Estrellita M. Fuentes Nava
Los cuatro jinetes del Apocalipsis en la agenda ambiental
Viernes 27 de Octubre de 2017
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Los temas ambientales parecieran estar ya muy machacados y sobreexpuestos ante la opinión pública, al punto de que se han hecho casi invisibles, y ello me atrevo a decirlo si observamos cómo nuestro gran debate nacional está puesto única y exclusivamente en las próximas elecciones de 2018 y en los escándalos de corrupción y no en el análisis de los caminos y las formas para las verdaderas problemáticas globales que parecieran superarnos. La realidad es que durante 2015 la contaminación provocó la muerte prematura de nueve millones de personas en todo el mundo, es decir, el 16 por ciento de los decesos de acuerdo con una investigación de varios organismos internacionales y unos 40 expertos en salud y medio ambiente, cuyas conclusiones se han integrado en un informe publicado recientemente en la revista The Lancet. Es decir, hoy la contaminación mata tres veces más que el Sida, la tuberculosis y el paludismo juntos, y quince veces más que la guerra.

Este rubro se dibuja entonces como uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis para la agenda ambiental, el cual asustaría hasta el mismísimo San Juan cuando escribió este libro bíblico. La contaminación del aire señala el estudio que menciono es responsable de 6.5 millones de fallecimientos cada año en el planeta; en el caso de México, la enfermedad pulmonar obstructiva (EPOC) genera una carga económica de 75 mil pesos por paciente al año de acuerdo a estudios epidemiológicos. Por otra parte, el agua contaminada causó 1.8 millones de muertes por el mal saneamiento o la contaminación de las fuentes de origen, lo cual provoca enfermedades gastrointestinales e infecciones parasitarias. Hay que recordar que en el país hay once millones de mexicanos sin acceso al agua potable, 9.1 por cada 100 mil niños menores de cinco años han muerto por enfermedades diarreicas, y de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en 2015 los costos totales por agotamiento y degradación del medio ambiente ascienden a 907.473 millones de pesos y fueron más de cinco veces mayores que los gastos en protección ambiental para ese año por el orden de los 141.933 millones de pesos.

En el país hay once millones de mexicanos sin acceso al agua potable, 9.1 por cada 100 mil niños menores de cinco años han muerto por enfermedades diarreicas.
En el país hay once millones de mexicanos sin acceso al agua potable, 9.1 por cada 100 mil niños menores de cinco años han muerto por enfermedades diarreicas.
(Foto: Cuartoscuro)



La pobreza es otro de los jinetes apocalípticos que sin duda impacta en lo ambiental, y viceversa: el 92 por ciento de los fallecimientos asociados a la contaminación ocurre en países con bajos o medios recursos e impacta principalmente a las minorías o las poblaciones marginales. Los países en vías de desarrollo son los más afectados con pérdidas estimadas de 8.3 por ciento de su PIB, frente a 4.5 por ciento de los países con ingresos elevados (The Lancet). Además, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en el 2007, éste advirtió que el cambio climático puede generar importantes caídas en las tasas de reducción de la pobreza, lo cual significa un retroceso en los esfuerzos e inversiones que se han realizado para el combate de este flagelo que cobra tantas vidas en el mundo.

Un jinete más que sumaría a esta lista que comparto es la crisis alimentaria: hace unos días la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzaron el estudio “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y El Caribe 2017”, el cual advierte que el número total de personas que sufren hambre en América Latina y El Caribe ha aumentado, a la vez que el sobrepeso y la obesidad se han configurado ya en un problema de salud pública en la zona. El reporte señala que en 2016, alrededor de 42.5 millones de personas en la región no contaron con alimentos suficientes para cubrir las necesidades calóricas diarias. Y un claro ejemplo de cómo la crisis ambiental impactará severamente en la seguridad alimentaria lo vemos en el sector cafetalero: los expertos apuntan que los cambios en el régimen de las lluvias y el aumento de las temperaturas afectaría entre el 73 y 88 por ciento de las tierras aptas para la producción del café en la región de América Latina, especialmente en Honduras y Nicaragua. En el caso de Michoacán, la Delegación de la Sagarpa en el estado dio a conocer que las recientes lluvias atípicas y las sequías han ocasionado la pérdida de 23 mil hectáreas que fueron siniestradas.

Los fenómenos climáticos extremos sin duda configuran otro de los jinetes. Los huracanes que azotaron por ejemplo sitios como Barbudas, Cuba, República Dominicana, Islas Vírgenes, Puerto Rico, dejaron daños en el 60 por ciento de sus viviendas y les significaron pérdidas económicas millonarias. Este 2017 rompió récord en 200 años con cinco huracanes de categoría 4 o 5 (cuatro de nivel 4 en dos meses) y todavía faltan seis semanas para que se acabe la temporada. Pareciera un presagio de lo que se avizora para el futuro cercano.

Y mientras estos jinetes ya están aquí en acción, los mortales seguimos contaminando más y más. En días recientes durante una semana de limpieza del parque nacional del Cañón del Sumidero en Chiapas se retiraron mil 500 toneladas de basura del Río Grijalva con un costo de 535 mil pesos y 65 personas dedicadas a ello con jornadas de ocho horas diarias durante siete días. Me hizo recordar una visita a Tuxtla Gutiérrez en la que mis amigos ambientalistas me platicaban acerca de ello y no lo podía yo creer: en la parte alta del Cañón la gente está acostumbrada a lanzar las bolsas de basura para que se la lleve la corriente. Hoy se suman a estas toneladas que le digo.

El brasileño Leonardo Boff, franciscano en el origen y autor de más de un centenar de libros, en una entrevista que publicó el periódico La Jornada la semana pasada fue muy atinado en sus reflexiones: “La corrupción es inherente al sistema capitalista. Primero porque la relación capital-trabajo es sumamente desigual y la lógica del capital es acumular más y más produciendo dos tipos de injusticia, una social, la pobreza, y la otra, la injusticia ecológica, destruyendo el ecosistema”. Esta injusticia ecológica y social parece ser la mayor de las plagas.

En realidad el fenómeno del Apocalipsis, más que de origen divino, es humano. Mientras que hoy al frente de los estadounidenses más ricos están Bill Gates con 89 mil millones de dólares, Jeff Bezos, propietario de Amazon, con 81 mil 500 millones de dólares, y Warren Buffet con 78 mil millones, y de acuerdo a Forbes los multimillonarios de aquel país ahora son más ricos, la pobreza en el mundo está acentuándose cada día más por la afectación climática y la contaminación, minando sus posibilidades para quienes la padecen de algún día siquiera soñar con salir de su miseria.

A manera de corolario, durante una visita que recientemente el Papa Francisco hizo a la FAO les donó una escultura inspirada en la dramática fotografía del niño sirio Alan Kurdi que dio la vuelta al mundo cuando murió ahogado y fue encontrado en una playa después de un naufragio; en la imagen tallada a su lado llora un ángel de la guarda. Durante su discurso el Papa hizo un llamado a cambiar estilos de vida, uso de los recursos y el modelo de consumos de alimentos que conlleva pérdidas y desperdicio de comida. Además dijo: “¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia?”. El amor es quizá el reto más grande que enfrentamos como humanidad: ello significa abrazar al otro, abrazar al planeta. Quizá es también en esencia el arma más eficaz que tenemos como humanos para dar a estos jinetes la gran batalla…

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