Julio Santoyo Guerrero
Estas nuevas independencias
Lunes 30 de Octubre de 2017
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No siempre un movimiento masivo puede estar en lo correcto políticamente. La declaración de independencia de Cataluña, promovida por una parte importante de sus políticos y representantes, argumentando más allá de los agravios históricos, de la existencia de una lengua, del centralismo que agobia a Cataluña, la posibilidad de vivir mejor si se corta con las participaciones fiscales que su economía aporta a la economía española, ha llevado a una crisis que un manejo desafortunado podría precipitar a la violencia y hasta la guerra civil.

El solo hecho de constituir más naciones no resuelve los problemas de fondo.
El solo hecho de constituir más naciones no resuelve los problemas de fondo.
(Foto: TAVO)

Como en el resto del mundo, los políticos secesionistas catalanes fueron contagiados del discurso informe del populismo, que está tocando con éxito, entre pírrico y trágico, las mentes poco creativas y nada responsables de políticos de todas las tendencias ideológicas. Con el afán de elevar las popularidades, algunos políticos venden simplismos a sus seguidores y ofrecen soluciones mágicas para resolver los problemas que las naciones enfrentan. Así en Inglaterra ofrecieron el Brexit como la mejor alternativa para resolver la falta de empleos y la crisis migratoria que afecta a la Unión Europea; en Estados Unidos se ha ofrecido el fin del Tratado de Libre Comercio y la construcción de un "hermoso" muro fronterizo para resolver también la falta de empleos y la migración que viene del sur de su frontera; en Italia están gestándose movimientos separatistas fundados prácticamente en las mismas razones.

La irresponsabilidad de estas populares decisiones, que esencialmente sirvieron para apuntalar a los grupos políticos que las pregonaron, ha ocasionado paradójicamente un gran daño a la economía y horizontes de bienestar de quienes decían que favorecerían. Baste observar los tropiezos de la economía inglesa apenas en el proceso del Brexit, y en el caso estadounidense, las indeseables consecuencias en la economía global y los daños que dichas políticas están ocasionando al derecho de migrantes.

Los políticos catalanes, de derecha e izquierda, vendieron bien la consigna de la independencia y movilizaron a cientos de miles en las calles y lograron la concurrencia para votar la independencia de varios millones, aunque no de la mayoría. Antes que manejar una conceptualización política seria de sus problemas, sus causas y opciones para resolverlos, recurrieron, como lo ha hecho históricamente todo populismo, a los sentimientos, a la parte más superficial de la conciencia social. Y es ahí donde radica el peligro. La parte de Cataluña que quiere la separación, los sectores más extremos de derecha e izquierda, podrían tomar la ruta de la confrontación violenta para "defender" su independencia. Así que de ser la independencia un proyecto idílico podría convertirse de la noche a la mañana en una trampa de sangre y muerte, todo por la irresponsabilidad de políticos populistas que tratan de vender simplismos como medios para resolver problemas que deben ser abordados en otras dimensiones. Les han vendido la idea de que la independencia los llevaría al paraíso económico, en el que su nivel de vida crecería automáticamente, pero no les han dicho que quedarían aislados y sin reconocimiento internacional más allá del reconocimiento de alguna potencia interesada como la Rusia de Putin.

En abstracto puede asumirse que un pueblo tiene todo el derecho de expresar su soberanía constituyéndose en una nación independiente. El problema es que esa decisión la debe tomar todo el pueblo en un acto de consenso dentro de la ley, a través de las vías del diálogo y resolviendo los claros diferendos jurídicos que encontrará en ese camino con la nación a la cual ahora pertenece. Pero eso no ha ocurrido, la decisión ni siquiera es mayoritaria y la justificación no sustenta la necesidad de la independencia.

En México hay tanto expresiones de derecha como de izquierda que aplauden lo que ellos creen es la gran causa del momento: la independencia de Cataluña. No alcanzan a ver el fondo, la trampa del populismo simplista que está poniendo en riesgo a toda una nación, sólo para apuntalar la popularidad de algunos políticos. Pero podríamos entender lo incorrecto de la causa si ponemos en el foco de nuestra atención el surgimiento, apenas visible, de un movimiento separatista en el norte del país que pretende el establecimiento de la "República Mexicana del Norte", recurriendo curiosamente a casi los mismos argumentos que hoy esgrimen los separatistas catalanes: el rechazo al centralismo, el hartazgo de tener que "subsidiar" a los estados pobres del sur, acabar con la corrupción y otras linduras. Esta iniciativa hasta ahora ha causado risa, pero cuidado, también es un anzuelo populista que podría ser mirado con simpatía por miles y generarle al país un severo problema, hasta ahora su página de Facebook reporta 64 mil seguidores y en crecimiento.

El mundo, antes que nuevas fronteras y muros, necesita alternativas globales para atender de manera común los grandes problemas del desarrollo económico, la pobreza, el cambio climático, la funcionalidad de las democracias, la carrera armamentista, los movimientos migratorios, la convivencia en la diversidad cultural, la educación de todos durante toda la vida para bien de la humanidad y del planeta, y más. El solo hecho de constituir más naciones no resuelve los problemas de fondo. Ese simplismo populista nos está llevando a la crispación mundial y a nuevos horizontes de violencia entre las naciones. Los políticos deben poner distancia de las tentaciones simplonas.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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