Estrellita M. Fuentes Nava
Mi nombre es Estrellita
Jueves 30 de Noviembre de 2017
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El domingo pasado al mediodía fui a comprar sushi a mi lugar favorito aquí, en Morelia, y cuando me preguntaron cuál es mi nombre, respondí el que es Estrellita Fuentes, y así quedó registrada mi comanda.

Después de 20 minutos en los que estaba yo entretenida con mi teléfono, escuché que alguien desde el interior del local donde preparan los makis en serie mencionó mi nombre. Pensé que me llamarían y puse atención pero alcancé a escuchar: “¡No mames!, ¿quién se llama Estrellita?”, y en eso soltaron todos los empleados la risotada y empezaron a hacer mil comentarios burlándose de mi nombre.

El bullying no sólo es un asunto de género, de nivel socioeconómico, aspecto físico, raza o religión; tiene que ver también con el nombre, y el mío me encanta sin importar las risitas a mis espaldas, las burlas
El bullying no sólo es un asunto de género, de nivel socioeconómico, aspecto físico, raza o religión; tiene que ver también con el nombre, y el mío me encanta sin importar las risitas a mis espaldas, las burlas
(Foto: Especial)

Con calma pero contrariada me paré frente a ellos en el mostrador y les dije fuerte: “¡Así me llamo!, ¿tienen algún problema con eso?”. Todos se callaron y se hicieron los disimulados. Recogí mi bolsa y me fui de ahí.

Mi nombre ha sido objeto de bullying desde el kínder, cuando las niñas en el banco de arena me fastidiaban diciéndome hasta hacerme llorar que en sus casas comían sopa de estrellitas. En el primer día de la primaria ya no quise regresar a la escuela porque la maestra, en plan rudo, tachó mi nombre de la lista y me llamó por su antojo "Estrella". En el trabajo lo mismo me ha pasado con quienes se han mofado de mi nombre criticándolo porque según esto no va para una mujer adulta y que debería cambiármelo.

En realidad a mí me gusta mi nombre, me siento cómoda con él, ¡como que sí soy yo!, y con ese nombre me gradué en la universidad, escribo artículos y me muevo por el mundo. Mis padres lo escogieron porque soy una sobreviviente: superé una cirugía mayor de bebé y por poco no me quedo. Ellos, en su noble intención, querían que todas las personas siempre me hablaran con cariño. Tal vez a algunos les cause risa esta situación pero a mí no.

Hay muchos por ahí que llevan nombres quizá chuscos o que decidieron cambiárselo por otro que ellos mismos eligieron, pero pienso que todos tenemos derecho a llamarnos como nos venga en gana, así sea algo como plancha, piedra, zapato, luna o lo que sea, y a que nos respeten por eso.

El bullying no sólo es un asunto de género, de nivel socioeconómico, aspecto físico, raza o religión; tiene que ver también con el nombre, y el mío me encanta sin importar las risitas a mis espaldas, las burlas o las expresiones de sorpresa en un banco o en un Starbucks (me divierte siempre sacar mi identificación y demostrárselos).
En mi caso mi nombre podría cambiarlo si yo quisiera (cosa que jamás haría), pero la estupidez de los que se mofan, esa jamás se quita...

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