Rafael Calderón
Elegía del Destino
Leer al poeta Rúben Darío
Lunes 18 de Abril de 2016
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Octavio Paz
Octavio Paz
(Foto: Cuartoscuro)

En 1965, Octavio Paz publica su Cuadrivio, pequeña obra en extensión de páginas pero muy significativa por la lucidez crítica que conserva. Es donde reúne cuatro ensayos sobre cuatro poetas: Ramón López Velarde, Fernando Pessoa, Luis Cernuda y Rubén Darío. Presenta dos poetas americanos y dos europeos. Para los cuatro subraya su disidencia y aclara que su creación poética es también crítica y de ruptura con el lenguaje; tres escriben en lengua española y el otro, en portugués, como un verdadero heredero de Camóes, aunque están separados por el tiempo, el estilo, los temas, la diversidad de voces y la unidad lírica. Mientras los de lengua española vienen de la tradición de Garcilaso y Sor Juana, Quevedo y Góngora y ejemplos más recientes como el grupo Contemporáneos de México, la Generación del 27, en España.

Para el caso específico de Darío, el texto El caracol y la sirena permite reconocer la escritura de una biografía: sitúa ese estilo suyo y recuerda que “Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”. Su opinión es clave y abarca ese tiempo y la obra y habla de un antes y un después, y recuerda que sus poemas son ejemplo de la revolución literaria y son parte del modernismo y desde ese vigor de la lectura realizada una revisión un mismo tiempo: es un poeta de la tradición de la ruptura. “El lugar de Darío es central, inclusive si se cree, como yo lo creo, que es el menos actual de los grandes modernistas. No es una influencia viva sino un término de referencia: un punto de partida o llegada, un límite que hay que alcanzar o traspasar. Ser o no ser como él: de ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos”. La ruptura de esa identidad señalada por Paz está visible: es Darío el fundador de un legado literario; por el otro extremo, aunque no nos identifiquemos con él, imposible resulta ignorar su presencia. Para bien o para mal es el que sitúa desde su escritura toda esa escuela o búsqueda que nunca terminada o simplemente queda suspendida y con el tiempo se vuelve parte del registro histórico de la poesía española. Más tarde su presencia será determinante para explicar autores como Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Juan Ramón Jiménez y de Antonio Machado. Esa vigencia está presente como iniciar por reconocer su legado y sobre todo su poesía, sabiendo que es el fundador de una expresión poética como el modernismo.

La poesía de estos tiempos es la de un enlace que se sitúa a partir de Darío y se convertirá en un diálogo de éste con otros autores como Juan Ramón Jiménez y Octavio Paz. El tema de lo divino –por ejemplo– se mira como un postulado y el aroma de lo místico transforma un camino de la pasión; cada tema es una coincidencia del diálogo con el poema y la reflexión crítica y por lo mismo es un hallazgo del lenguaje y la presencia de la poesía como centro móvil de ésta. Paz es heredero de estos dos poetas y lo sabe mirar y escribe como un apasionado de sus temas y deja sentir el eco de ese ritmo que es parte del idioma para establecer la unidad que aspiran a reflejar en sus propios poemas.

Admirablemente lo dice Graciela Palau de Nemes: “Entre Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Octavio Paz existe una afinidad de carácter estético trascendental. La poesía de los tres es una poesía de lo erótico, estilizada hasta convertirla en máxima expresión lírica de belleza. La poesía de los tres representa una búsqueda metafísica por el camino de los sentidos”. Darío es el fundador; Juan Ramón Jiménez es dueño de una señal delatora, cuando coincide con el nicaragüense, y su estudiosa agrega: “el amor y la belleza son los dos polos de la vida y la obra de ambos”, y no conforme con esto sentencia: “La belleza es sensualidad sublimada en ambos”. Paz es el autor que termina por llevar a cabo el resumen entre lo que son aquellos y por donde deriva su escritura interpretativa. Lo hace con brillo y del idioma se sirve para mirar estos y aquello y dejar sus reflexiones ya que recuperan los temas como continuidad y les da un aire de vigencia irrefutable.

Del poeta mexicano dice Palau de Nemes: “Va más allá que Darío en la emoción metafísica del verso. Se le puede comparar mejor con Juan Ramón, aunque no haya llegado hasta donde éste. Paz necesita reafirmarse como hombre a través de su poesía”. Es decir, el poeta mexicano por su condición de ensayista antepuso intereses personales y resaltar la vigencia de Rubén Darío.

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