Alma Gloria Chávez
Hablemos de un hombre honrado
Sábado 30 de Septiembre de 2017
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Con gratitud hacia todas las personas sencillas que en “el cada día” nos dan ejemplo de responsabilidad, compromiso y honradez.

El señor Rodolfo afirma que “no tuvo escuela” porque a él, como a tantos de nuestros mayores, se le hizo creer que solamente quienes acuden a un centro escolarizado obtienen conocimientos de la vida. Sin embargo, él no puede negar los saberes que ha obtenido durante su propia existencia, basados además en probada experiencia.

Quienes conocen afirman que la educación se adquiere en la cuna, y el señor Rodolfo Alcalá Chávez es, sin duda, un producto de lo que fueron su padre, su madre y otros de sus mayores. De ellos, con toda seguridad, aprendió que cada día es una suma de esfuerzos, que la mejor satisfacción resulta de lo que se obtiene con cierta dificultad y perseverancia, que los problemas pueden resolverse y que en la medida de nuestras fuerzas y capacidades podemos apoyar a las personas que lo necesiten. Y por demás está decir que de sus mayores también recibió ejemplos vivos de respeto y rectitud, aún ante la adversidad. ¿Cómo, si no, don Rodolfo aprendió a transmitir todo eso a hijos, hijas y nietos?

Aspecto del Centro Histórico de Pátzcuaro
Aspecto del Centro Histórico de Pátzcuaro
(Foto: Especial)



En los tiempos que corren suele suceder que, ocupados como estamos en pensar y realizar las actividades cotidianas, que llegan a convertirse en actos mecánicos, metódicos, o casi reflejos, dejamos pasar por alto instantes, momentos, personas y actitudes que muestran con sencillez y claridad la bondad y la generosidad que resultan la materia prima de todo y de todos en la vida. Porque seguramente a todos y todas, desde la infancia, se nos alentó a buscar y cultivar esos dos elementos que abren la puerta a una vida disfrutable.

Pues bien, resulta que conforme el tiempo avanza, cada uno de nosotros nos percatamos de que a cada momento estamos dejando pasar oportunidades para agradecer: instantes y personas excepcionales que de alguna manera llegan a tocar nuestra existencia. Instantes en que la vida se expresa de una forma diferente, personas que teniendo un oficio de lo más sencillo, dan muestra de dignidad a toda prueba y ofrecen, sin distingos, su bondad y su generosidad sin esperar nada a cambio. Así como lo vemos en el señor Rodolfo Alcalá, a quien conocemos desde hace décadas atendiendo su modesto oficio que se materializa en cosas bellas, buenas y sabrosas.

Como tantas personas en el país (el 40 por ciento, afirman datos de los años 90), don Rodolfo no tuvo oportunidad de terminar los estudios básicos, porque desde muy joven empezó a contribuir con su trabajo en la economía familiar. “En términos laborales (mencionan instituciones como el INEA), por lo menos el 85 por ciento del rezago educativo se encuentra en la economía informal. Son hombres y mujeres que llegan del campo a los centros urbanos. Son varones que contribuyen con sus oficios a sacar de apuros a los centros urbanos. Son mujeres que viven del autoconsumo. Ambos venden u ofertan objetos, comestibles y servicios. Todos ellos generan sus propios trabajos, de los que viven y a veces prosperan durante su vida”.

Sobre ellos o gracias a sus modestas actividades, descansamos los demás. A pesar de no tener educación básica, lo que saben, en lo que se ocupan, el oficio que desarrollan, nos da identidad y nos permite la convivencia en comunidad.

El señor Rodolfo, desde años (47 para ser exactos), cuando aún no cumplía los 30 y luego de ocuparse en otros oficios, emprendió un negocio propio alentado por su esposa: la venta de frutas de temporada y raspados de hielo con sabores diversos (siendo de su autoría los afamados “diablitos”), que ha ofertado desde entonces en un artesanal carrito de madera ingeniosamente adaptado con varios compartimientos y con dos ruedas de goma que se traslada, empujado por su dueño (hasta hace poco tiempo), cada día, de cada mes y a lo largo de todo el año, salvo muy contadas ocasiones, desde su domicilio en un barrio cercano, hasta el espacio en que obtuvo autorización, justo en medio de dos edificios históricos de nuestra ciudad: el Museo de Artes e Industrias Populares y el Antiguo Colegio Jesuita.

Este sitio, además de histórico (ha sido declarado Zona de Monumentos), resulta un lugar privilegiado, desde donde se puede observar parte de la plaza principal, algunos de sus portales y casonas coloniales; los familiares tejados de barro rojo y la calle de Ibarra, que corre en línea casi recta, hasta la falda del Cerro del Estribo. Y cuando alguien observa, desde la plaza grande hacia su lado Oriente, siguiendo la Cuesta de don Vasco, la mirada se topa con la silueta del señor Rodolfo y su carrito de frutas, como integrados al panorama. Desde ese “su” puesto, también ha aprendido a ofrecer las orientaciones emergentes a los muchos visitantes que recibe nuestra ciudad.

Al señor Alcalá le han llegado a conocer muchas generaciones de alumnos de las escuelas del lugar, así como vecinos, familias de distintos barrios que vienen especialmente a buscar sus productos, o visitantes llegados del estado, del país y de otras regiones, allende las fronteras. Algunas agrupaciones y clubes de servicio del municipio le han entregado reconocimientos.

Don Rodolfo Alcalá Chávez ha sido en esta ocasión propuesto para ofrecerle, en un espacio tan cercano a él: el Museo de las Artes y Oficios de nuestro pueblo –el que alberga lo mejor y más representativo de la gente sencilla, laboriosa y creativa de la región–, un modesto reconocimiento por lo que su persona encierra: el ciudadano humilde, responsable y esforzado que ama y cuida el espacio donde desarrolla su oficio, el vecino solidario que brinda ayuda desinteresada, el que hace de la democracia una práctica natural y sin alardes. El ser humano que ha mantenido inquebrantables sus principios y su fe, para continuar prodigándolos entre los suyos.

El Museo de Artes e Industrias Populares del INAH: su dirección, su personal todo, en el marco de los festejos del 483 aniversario de que recibiera Pátzcuaro el título de Ciudad de Michoacán, hace votos para que el señor Rodolfo Alcalá Chávez, rodeado de sus seres queridos, viva muchos años más, recibiendo las muestras de aprecio, afecto y agradecimiento por el oficio que bien desempeña; entendiendo que ha sido con su mejor esfuerzo que lo ha logrado, con el apoyo y acompañamiento de su familia, que hoy también aquí se encuentra.
Palabras ofrecidas en el acto de reconocimiento al señor Alcalá, el miércoles 27 de septiembre.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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