Alma Gloria Chávez
25 de noviembre: ¿por qué esta conmemoración?
Sábado 25 de Noviembre de 2017
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El reconocimiento de la violencia contra la mujer como una violación a los derechos humanos y establecer medidas legales y políticas que refuercen esta acción han sido logros importantes del movimiento internacional por los derechos humanos de las mujeres… y de las mujeres mismas.

Desde 1996, en distintos países del mundo dio inicio la campaña denominada “16 días de activismo contra la violencia hacia la mujer”, que inicia el 25 de noviembre y concluye el 10 de diciembre, permitiendo a organizaciones diversas unir esfuerzos y demandar a sus gobiernos el cumplimiento de los compromisos firmados durante las Conferencias Mundiales en favor de las mujeres.

En nuestro país, la violencia sexual e intrafamiliar es, entre otras, la expresión más grave de la violación a los derechos humanos de las mujeres.
En nuestro país, la violencia sexual e intrafamiliar es, entre otras, la expresión más grave de la violación a los derechos humanos de las mujeres.
(Foto: Especial)



Entre los logros más importantes en este sentido están la Conferencia Mundial de Derechos Humanos realizada en Viena, Austria, en 1993, donde se estableció que “la violencia contra la mujer lesiona los derechos humanos”; la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, en septiembre de 1995, donde se establece “la obligación de los gobiernos a perseguir y procesar a los perpetradores de la violencia sexual contra las mujeres y niñas en conflictos armados, como criminales de guerra”.

La campaña “16 días de activismo contra la violencia hacia la mujer” incluye tres fechas que se conmemoran en todo el mundo y que implican necesariamente a las mujeres: el 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia la Mujer, acordado en el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de Bogotá, Colombia, día en que se conmemora la muerte de las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Leónidas Trujillo en la República Dominicana, en 1960. El Día Mundial de Lucha contra el Sida, el 1º de diciembre, instituido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1988, y el 10 de diciembre, aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada en 1948.

En nuestro país, la violencia sexual e intrafamiliar es, entre otras, la expresión más grave de la violación a los derechos humanos de las mujeres.

El 25 de noviembre es una fecha que tiene carácter simbólico en memoria de las hermanas Mirabal. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal fueron asesinadas ese día y ese mes del año 1960 en represalias por su activa oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que en República Dominicana duraba ya más de 30 años.

A pesar de que la muerte de las tres hermanas y la del chofer del auto en que viajaban pretendió ser explicada como un accidente (se dirigían a ver a sus esposos encarcelados), los pocos datos que se obtuvieron de las autopsias permitían suponer que fueron asesinadas a golpes. Tres semanas antes de este brutal asesinato, Trujillo había declarado que sus dos grandes problemas eran la Iglesia y las hermanas Mirabal.
A las hermanas Mirabal se les reconocía con el apodo de Las Mariposas por desarrollar un activismo que les mantenía siempre en movimiento y sobre todo entre pobladores de barrios y comunidades humildes.
Desde 1981 la comunidad internacional apoyó la propuesta hecha por el movimiento feminista y amplio de mujeres, uniéndose a la conmemoración del 25 de noviembre.

Posteriormente, durante la II Conferencia sobre Derechos Humanos celebrada en 1993 en Viena y como resultado de la presión y el cabildeo ejercido por los grupos de mujeres, esta Conferencia permitió e impulsó la creación de tres importantes instrumentos que han ampliado las posibilidades de acción de las organizaciones no gubernamentales del movimiento de mujeres y feminista internacional: la Declaración contra la Violencia hacia las Mujeres; el nombramiento de la relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la aprobación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Lo sobresaliente del proceso que siguió a la Convención de Viena fue sin duda la Declaración contra la Violencia hacia las Mujeres, documento que en lo medular califica la violencia contra la mujer por parte del Estado o particulares como una violación a los derechos humanos. Esta fue la primera vez que las Naciones Unidas aprobaron una declaración que afecta el ámbito privado de la familia.

En junio de 1994 se nombró a Radhika Coomaraswamy relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer de la ONU y un año después, en su primer informe, denunció: “La inercia de los gobiernos es la primera causa de los avasallamientos sufridos por las mujeres: la tolerancia y la permisividad que circundan los abusos de los cuales ellas son víctimas hacen que el fenómeno frecuentemente sea invisible”. Y sentenció: “En el contexto de las normas recientemente adoptadas por la comunidad internacional, el Estado que no toma medidas para reprimir los actos de violencia contra la mujer es tan culpable como sus autores”.

A más de 20 años de estas declaraciones, la violencia ejercida contra las mujeres no cesa. Sin embargo, cada vez más crece el número de mujeres dispuestas a contribuir, de manera afirmativa, en la generación de estrategias tendientes a su total erradicación.

Este 25 de noviembre hacemos un llamado especial para que nuestra mirada y nuestra sensibilidad sean capaces de descubrir aquellas violaciones de los derechos de la mujer que se hacen de manera invisible y silenciosa. No resulta fácil, por la sutileza con que se producen estas violaciones y por la internalización de patrones culturales tan arraigados en sociedades tradicionalistas como la nuestra.
Es un trabajo intenso y a largo plazo, sin duda, que además requiere un auténtico compromiso de todas las partes, estamentos y sectores comprometidos con ello.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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