Rafael Mendoza Castillo
Necesidad de conciencia crítica y de sujeto
Lunes 9 de Octubre de 2017
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Inicio estas reflexiones con el pensamiento crítico de Carlos Marx: “Sólo cuando el hombre haya reconocido y organizado sus fuerzas propias en cuanto fuerzas sociales y, por consiguiente, la fuerza social no se separe de sí en la forma de fuerza política, sólo entonces se habrá realizado la emancipación humana”. Esto es cierto porque en México el poder político se ha separado de la voluntad popular donde reside la soberanía.

Los terremotos del mes de septiembre revelaron muchas cosas. Dentro de esas revelaciones se encuentra la necesidad de ser sujetos y la necsidad de conciencia histórica. Esto permitió que la sociedad civil manifestara una solidaridad realmente humana con las víctimas de los sismos (del sistema y de la naturaleza). Pero también revelaron esos acontecimientos el camuflaje, la máscara de “humanitario” del sistema económico neoliberal. Nadie cree que sean actos humanitarios cuando Peña Nieto da un beso a un niño o un anciano. Son actos de traición al pueblo.

El discurso político dominante de la derecha y ultraderecha prianista cada día nos dice, por la vía del duopolio televisivo comercial, qué pensar, qué decir, qué oír, qué ver, a dónde asistir y dónde hablar.
El discurso político dominante de la derecha y ultraderecha prianista cada día nos dice, por la vía del duopolio televisivo comercial, qué pensar, qué decir, qué oír, qué ver, a dónde asistir y dónde hablar.
(Foto: TAVO)

Por otro lado, los hechos mencionados mostraron la necesidad de construir otro sistema político, otro modelo económico; es decir, otra relación o formación social fundada en lo humano y no en el número, lo cuantitativo que todo lo destruye, incluidos nosotros. Recordando que lo humano es irreductible a las condiciones que hoy impone la oligarquía neoliberal y donde la cantidad es la medida de todo lo que existe en lo social y lo natural.

Es necesario cuestionar algunos conceptos que hoy son utilizados por el poder de dominación y explotación, tales como la doctrina, la ideología, el discurso y los paradigmas. El primer concepto se refiere a todo aquello que debe ser enseñado, lo que ya está elaborado, basta aprenderlo sin discusión. En el caso de la ideología se entiende como toma de posición que cualquiera tiene respecto a los problemas de la sociedad, pero también se comprende como una imagen deformada del mundo, que oscurece el pensar.

En relación con el discurso, éste se entiende como una formación mental orientada a convencer, a persuadir, no a mostrar la verdad o hablar con razón. Los paradigmas tienen que ver con esquemas totales como tipo de pensar que predomina en una época. Todos estos conceptos se convierten en pantallas que bloquean la posibilidad de pensar. Veamos.

Decía el fundador del psicoanálisis que nuestras sociedades hoy en día se valoran con tres raseros: el poder, la riqueza y el éxito. Nosotros le agregamos la explotación. El poder de dominación se ha convertido en una invención perversa que domina y atrapa la voluntad del otro, lo anula y lo mantiene como obediente y al margen de las decisiones históricas.

La acumulación de riqueza en 30 familias mexicanas trastoca los valores humanos básicos de la existencia social, natural y de pensamiento. La riqueza obra como la aspiración máxima del ser y éste permanece sido, como un hecho cualquiera. La riqueza, entonces, enmascara a la praxis histórica como acción que transforma el mundo, del ser colectivo e individual. Este último y su virtud práxica se revelan como efectos mecánicos de la riqueza. De esa forma la política aparece monopolizada por el Estado y la partidocracia. En los sismos recientes la sociedad civil rescató a la politica como acción constituyente.

El éxito, a velocidad, modela lo yoico del ser. Como lo yoico va a velocidad, desaparece la idea de comunidad del ser. El ser yoico se paraliza en sí mismo y cultiva su propia imagen, vive exclusivamente para ella (narcisismo) y los semejantes dejan de existir en su óptica llena de sí.

El discurso del poder del sistema político mexicano es yoico y fundamentalista. Aquí aparecen los dogmas neoliberales como el achicamiento del Estado, reducción del gasto público, privatizaciones y desregulaciones. El controlador del poder tiene solamente una dimensión del país, de la nación, de la vida, de la existencia y, por tanto, la historicidad se debe encaminar por una línea exclusiva de desarrollo capitalista depredador: la verdad está en el fundamento macroeconómico, siempre en favor de la oligarquía; los demás discursos permanecen en el error.

El fundamentalismo macroeconómico y yoico solamente escucha a los que coinciden con su proyecto depredador, de desarrollo demencial, desigual y delirante. Y es delirante porque su dimensión única, completa, se basa en una concepción del mundo superideologizada, donde su ser es indivisible y cree poseer la razón y el sentido de la historia.

Su elección macroeconómica neoliberal y la concepción ideológica, discursiva, doctrinal y paradigmática que le subyace, constituye una “verdad” en sí misma, ante la cual la realidad social carece de sentido; de hecho, ésta no existe para los integristas del poder político, hoy en manos de la derecha prianista y de la oligarquía financiera.

El discurso político de la élite gobernante, misma que usurpó el poder del Estado mediante fraudes electorales, se adueña de la verdad, de la vida, de la historia, y conduce el rebaño a la riqueza, al éxito, y pretende colocar al país en el primer mundo. Sus argumentos no se fundan en la verdad histórica (como mediación entre los hombres y el mundo), sino en la ley de la fuerza policiaca y militar y en la enfermedad del poder: el autoritarismo fascista y nazi (totalitarismo).

El discurso político dominante de la derecha y ultraderecha prianista cada día nos dice, por la vía del duopolio televisivo comercial, qué pensar, qué decir, qué oír, qué ver, a dónde asistir y dónde hablar. Su mecanismo de funcionamiento interno es excluir el discurso o la palabra de los otros. Así, el discurso político prianista y sus paradigmas neoliberales, se encanta con el orden social vigente, injusto y depredador, y todo aquello que pretenda construir otro orden, otra opción histórica, diferente al suyo, es descalificado, asesinado, excluido y nombrado como enemigo de su proyecto. Identificado el enemigo, sólo queda un paso hacia la muerte del otro. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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