Alma Gloria Chávez
Hambre en el mundo
Sábado 21 de Octubre de 2017
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El problema del hambre es demasiado grave para dejarlo sólo en manos de los gobiernos.

Equipo Pueblo, 1991.

Eduardo Germán María Hughes Galeano fue un periodista y escritor uruguayo.
Eduardo Germán María Hughes Galeano fue un periodista y escritor uruguayo.
(Foto: Cuartoscuro)



Y lo citado por Galeano sólo es un pálido reflejo de la situación alimentaria mundial que se encuentra en una de las fases más complejas y crónicas de que se tenga noticias desde finales del siglo XIX. Atribuir el hambre a la escasez es una forma de culpar a la naturaleza de los problemas creados por el hombre. No hay razón, sin embargo, para culpar a nadie por los límites naturales de la Tierra. El hambre existe junto a la abundancia. Esto es lo indignante, porque considerando las disponibilidades globales, hay alimentos suficientes para todos. Más aún: una porción importante de los recursos para producir alimentos se encuentra sin aprovechamiento alguno en muchas partes del mundo.

Se ha comprobado que sobre la tierra se produce una cantidad de granos suficiente para proporcionar a toda la población las proteínas y calorías que se necesitan por día, pero una tercera parte de esas calorías y proteínas potenciales se emplean actualmente para alimentar ganado.

Resulta paradójico, cuando de alimentos se habla, reconocer que existen más de 700 millones de personas desnutridas en todo el mundo, tanto por no comer como por el mal comer. En países africanos, por ejemplo, el hambre y la muerte por inanición son una constatación cotidiana de que el universal e indiscutible derecho humano a la alimentación se encuentra en entredicho. Por otro lado, en países que han adoptado hábitos de consumo “capitalista” (como el nuestro), la obesidad o sobrepeso, que ya representa un problema de salud mundial, resulta alarmante.

Sólo en América Latina, cerca de 70 millones de personas viven en la pobreza extrema (según datos de 2010), lo que significa que no tienen acceso a una dieta mínima diaria. En esta misma región, de doce millones de niños que nacen anualmente, 700 mil mueren antes de cumplir un año. Y si anterior a la década de los 90 se observa el bajo peso de esos infantes, que morían prematuramente, ahora la imagen se ha convertido y no para bien: muchos de ellos nacen más robustos y de mayor tamaño, pero igualmente víctimas de trastornos alimentarios heredados por los padres, completamente desnutridos y con padecimientos crónicos, como la hipertensión y la diabetes.

Las estimaciones globales pueden significar poco, salvo para desechar la idea, ampliamente difundida, de que hemos llegado al límite de la capacidad de nuestro planeta. Lo que importa es que existan adecuados recursos para producir alimentos en las áreas donde la gente tiene más hambre. Y tales recursos existen; de manera invariable, sin embargo, se les subutiliza o mal emplea a fin de atender las demandas de quienes ya se encuentran adecuadamente alimentados. En la mayor parte de los países en que la gente está hambrienta, grandes terratenientes o empresas (agrícolas, ganaderas, petroleras, mineras, etcétera) controlan casi toda la tierra. Un estudio realizado en 83 países mostró que poco más de tres por ciento de los poseedores de tierra, con 46 hectáreas o más, controlaba casi el 80 por ciento de la tierra agrícola.

Evitar a toda costa estas situaciones debe ser un compromiso que se traduzca en acciones eficaces de todos los gobiernos, principalmente de los países más desarrollados. Frente al dispendio que esos países hacen en gastos militares es necesario anteponer una propuesta (una exigencia) que les comprometa en acciones eficaces para erradicar el hambre. Mientras prevalezca la desigualdad no será posible pensar en el establecimiento de una paz genuina, ni mucho menos suponer la consolidación de regímenes verdaderamente democráticos.

Un crimen de nuestros tiempos es el desperdicio de alimentos y tiene que ver con patrones de consumo exportados y alentados por las grandes empresas trasnacionales, cuyo único propósito es incrementar el monto de sus extraordinarias ganancias (por ejemplo Walmart), sin importarles ni la explotación del ser humano ni la devastación de los recursos naturales, ni la estela de miseria que dejan en los países donde se aposentan.

De continuar el ritmo actual de deterioro de los recursos naturales del planeta, se prevé que para el año 2025 no se podrá alimentar a la población mundial, advirtió hace dos lustros la FAO (Food Agricultural Organization), y también opinó que las cumbres que convocan a la comunidad internacional para hablar de la tierra y sus recursos deben centrarse en la pobreza y la desigualdad social como principales causas de la degradación ambiental y por consecuencia, de la crisis alimen

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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