Rafael Calderón
“La muerte del Quijote”, poema de José Antonio Alvarado
Lunes 6 de Noviembre de 2017
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La tradición lírica a la que enriqueció con sus poemas José Antonio Alvarado es nuestro idioma, la lengua española, que escribe desde la tradición latinoamericana. Su encuentro y desencuentro, presencia y ausencia, mantiene presente niveles que sobrepasan la riqueza literaria de nuestra localidad territorial. La primera expresión tiene que ver con Morelia, su nacimiento en Zacapu y la fuerza de su voz poética; la siguiente es por sus visitas y estadías en Xalapa, Veracruz, donde finalmente murió, y en aquel puerto, de su poesía está la huella temprana de sus lecturas y este lugar es donde visualizó la evolución que a su vez es aspiración y voluntad con la escritura; su relación y diálogo con el idioma y la literatura que lo nutre y que queda presente como metáfora viva para reconocer que sus poemas son su carta de presentación. En Morelia, donde de alguna manera disfrutó vivir, tiene eco y por lo mismo iba de visita a Xalapa y retornaba con el mar que respiran sus poemas.

 “La muerte del Quijote”, poema
“La muerte del Quijote”, poema
(Foto: Especial)

Para decir esto se necesita seleccionar en parte un ejemplo de su Obra poética y reconocer esa huella, el legado, la consolidación de su poesía: el que reúne esto requisito es “La muerte del Quijote”. Un poema que originalmente se publicó en el primer número de la revista Utopía (enero-abril de 1999), fundada y dirigida por José Mendoza Lara, y volver a reiterar que no es la primera vez que registra su coincidencia literaria, sino que es continuidad de largas batallas literarias asumidas por ellos en el ámbito de la poesía michoacana.

Antes, en 1995, habían encontrado vía de expresión. José Antonio se dedica también a rescatar la poesía de Concha Urquiza y de Ramón Martínez Ocaranza; José Mendoza Lara le publicó antologías fundamentales que prolonga y selecciona. La de Martínez Ocaranza circuló con profusión: se hicieron por lo menos dos mil ejemplares y no se quedaron embodegados, sino que llegaron a un número creciente de lectores y estudiantes universitarios; la de Concha tuvo que esperar un poco más pero finalmente tuvo su presencia y fue incluida en la colección Poesía michoacana contemporánea, que Jitanjáfora, en coedición con la Secretaría de Cultura de Michoacán en 2007, acercó, difundiéndose a lectores con resultados que se mantienen presentes.

El poema “La muerte del Quijote” registra lectores. El primer lector es José Mendoza Lara, quien lo publica y lanza su salida; enseguida sale a relucir la lectura de Alejandro Delgado; simultáneamente, Miguel Ángel Toledo escribe sobre el poema. Se confirma que éste tiene plenitud en el ámbito de la poesía y razonan su expresión lírica y le confieren fuerza y estilo a esa metáfora que es el resumen de la búsqueda emprendida por el autor y por lo mismo el poema dignifica el ideario de su poética.

El título es emblema, reacción implícita y es la síntesis del capítulo de la novela de Cervantes. El Quijote hoy en día es cumbre en la literatura y sigue acompañando la visión de lectores exigentes. Es cierto, en este poema radica ese coloquialismo y el sentimiento de decir que estos fantasmas campean lo entrevisto. Alvarado despliega la escritura encaminada a revelar el tema de la muerte. Dice: “Los fantasmas que campean por tus ojos/ Han dejado al Quijote derrotado/ Con la luna sangrándole a la altura del pecho/ Es un ave que no renuncia al vuelo/ Sabe bien que no hay armadura que resista/ Cuando la soledad empuña su guadaña/ Sobre la montura y el jinete/ En la ventana que corona los cerros/ El día se pierde dolorosamente/ Morir así tiene su encanto”.

El reconocimiento del jinete y el tiempo que visualiza inmóvil por las circunstancias de los sueños: ¿destruyen o construyen? José Antonio confirma esa fuerza del verso y penetra su raíz verbal en el idioma. La figura de Cervantes es indirecta, antepuesta, y es la novela su protagonista y el personaje es visto en el lecho de muerte. Sin embargo, “La muerte del Quijote” para Alvarado se vuelve un claro en el bosque: la claridad de su leguaje permite romper el silencio abrumador de lo que en 1999 es el fin de siglo XX. Pero naturalmente el tema que encierra impone permanencia a largo plazo en la tradición de la poesía de Michoacán. Para su autor es una referencia obligada en el orden de su poesía. Reivindica un tema como la muerte a partir del Quijote y se apega a la voz con aspectos sombríos, determina la escritura con la existencia del personaje que encierra la misma novela de Cervantes.

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