Rafael Calderón
Conmemorar la fundación de la Universidad Michoacana
Lunes 16 de Octubre de 2017
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La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo ha contribuido de manera decidida al florecimiento de grandes escritores que han llevado al escenario nacional con su nombre el estudio y la creación de una literatura sobresaliente, destacando por sobre los demás el género de la poesía. Lo que la confirma, desde su centenaria fundación hasta la fecha, en cuna de poetas, que les congrega y les nutre, lo que impregna a la ciudad de Morelia de cantos y odas, y la convierte, además de ser una de las más hermosas del país, en el “lugar ideal para poetas”, como lo ha dicho Marco Antonio Campos, quien también confirma que la Universidad es espacio “progresista”. Es decir, su presencia configura “la ciudad de la poesía”. Como recordar hoy en día que la Universidad Michoacana ha recibido distinguidos visitantes como el caso de Alfonso Reyes, testimoniada por dos discursos y las cuatro conferencias que dictó en ésta, las cuales se transformaron en su obra El deslinde. Las conferencias datan del año 1940 y los dos discursos, leídos en el Colegio de San Nicolás, de los años 1939 y 1953.

La Universidad Michoacana para el año de 1953 le otorgó a Alfonso Reyes el Doctorado Honoris Causa es bueno recordar que se paseará su espíritu intelectual por los pasillos de la Universidad.
La Universidad Michoacana para el año de 1953 le otorgó a Alfonso Reyes el Doctorado Honoris Causa es bueno recordar que se paseará su espíritu intelectual por los pasillos de la Universidad.
(Foto: Héctor Sánchez)

La elocuencia del tiempo transcurrido, aunque hoy en día ya es historia y se extiende por la vida nacional y en virtud de que la Universidad Michoacana para el año de 1953 le otorgó a Alfonso Reyes el Doctorado Honoris Causa es bueno recordar que se paseará su espíritu intelectual por los pasillos de la Universidad. Por su elevada elocuencia confirma que su temple y visión ensayística, su plena madurez intelectual, permiten oírle seguro con lo que dice. En el Colegio de San Nicolás pronunció el 9 de mayo de 1953 el siguiente discurso: “Con permiso de los excelentísimos señores gobernador del estado, secretario de Educación Pública, ex presidente don Pascual Ortiz Rubio y demás autoridades presentes, quiero especialmente dirigirme al señor rector y a los señores catedráticos del Claustro. Cuantos hemos recibido de esta ilustre Universidad Michoacana los títulos con que vuestra generosidad ha querido premiarnos y estimularnos, estamos pensado ahora mismo –confundidos de gratitud y arrobados– en los muchos timbres de gloria y de tradición que ostenta esta casa, heredera de los venerables recintos de San Nicolás y aún de Tiripetío, allá donde el grande escolástico renacentista fray Alonso de la Veracruz, el amigo de fray Luis de León, trajo un día, con las auroras de la materia Salamanca, algunos de los primeros libros que llegaban a la Nueva España.

“Quienes hemos tenido la suerte de profesar, siquiera pasajeramente, en estas aulas, evocamos los días transparentes, de grata compañía y fecundo trabajo, que hemos pasado en la tierra michoacana: tierra impregnada de sabores vernáculos, cuna y teatro de proezas y de ideas trascendentales para la formación nacional, pintoresca y gustosa, maestra del buen trato y de la dulcería mexicana, aromada de cafetales, amena orilla de pescadores que perpetúan el misterio secular de sus danzas y llevan a los usos diarios un inefable soplo artístico, coqueta en su suelo y en su cielo, lugar de cita para todos los colores y encanto de la naturaleza, refrescada de episódicos lagos donde la geografía misma parece que quiso dar asueto al espíritu.

“Nos inclinamos, reverentes, ante las grandes sombras –héroes y pastores de pueblos– evocadas por los nombres mismos que presiden o rondan los ámbitos de esta tradicional casa de estudios; el padre Hidalgo, radiosa estrella de la patria, imagen del varón virgiliano que lo mismo empuña arado y espada, dulce instructor de oficios humildes y graciosos, poeta entre las abejas y las vides cuya hazaña fue vertiginosa como el vuelo de un ave y cuya inmolación aseguró la victoria, a manera de aquellos sacrificios propiciatorios de que nos habla la leyenda, y el obispo Vasco de Quiroga, quien, con sus fundaciones, quiso aclimatar entre nosotros aquel anhelo utópico que, a la sola aparición de América, se apoderó el pensamiento europeo; aquel que con la arcilla de nuestra gente comenzó a modelar un mundo mejor bajo las inspiraciones de Tomás Moro y de Juan Luis Vives, doctores de la esperanza humana.

“Inspirados en tamaños ejemplos, hoy que los destinos vacilan, hoy que las brújulas han perdido el concierto y el odio Leviatán de Hobbes pretende agredirnos por ambos flancos, juntemos nuestras voluntades para salvar lo que hay que salvar: el legado de las culturas y la dignidad de las personas”.

Para esta ocasión habló Alfonso Reyes al recibir el Doctorado Honoris Causa. Así se expresó el ensayista y teórico de la ciencia de la literatura.

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