Julio Santoyo Guerrero
Desbordados de fraternidad
Lunes 25 de Septiembre de 2017
A- A A+

Al fin ha encontrado la sociedad mexicana una causa noble, legítima por donde se le quiera ver, para entregarse a ella sin reservas, apasionadamente, sin el ruido del prejuicio politizador, liberadora de toda duda moral y gratificante para el espíritu. Ha encontrado la causa perfecta para desencadenar toda su fuerza propositiva en aras de salvar vidas y ayudar a los demás.

No puede haber mejor causa, libre de sospechas sobre el origen de la necesidad, auténtica en el sufrimiento, del que cada mexicano toma una parte, y catártica frente a la caída de las credibilidades que sumían a los mexicanos en el escepticismo y la desconfianza. Cómo no creer en el dolor, en el miedo y en el heroísmo colectivo protagonizado por quienes jamás buscarían ser protagónicos ante una tragedia nunca deseada.

Los sismos han funcionado como un gigantesco despertador. Han despertado los mejores valores de los mexicanos, los que son y serán el sustento de la crítica aguda de los vicios de la vida política nacional.
Los sismos han funcionado como un gigantesco despertador. Han despertado los mejores valores de los mexicanos, los que son y serán el sustento de la crítica aguda de los vicios de la vida política nacional.
(Foto: TAVO)

Al paso de los días y de los hechos ha quedado claro que se puede desconfiar de algunas instituciones –no de todas–, de algunos políticos, de algunas personas, pero no de la pasión desbordada de mexicanos que desinteresadamente tienden la mano para atenuar el dolor y reconstruir a México. Ha quedado claro que los reduccionismos y los maniqueísmos son demasiado cortos para explicar la grandeza moral de este país que ha emergido de la catástrofe.

La energía social que se ha liberado se traducirá, como ya ocurrió en 1985, en fuerza social movilizada y en modificación de la conciencia social y política. La participación ciudadana en el replanteamiento del funcionamiento de las instituciones es, de entrada, uno de los puntos centrales de la agenda postsismos. La eficiencia y transparencia en su actuación serán juzgados de cara a las respuestas dadas ante cada minuto de la tragedia.

Temas novedosos que se habían introducido en el sistema político mexicano, como la reelección, habrán a ser revalorados por la ciudadanía, que podrá en muchos casos mirarla como una decisión afrentosa de cara a las ineficacias demostradas frente a la tragedia, en la misma perspectiva como se está dando el cuestionamiento al financiamiento de los partidos políticos en contraste con las necesidades que enfrentan los mexicanos víctimas de la tragedia.

El desbordamiento de la generosidad no viene solo, es también el desbordamiento en la crítica social. Los sismos no han derrumbado sólo casas y edificios y se han llevado vidas, también han derribado credibilidades de toda naturaleza y se han llevado carreras políticas de todo el espectro de la partidocracia e incluso de los movimientos sociales y de organizaciones no gubernamentales. Todo lo que tenía que funcionar para bien de la sociedad y que no lo hizo pagará el precio de sus omisiones y simulaciones.

La reconstrucción de la credibilidad ahora tiene un parámetro bastante claro y práctico: la entrega desinteresada de los mexicanos de a pie. Si el mundo de la clase política no entiende esto, debe considerarse absolutamente rebasada. Si los ciudadanos pudieron y se desbordaron de solidaridad, fraternidad y entrega, lo menos que ellos pueden exigir desde este ejemplo es una conducta semejante o mayor a quienes pretenden liderazgos políticos, a quienes buscan conducir las instituciones de la República.

Los sismos han funcionado como un gigantesco despertador. Han despertado los mejores valores de los mexicanos, los que son y serán el sustento de la crítica aguda de los vicios de la vida política nacional. Si la caída de las incredulidades ha tocado fondo cuando los mexicanos se encontraron con lo mejor de sus valores, hay esperanza de que la construcción de las nuevas credibilidades se edifique desde abajo con la acción comprometida, con acciones ejemplares que deben tocar a todas las instituciones, sacudiéndolas, depurándolas, renovándolas.

México se ha desbordado, esa generosidad, no me cabe duda, tocará las rutas del cambio que al país le urgen y que tanto se han reclamado y que tanto se han pospuesto. La energía de los sismos convertida en energía social desbordada es lo que estamos presenciando ahora. ¡Que sea para bien de todos!

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

De la abdicación a la imprudencia

No avivemos la hoguera

¡No puede ser de otra manera!

Simplismo y eficacia

El gobierno de Fuente Ovejuna.

El sindicato de Elba Esther.

Protagonistas de piedra

Carta al gobernador Silvano Aureoles

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!