el que se encuentra Andrés Manuel López Obrador rumbo a 2018. El tabasqueño, a diferencia de Margarita Zavala, se ha preocupado por dejar en claro sus diferencias con respecto a la clase política gobernante. López Obrador no ha tenido trastabilleos en su estrategia de comunicación que lo desmarca claramente de los actos de corrupción que han manchado al gobierno de Peña Nieto y no le ha temblado la voz para insistir que su agenda económica, aunque no del todo bien definida, sí es al menos distinta a la que actualmente gobierna al país.

Por ello es que en esta democracia necesitada de oxígeno y de entregar resultados para revitalizarse, en este país, con una clase política que sigue adoptando comportamientos y posturas del pasado frente a una ciudadanía dinamizada por la velocidad con la que se accede a información y ésta se comparte y viraliza, Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto son dos caras de la misma moneda, del mismo México. El ascenso del primero no se explica sin la caída del segundo, y a su vez, el desplome de Enrique Peña Nieto está fuertemente incidido por el acicate de una alternativa distinta de gobierno.

Sin embargo, restan por delante muchos días y correrá mucha tinta en los escritorios de los operadores mediáticos afines al partido gobernante. Quizás una variable podría actuar en favor de ellos y en contra de López Obrador: la volatilidad de la opinión pública. Maquiavelo lo decía claramente: “El natural de los pueblos es variable. Fácil es hacerles creer una cosa, pero difícil hacerles persistir en su creencia. Por cuyo motivo es menester componerse de modo que, cuando hayan cesado de creer, sea posible constreñirlos a creer todavía”.

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