Julio Santoyo Guerrero
Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?
Sábado 18 de Noviembre de 2017
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Ha dejado ver derrotismo e impotencia la cándida expresión del presidente Peña en el marco del VI Foro `Sumemos causas´, quien enfático afirmó que `lamentablemente a veces se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil, que condenan, que critican y que hacen bullying del trabajo de las instituciones del Estado´. Pudo haber optado el presidente por presentar un análisis crítico de la actuación de las instituciones, principalmente de seguridad e impartición de justicia durante el trayecto de su sexenio para compartirnos avances, estancamientos y retrocesos en un tema que viene lastimando a los mexicanos ya durante muchos años. Sin embargo, no lo hizo y prefirió optar por el martirio: la sociedad civil nos hace bullying.

Por suerte la memoria social está activa y alerta. La seguridad, la impunidad, la justicia, el combate a las organizaciones criminales, la depuración y profesionalización de los cuerpos policiacos, la recuperación de los espacios públicos, fueron elementos constitutivos tanto de la campaña electoral como del programa de gobierno de quien hoy está a meses de cumplir su mandato presidencial. Los ciudadanos lo recordamos con precisión porque son temas que forman parte de la agenda que más nos agravia y que es imposible posponer u ocultar. Hay razón en quienes afirman que el abordaje de esta agenda le permitió al entonces abanderado priistas obtener la ventaja que necesitaba sobre sus cercanos competidores.

Se esperaba entonces el replanteamiento de las políticas en materia de seguridad y la construcción de estrategias más eficaces, el tema fue incluido en el Pacto por México y se hicieron algunas reformas al organigrama institucional, las instituciones de seguridad quedaron subordinadas a la Secretaría de Gobierno y se vendió la idea de que era la mejor manera para impulsar las reformas que se necesitaban. No obstante las transformaciones que se hicieron, los avances en la profesionalización policiaca y la depuración, lo real, lo que está a la vista de todos, más allá de lo que se puede subir a las redes sociales, lo que la gente mira en la calle, en las carreteras, en las pequeñas poblaciones, en la serranía, es el continuo crecimiento de la delincuencia, no sólo de los delitos federales, también de los delitos comunes, según las organizaciones no gubernamentales estudiosas de este fenómeno.

La candidez presidencial ha terminado por confirmarnos que la guerra contra el crimen la hemos vuelto a perder en su sexenio y que heredará esta ominosa agenda a quien elijan los mexicanos el 2018
La candidez presidencial ha terminado por confirmarnos que la guerra contra el crimen la hemos vuelto a perder en su sexenio y que heredará esta ominosa agenda a quien elijan los mexicanos el 2018
(Foto: Cuartoscuro)



No es un invento, la inseguridad campea en el territorio nacional, se destruye a ciertos cárteles y grupos criminales pero de inmediato emergen nuevos, que con la misma demencial violencia, o hasta más, buscan el control de los territorios tomando a la población como rehenes y sometiéndolos a una vida de horror y pánico para imponer las reglas económicas de la criminalidad. Y esto ocurre desde la frontera sur hasta la frontera norte y sólo se distinguen los territorios por el nivel de intensidad y de locura con la que deciden actuar los delincuentes. Hasta ahora ninguna autoridad puede asegurar que determinados territorios están limpios de criminales, o pueden presumir que hay metas de recuperación plena de la seguridad yendo entidad por entidad.

No podía –ni puede– esperar el presidente Peña que la sociedad lo tunda de aplausos. ¿Cuál sería el motivo? Si todos los días las noticias están saturadas de actos que ilustran cómo nuestras instituciones siguen perdiendo la guerra. Y esto es lamentable porque todo buen ciudadano, en verdad, quiere que las instituciones sean fuertes, sólidas y confiables, para que le ganen la guerra a los malos, a los delincuentes, a la impunidad y a la injusticia, porque anhelamos vivir en paz, ir a estudiar, a trabajar y a divertirnos, sabiendo que nuestra integridad y nuestro patrimonio están a salvo.

La candidez presidencial ha terminado por confirmarnos que la guerra contra el crimen la hemos vuelto a perder en su sexenio y que heredará esta ominosa agenda a quien elijan los mexicanos el 2018, que las instituciones yacen en un deplorable estado de debilidad que los civiles les hacen bullying.

El problema debe reconocerse no es sencillo, no quedará resuelto con buenas intenciones y con llamados metafísicos de concordia, amor y perdón a los criminales, implica grandes reformas institucionales y compromisos entre la clase política y entre la sociedad civil. Existe tanta descomposición que ya tenemos una cultura arraigada del irrespeto al estado de derecho y de cuestionamiento a priori de las instituciones.
Seamos objetivos, la tarea que todos los mexicanos tenemos frente a este problema es titánica. Pero sólo entendiendo la complejidad del problema y la implicación de múltiples responsabilidades para encararlo podemos no llegar otra vez al punto en que, como el Presidente Peña, digamos al paso de los años, le siguen haciendo bullying a las instituciones.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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