Rogelio Macías Sánchez
ALGO DE MÚSICA
Música y béisbol
Martes 31 de Octubre de 2017

Segunda parte

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Hace dos años, en octubre de 2015, el artículo que apareció en esta columna se refirió a la música en el beisbol en Estados Unidos. Fue la relación de algunas canciones que se han escrito por y para ese espectáculo y que se cantan en los estadios. Algunas datan de más de 100 años, hay una que es tan popular como el Himno Nacional o la canción de cumpleaños y hay una compuesta por Bob Dylan, nada menos.

Esa entrega la escribí cuando tuve que escoger entre asistir a un concierto atractivo de la Orquesta Sinfónica de Michoacán o quedarme en casa a ver por televisión un juego de postemporada entre mis dos equipos favoritos en el beisbol de las Ligas Mayores
Esa entrega la escribí cuando tuve que escoger entre asistir a un concierto atractivo de la Orquesta Sinfónica de Michoacán o quedarme en casa a ver por televisión un juego de postemporada entre mis dos equipos favoritos en el beisbol de las Ligas Mayores
(Foto: Archivo)

Esa entrega la escribí cuando tuve que escoger entre asistir a un concierto atractivo de la Orquesta Sinfónica de Michoacán o quedarme en casa a ver por televisión un juego de postemporada entre mis dos equipos favoritos en el beisbol de las Ligas Mayores: los Mets de Nueva York y los Cachorros de Chicago. La música y el beisbol han sido de mis aficiones mayores y más arraigadas a lo largo de mi vida. Escogí quedarme a ver el juego y, al no tener tema musical para cubrir la columna semanal, escribí de “Música y béisbol”.

Ahora sucedió algo parecido. Es cierto que no ha habido música para escuchar en vivo, pero también lo es que está la Serie Mundial por la televisión, y aunque hubiera habido música, me habría quedado en casa a ver el juego entre Astros de Houston y Dodgers de Los Ángeles. He decidido escribir de la canción más famosa, antigua y vigente del beisbol: aquella que se llama Take Me Out to the ball game (Llévame al juego de pelota), que data de 1908 con letra de Jack Norworth y música de Albert von Tilzer.

Mientras realizaba un viaje en el tren subterráneo de Nueva York, Jack Norwoth vio un letrero en la estación que anunciaba “Hoy, juego de beisbol-Polo Grounds” (era el estadio de los Gigantes de Nueva York). Ello fue suficiente inspiración para que comenzara a escribir la letra de una canción en un sobre de papel. Terminada la composición se la mostró a Albert von Tilzer, quien pronto la musicalizó a ritmo de vals. Cabe anotar que ninguno de los dos era fanático del beisbol. Se lanzó la canción y pronto comenzó a ser conocida en los teatros de variedades. Con el tiempo se escuchó en los parques de pelota y llegó a la misma Serie Mundial de 1934.

Entonces se entonaba ocasionalmente tanto en los encuentros de las Grandes Ligas como a nivel amateur. Para 1971 el cronista Harry Caray la cantaba dentro de su cabina de transmisión en el estadio Comiskey Park, de los Medias Blancas de Chicago, durante el tradicional descanso al caer la parte alta de la séptima entrada, y había quienes le acompañaban. Ya en 1976 la interpretaba con sonido acústico, por lo que se convirtió en una tradición de allí en adelante. En 1982 el cronista se cambió a los Cachorros de Chicago, al Wrigley Field, donde llevó también su “espectáculo”. Como los juegos de los Cachorros eran transmitidos a nivel nacional, los otros parques de pelota de las Grandes Ligas retomaron la melodía con sus variantes. Sea en variante instrumental o entonando la letra de la canción, el estribillo es la parte de la composición más interpretada. Ofrezco una traducción libre que encontré:

Llévame al juego de pelota,
llévame con la multitud.
Cómprame cacahuates y Cracker Jack,
no me importa si no salgo de aquí,
déjame apoyar a nuestro equipo,
si no ganan es una pena.
Porque al primero, segundo y tercer strike estás fuera
en el viejo juego de pelota.

En la versión original la protagonista es una fanática del beisbol a quien un sábado su novio le pregunta si desea asistir al teatro. Ella, por el contrario, le sugiere ir al parque de pelota para apoyar al equipo local, juntarse con la hinchada y también degustar golosinas. Ella vive el beisbol pues conoce los nombres de los peloteros, gasta mucho dinero para asistir a los juegos y critica cualquier mala decisión del árbitro.

Pese a que la pieza fue opacada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en favor de la canción patriótica “God bless America”, no ha dejado de interpretarse, especialmente en el Wrigley Field, donde son invitadas reconocidas personalidades para cantarla en memoria de Harry Caray.

Hasta la próxima.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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