Alejandro Vázquez Cárdenas
Fanatismo y política
Miércoles 4 de Octubre de 2017
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Primero vayamos a la popular y razonablemente confiable Wikipedia para una definición de lo que es fanatismo. “Actitud o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz en defensa de una idea, teoría, cultura, estilo de vida, etcétera. El fanático es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones”.

Ahora bien, el fanatismo lo podemos encontrar en el terreno del deporte, en pasatiempos, en una moda pasajera, entre los seguidores del artista de moda. Hasta aquí, nada del otro mundo, pero donde muestra su peligro es en la religión y en la política; son miles, quizá millones, las agresiones y asesinatos en el nombre de un dios o de una ideología.

El fanatismo lo podemos encontrar entre los seguidores del artista de moda
El fanatismo lo podemos encontrar entre los seguidores del artista de moda
(Foto: Cuartoscuro)

Víctor Frankl describe al fanático con dos rasgos esenciales: la absorción de la individualidad en una ideología colectiva y el desprecio de la individualidad ajena. El conocido filósofo y enciclopedista francés del siglo XVIII Denis Diderot afirmó que “del fanatismo a la barbarie sólo media un paso”, y la experiencia mundial lo ha confirmado siglo con siglo, pues es en la barbarie donde con más facilidad y soltura se mueven los fanáticos. Al fanático no le interesa el orden ni las ideas racionales; para el fanático el pueblo debe mantenerse al margen del conocimiento y convenientemente indignado y desinformado, más bien, mal informado, para pescar en río revuelto. El recurso de acusar de todo a un enemigo difuso (“la mafia del poder”) es muy conveniente.

Otra de las características del fanático respecto a sus injusticias que inevitablemente comete es disfrazarlas de necesarias y justificadas. Para ello necesita una prensa cómplice que defienda, sin pudor alguno, cuanta insensatez se le ocurra al líder.

Un detalle que a muchos les puede resultar extraño: el fanatismo tanto político como religioso puede ser compatible con la serenidad y presenta, no pocas veces, convincentes señales de

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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