Rafael Calderón
Las concordancias del verbo o 70 años de Gaspar Aguilera Díaz
Lunes 13 de Noviembre de 2017
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¿Cómo celebrar un acontecimiento que tiene que ver con la vida y la poesía de estos tiempos? Desde Morelia, capital del estado de Michoacán, se celebran 70 años del poeta Gaspar Aguilera Díaz. En el centro de esta solemnidad su poesía es la presencia y por esto de inicio puedo decir que su Obra poética constituye por esencia una literatura que evoluciona y logra con sus versos crear un universo auténticamente original, como quedó refrendado en el contexto de afirmación que le otorga Marco Antonio Campos a través del Encuentro de Poetas del Mundo Latino para afirmar que se clarifica la vitalidad de su escritura, se reconcilia su presencia una vez más para la tradición de la poesía mexicana con una obra que brilla con luz propia por esa docena de títulos de poesía que ha publicado.

 Gaspar Aguilera Díaz, poeta
Gaspar Aguilera Díaz, poeta
(Foto: Especial)

Para nombrar parte de su poesía y las concordancias del verbo hay que decir que esto lo encierra un título como Pirénico, y por lo mismo vale invocar aquel prólogo a estos poemas de José Emilio Pacheco. Porque para bien de la poesía y la tradición michoacana, Aguilera Díaz constituye una presencia entre dos siglos: su búsqueda se encamina al encuentro de esa verdad y escribe en este contexto que explora una y otra vez el lenguaje, desnudarse ante giros y esencias, nombra las cosas y objetos por su nombre con el verso modulado y descubrir la aspiración humana, las metáforas del verbo y la expresión del lenguaje.

Aquel fenómeno literario que observaba Pacheco en 1982, donde se encuentra incluido Aguilera Díaz, sirve para volver a decir que esa explosión poética se extendía por el país pero resulta importantísimo ese enlace y diálogo generacional. No es gratuita la observación. Para entonces, en Morelia, se había ya realizado el I Encuentro Internacional de Poesía Morelia 1981, que organizó Homero Aridjis, y en este sentido la resonancia de la poesía se sitúa en una expresión que tiene que ver con el idioma del autor y su cultura, y la poesía es punto de encuentro y poco importa la torre de babel que encierran los idiomas, sino decir que ésta posee un diálogo único y por esto universal. Nuestro autor escribe una poesía que se ciñe por natural y sincera expresión en versos densos, coloquiales; aspira a decirnos el resumen de temas como el erotismo y es su voz presencia y condición de justas líricas.

El libro de los cantares de Gaspar Aguilera Díaz es Pirénico, y es donde logra mantener una lectura atenta. Estos poemas encierran un periodo de un lustro: van de 1974-1978. Es claro y el poeta dice que “lo cotidiano tiene lo suyo” para reconocer la huella de las “contradicciones que desgarran y pugnan entre lo íntimo y lo social”. Como parte de la verdad inconfundible: “Pirénico es un libro erótico –sentencia Pacheco–, político, nostálgico, alegre, doliente, no se prohíbe ninguna incitación”, pero ¿cómo logra esto? Sucede en “versos rítmicos y también coloquiales; versos claros, directos y asimismo densos y misteriosos”. Sobresaliendo temas como la melancolía, el registra lo visto, determina la amistad con un poeta como Pacheco, la admiración de una obra lúdica como la de Julio Cortázar; sale a relucir el amor entre las ruinas: Chichén Itzá y la voluntad última o la nostalgia y otras cursilerías. Es una obra donde la unidad lírica le permite dialogar con José Mendoza Lara y su “piedra y argamasa”; otorga el salto hacia un escenario urbano y con el misterio definido por imágenes aéreas.

En esta escritura de Aguilera Díaz cabe el inventario, las estaciones del año, el mes de febrero, o reconocer la vida desde una taberna y nombrar con versos irregulares pero con distintas entonaciones. El sentimiento de lo opuesto hace su aparición: algunos poemas mezcla la crónica, el reportaje, bajo el efecto de estos surge la visión especial: “Hace que disminuya la melancolía de tiempo completo”, nombra la paloma del invierno. La poesía de Aguilera Díaz es a un tiempo la máscara del erotismo, la encarnación de la pasión con las cosas cotidianas de la vida; le canta con esa visión sonada a la mujer y su doble realidad por la belleza física, determinada por la seducción que despierta la claridad del día y el eco del lenguaje. Decirlo a quien interesa y las claves de la presencia están para nombrar todo lo que está a la vista para una tarde. Los poemas de Pirénico, en cualquiera de los escenarios posibles, cumplen con la cita cotidiana y sirven definitivamente para nombrar la existencia de un lenguaje propio.

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