Estrellita M. Fuentes Nava
In the name of dog
Viernes 29 de Septiembre de 2017
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Ya he confesado en artículos anteriores que soy fanática de los perros, y que los he tenido por decenas desde pequeña, en su mayoría adoptados. Bajo el influjo de esta sintonía me ha llamado poderosamente la atención y además me ha regresado un sentimiento de esperanza en la humanidad en estos días que he visto en la Ciudad de México a los rescatistas volcados no sólo por ayudar a las personas atrapadas entre los escombros, sino también a las mascotas, e incluso celebrar por ello. Esta empatía indudablemente evoca los sentimientos más nobles cuando en contraparte observamos la labor tan fantástica de los perros adiestrados por la Marina para la búsqueda de las víctimas de desastres, como es el caso de Frida, la perra labrador que en su historial lleva más de 50 personas y cuerpos rescatados y que ha participado en numerosas misiones no sólo en el terrible terremoto reciente de la Ciudad de México, sino también en el de Haití, en las explosiones de Pemex y muchos más.

In the name of dog
In the name of dog
(Foto: Especial)



Frida pertenece a la Unidad Canina de la Marina Armada de México y fue asignada a la misión de rescate en la Escuela Enrique Rébsamen, una primaria y secundaria del sur de la Ciudad de México que se desplomó en el reciente terremoto. Estos animalitos son seleccionados y entrenados desde cachorros con una férrea disciplina que conlleva horas de entrenamiento a diario para poder hacer binomios con sus humanos guía. Ataviada con sus gafas, botitas y arnés especiales, gracias a su olfato y a la capacidad de entrar por espacios reducidos, Frida ha sido sumamente útil en las tareas de salvamento, al igual que más de los de su especie.

Otro elemento que me llama la atención es que a pesar de la vapuleada imagen que se tiene en general de las fuerzas castrenses en México, en lo que refiere a la Marina Armada, ésta parece salvarse del resto y elementos como Frida los vuelven figuras más humanas, creíbles y cercanas a la gente; ello es un claro ejemplo de cómo darle un “spin” (giro) favorable a la imagen pública en situación de crisis, en los términos del argot del marketing político. De hecho, hace tres días la perrita visitó las oficinas del Excélsior para una entrevista (obvio que era para sus superiores) y las redes se volcaron para felicitarla, y también para hacer notar lo agotada que lucía, pidiendo que la dejaran descansar.

Platicando hace días con un conocido cuyo familiar trabaja en la Secretaría de la Marina, me comentaba que ella duerme en un pabellón privado, separada del resto de los canes, que tiene rango de oficial, que lleva una dieta muy especial y que este tipo de animales, cuando llegan a su edad de retiro (generalmente a los ochos años), lo hacen con honores y suelen ser adoptados ya sea por su cuidador o por oficiales de alto rango. Yo la cuidaría como oro también si fuese de la Marina, porque Frida se ha convertido en un verdadero icono de las redes sociales a raíz de este terremoto, ya que en medio del dolor y el desánimo por tanta corrupción es un símbolo de esperanza, altruismo y amor incondicional. Su fama se ha extendido incluso en otros países como en Japón, donde ya la llaman Marina-chan por el letrero de la Marina que porta en su chaleco (como comunicóloga se me ocurre incluso una gira internacional para promover a las Fuerzas Armadas de México, con esta perrita por un lado y recaudar fondos en aquel país para los damnificados. Eso sería un hit).

Y honor a quien honor merece: pienso también en los animalitos que no sólo han dado la vida en las tareas de salvamento, sino también en aquellos que han brindado su servicio a la ciencia como la perrita Laika, enviada al espacio en 1957 por los rusos, antes de enviar a un ser humano; los perros de los experimentos de Iván Pávlov, quien desarrolló su teoría del estímulo-respuesta; los que actualmente asisten a personas con enfermedades ya sea degenerativas o mentales que corren peligro de atentar contra su vida o la gran ayuda que brindan a las personas invidentes. De hecho, recientemente, en un hospital de Madrid, ya se permite la entrada de estas mascotas en el pabellón infantil para animar a sus dueños, los niños convalecientes. Por supuesto están Alondra, Eco, Evil y varios canes más que rescataron a personas en estos días en la Ciudad de México.

Es sorprendente ver ahora cómo a través de las redes sociales se sumaron no sólo quienes ofertaron ayuda a los damnificados, sino también a las mascotas: desde movilizar a la opinión pública para auxiliar a animalitos atrapados entre los escombros, las personas de buen corazón que rescataron a cuanto perro, gato, loro y hasta tortugas pudieron y los albergaron en sus casas, la capacidad de quienes se organizaron para encontrar a sus dueños, los que donaron croquetas y también los que voluntariamente se ofrecieron para brindarles atención veterinaria gratuita. Todo eso me dio esperanza porque somos el segundo país con mayor número de perros en situación de calle en América Latina, con 23 millones de ellos.

En el noticiero televisivo de Denisse Maerker de las 22:30 horas de este lunes 25 (justo a la hora que escribo este artículo cuando ya tenía el tema en mente), una chica daba un testimonial tras el rescate de su mascota, y decía que lo material como fuera se recuperaba, pero que su gatita era irremplazable ya que la había acompañado en sus horas más oscuras, y lo mismo dijeron de sus mascotas otros entrevistados: los consideran parte de la familia.

En algún lado leí que los perros son los maestros espirituales del amor incondicional porque los puedes ignorar, abandonar, dejar sin alimento, incluso maltratar, pero ellos jamás dejarán de sentir alegría y su vínculo estrecho y amoroso con sus amos, sean éstos como sean. No les importa si uno se traslada a pie o en coche del año, si se es rico o pobre, si uno viste de marca o no, les da igual. Para ellos lo importante es gozar del momento y de la compañía de sus humanos amados y los buscarán hasta debajo de los escombros como en el caso del brutal terremoto reciente, o los acompañarán hasta la tumba como lo hemos atestiguado en cientos de fotografías de perros echados sobre las tumbas de sus amos esperando sus días finales también.

En inglés la palabra “dog” se lee al revés como “God”, quien es la suma del amor absoluto e infinito. Ojalá que el ejemplo de Frida y los demás canes que dan su vida por nosotros los humanos nos vuelva más sensibles al dolor que pueden sentir estos animalitos, lo cual es la antesala en torno a la construcción de la otredad, superando el cerco que nos impone nuestro ego, así como poder evocar sentimientos y empatía con cuanto ser vivo nos circunda y al planeta mismo, todo ello crucial para nuestro resurgir como humanidad.

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