Viernes 22 de Septiembre de 2017
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Sonó la alarma del celular de un alguien que estaba en la oficina aquí en Morelia y de inmediato reconocí lo que escuchaba: era una alerta sísmica. Mi vista se fijó en el techo y aún no sucedía nada, todo parecía estar en calma. Continué atendiendo a mi cliente en turno: una señora adulto mayor y con andadera que apenas podía caminar. Estaba contándome su pena porque un hijo se apropió de un local y no le quería ayudar a pagar el recibo del agua. De repente sentí la primera sacudida. Este martes en particular estábamos al tope de clientes, y en segundos el local se vació. El miedo me hizo reaccionar y quise correr también, pero decidí ayudar a la señora a levantarse de la silla y a salir de ahí aunque fuese pasito a pasito. Fuimos las últimas.

Con esta terrible sacudida nos hemos dado cuenta de quiénes tenemos realmente el poder: somos nosotros, el colectivo, los mexicanos, los amigos, los solidarios, los voluntarios, los que oramos, los que no perdemos la fe en que nos levantaremos de esta.
Con esta terrible sacudida nos hemos dado cuenta de quiénes tenemos realmente el poder: somos nosotros, el colectivo, los mexicanos, los amigos, los solidarios, los voluntarios, los que oramos, los que no perdemos la fe en que nos levantaremos de esta.
(Foto: TAVO)



Las opiniones al día siguiente no se hicieron esperar: “Licenciada, usted se hubiera salido mejor porque ella traía a un nieto fortachón que la pudo haber sacado…”. En realidad no lo vi así. Fue un minuto en el que medí mi prioridad y no quise dejar a la mujer atrás. Pero lo mío no es nada comparado con las miles de historias que estamos atestiguando a través de los medios y las redes sociales de los esfuerzos solidarios que se están haciendo de manera anónima en la Ciudad de México para sacar a los atrapados entre los escombros, abrir sus casas para dar refugio, preparar comidas para los voluntarios, comprar alimentos y medicinas, prestar sus coches, ofrecerse como paramédicos, rescatistas o médicos. De un momento a otro nos hemos vestido de héroes. Ese es el verdadero México, el que es noble, generoso, solidario; el que da al otro sin importar quien sea. Por unos días se han borrado las barreras de las clases sociales o de las afiliaciones políticas.

Y hablando de políticos, qué bueno que se han quedado callados. En estos momentos a cualquiera que la quiera hacer de fantoche se le echarían encima. Este terremoto sacudió algo más que las estructuras de los edificios, sacudió el alma y el psique de nosotros los mexicanos, nos sacó de nuestro letargo en el que sólo a través de redes con un clic nos solidarizábamos. Y no sólo eso, perdón que lo mencione pero esto tendrá una repercusión sin precedentes en las tendencias de cara a la elección de 2018: con la experiencia tan reciente de una movilización amplia y ordenada, en la que nos demostramos a nosotros mismos que somos capaces de trabajar en equipo, resolver nuestros problemas de manera coordinada, hacernos de nuestros propios recursos para ayudarnos entre todos y que no necesitamos de “ellos”, los del discurso añejo, las mafias políticas y las estructuras caducas. Será sin duda un parteaguas de aquí al momento de emitir nuestro voto y en adelante, y ya ese sentir se está dejando ver a través de la campaña en redes de no más gastos de campaña, sino de orientar ese recurso al que ahora lo perdió todo. Ese es un deseo muy legítimo de la voluntad popular, que tendrá que traducirse sin duda en los financiamientos a los partidos políticos. Esa voz se escuchará cada vez más y más alto y tendrán que escucharnos.

Les hemos dado chance y les hemos prestado el poder por un rato, pero con esta terrible sacudida nos hemos dado cuenta de quiénes tenemos realmente el poder: somos nosotros, el colectivo, los mexicanos, los amigos, los solidarios, los voluntarios, los que oramos, los que no perdemos la fe en que nos levantaremos de esta.

Las profecías hablan no sólo de la destrucción, sino también de una nueva era. Quizá sea un mito, una fábula, una manera de explicarnos nuestro origen y nuestro destino, pero lo cierto es que serán nuevos tiempos en los que como humanidad elegiremos si deseamos preservar nuestra existencia o terminarnos de aniquilar; elegir entre el camino de la vida y el amor al prójimo, o el del odio y la separación. Ojalá los mil años de paz de los que también hablan los libros antiguos lleguen muy pronto para quedarse, y que este parto doloroso llegue ya a su fin…#FuerzaMexico.

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