Julio Santoyo Guerrero
Sí, ¿pero cuál es la fórmula?
Lunes 23 de Octubre de 2017
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Durante meses, quienes promovemos en Madero la constitución de un Área Natural Protegida como medio para detener la devastación forestal, la pérdida de caudales de agua y la destrucción de ecosistemas, nos reunimos con ejidatarios, comuneros, pequeños propietarios y ciudadanos en general de prácticamente todo el vasto territorio de este montañoso y hermoso municipio.

La respuesta a nuestro amigo ejidatario sí existe y es perfectamente viable, y ese día ahí mismo se discutió profusamente, y ese camino estamos siguiendo
La respuesta a nuestro amigo ejidatario sí existe y es perfectamente viable, y ese día ahí mismo se discutió profusamente, y ese camino estamos siguiendo
(Foto: Teresa Rivera)

Y nos pasó, como lo dice la canción de José Alfredo Jiménez, la gente "ya nos estaba esperando". Si bien es cierto que no tenían claras las alternativas para detener la tragedia ambiental no quiere decir que no tuvieran conciencia del problema. La tenían y en todas las localidades, incluida la cabecera municipal, Villa Madero, las personas estaban (están) preocupadas e indignadas porque están sufriendo afectaciones en el derecho humano de acceso al agua, la cacería ilegal, la destrucción de ecosistemas, la contaminación de ríos y presas y la pérdida de insectos –notablemente de abejas– que son polinizadores vitales para la agricultura y la fruticultura tradicional en todas las 297 localidades de Madero.

En una de tantas comunidades, a lo largo de la exposición que les compartíamos y en la que hacíamos énfasis en arribar todos los ejidos, comunidades indígenas y pequeños propietarios de Madero, al acuerdo de proteger todos los bosques y aguas, un ejidatario de bastante edad, una y otra vez nos cuestionaba con severidad ¿y cuál es la fórmula? Entonces explicábamos el procedimiento: la organización, la toma de acuerdo de ejidos, la definición del polígono a proteger, la tramitología ante las instituciones ambientales, el positivo horizonte de gestión ante instituciones federales, estatales y entidades no gubernamentales nacionales e internacionales. Pero aquel hombre volvía a insistir, y completaba su razonamiento: "Es que cómo parar toda esta destrucción si todos sabemos que desde el gobierno se está permitiendo todo este desorden", y ponía uno y otro ejemplo, y daba nombres de predios y de impunidades.

Y por eso preguntaba cuál es la fórmula. Es decir, la fórmula para ganarle a la impunidad y al poder omiso de algunos en las instituciones tanto federales como estatales que durante décadas permitieron que Michoacán perdiera en sólo 25 años la mitad del total de sus bosques y que, como en el caso de Nieves y Umécuaro, se autorizara y se permitiera por debajo de la mesa la perforación de pozos que están dejando sin agua a los pobladores de estas localidades y poniendo en riesgo también el derecho humano al agua de los morelianos.

Aquel hombre, como millones en el país, estaba convencido de que no hay nada qué hacer ante el poder distópico de las instituciones y que la iniciativa, muy buena de proteger los bosques y las aguas de Madero, terminaría tirada en el cesto de la basura porque la corrupción, lubricada con el poder del dinero, permitiría que siga muriendo la vida natural. Para aquel ejidatario era esencial, entonces, responder la pregunta sobre cuál es la fórmula. La fórmula para derrotar la impunidad, la omisión de las instituciones y el poder del dinero que suele mandar sobre las políticas institucionales.

El pésimo trabajo de algunos servidores públicos de algunas instituciones ambientales federales y estatales ha generado tal nivel de repulsa y desconfianza entre la gente del campo que su sola mención les causa escozor. La construcción histórica de esta desconfianza, lamentablemente, hace más difícil la tarea organizativa por la defensa de aguas y bosques, tarea en la que necesariamente deben involucrarse todas las instituciones federales y estatales correspondientes.

Gracias al esfuerzo de gestión y vinculación que este gran movimiento ambientalista de ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios de Madero ha realizado, sobre todo con las instituciones estatales Semaccdet, ProAm y Gendarmería Ambiental, se ha logrado una proximidad virtuosa que ha permitido que el objetivo de proteger los bosques y aguas se esté concretando, modificando así la percepción de desconfianza social, que podría ser impedimento para que Madero logre, como sabemos que así será, la protección de casi todos sus bosques y aguas a través de la constitución del Área Natural Protegida.

Y sí, la respuesta a nuestro amigo ejidatario sí existe y es perfectamente viable, y ese día ahí mismo se discutió profusamente, y ese camino estamos siguiendo. La fórmula está en la organización desde abajo de nuestra gente, desde el ejido, desde la Encargatura del Orden, desde esos núcleos donde todos nos conocemos unos a otros, donde sí existen razones bien claras para confiar en quienes comparten con nosotros la vida diaria, con quienes pensamos proyectos por el bien común, y desde ahí poder abordar y emplazar al gobierno y a sus instituciones para que cumplan con su deber constitucional.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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