Rafael Calderón
Pedro Garfias, 50 años después
Lunes 18 de Septiembre de 2017
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Retomemos la presencia de Pedro Garfias. La siguiente parada en la poesía que está visible por un poema suelto y el primer título publicado fuera de su país. El poema es “Entre España y México” y el primer libro singularmente único de su trayectoria es Primavera en Eatan Hastings de 1939. Con éste consagra su presencia en el mundo hispano y le sigue el de la amargura o la soledad: Río de aguas amargas. El primero, su lectura es obligada y uno de los poemas que mejor presenta el tema del exilio y que lo representa para el resto de su vida; su canto, que no deja de estremecer entre el recuerdo del país al que ya no regresa y surge el recibimiento de brazos abierto en México por la política implementada por el general Lázaro Cárdenas, y decir que este poema tiene de fondo ese legado de la libertad. Es el inicio de una etapa nueva o diferente: la “España que perdimos, no nos pierdas”, “y tú, México libre, pueblo abierto/ al ágil viento y a la luz del alba…”. Es el hilo delgado entre una patria nueva y recodar del oro que quedó atrás.

Pedro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años
Pedro Garfias murió hace 50 años en Monterrey, Nuevo León, el 9 de agosto de 1967, a la edad de 66 años
(Foto: Archivo)

El latido del mar está presente: volver o no volver, la encrucijada que finalmente se impone como presagio del retorno que no fue posible. Esa luz del alba es un camino que forja la ilusión de la patria: “¡Oh vieja y nueva España!” y como como se ha dicho: “Son palabras de amor y llenas de amor a su nueva patria”; captan la esencia de su estilo: la belleza, el amor, el hombre, el tiempo y el universo y como dice José Fuentes Mares: “No en vano la síntesis poética es una fórmula prodigiosa de bien, de belleza y de verdad”, refiriendo el poema que, sin embargo, su autor escribió antes de pisar tierras mexicanas y frente a Veracruz, pero a bordo del barco Sinaia.

La primera estrofa de Primavera en Eaton Hastings inicia con la suerte metafórica que en sí es inconfundible: el canto inicial impone con una realidad que se conecta con la primavera: “Porque te siento lejos y tu ausencia/ habita mis desiertas soledades/ qué profunda esta tarde derramada/ sobre los verdes campos inmortales”. Es la voz recobrada de antaño, aquella que se había olvidado y retoma su lugar para contribuir a la revelación del lenguaje que es revolución con la metáfora: un estilo maduro e imponente.

Al momento que escribe estos versos es un poeta dueño de su propia personalidad. Pleno de sus poderes literarios, sabe que sus poemas van a romper fronteras para expresarse en la lengua española con esa doble condición del fuego que encierra el verso y lo revela como un torrente que surge de un manantial de imágenes que lo nutren por sus recuerdos andaluces, que perfila con estilo y con propiedad literaria.

La lectura de esta obra –la mayor de su poesía– se reconoce bajo el efecto de su estructura, el ritmo de sus imágenes y la sonoridad del lenguaje. Un título que bien es un poema extenso y de largo aliento. Por 1939, en Inglaterra, escribe Primavera en Eaton Hastings. Temas como el destierro significan la apertura que tiene que ver con su capacidad contemplativa, describir un potencial que solamente guarda antecedentes con su primera colección de poemas. Ahora se remonta a la época ultraísta y avanza con esa individualidad. Aquel es su mejor antecedente y esta obra la fuerza que muestra que ha madurado. Su autor dice que es un poema bucólico con intermedios de llanto y en realidad son dos intermedios y el primero corresponde al llanto sobre una isla y, el otro, es la noche con estrellas. Antes y después están visibles esos itinerarios que son por su efecto el registro de la soledad como recuerdos flexibles sobre la primavera que es el centro principal de las estaciones del año.

Es una visión del mundo que crece con el dolor con naturalidad y por vez primera se intuye que está solo y esa soledad que sale a flor de piel. Es un primer camino que profundiza hasta llegar a la obra plena de su lírica: Río de aguas amargas. “Su visión del mundo crece –Walquiria Wey– en profundidad y dolor, y sentimos que la naturaleza, ese espejo de comunicación poética, debe ser vista con ojos más agudos y experimentados, hasta arrancar la expresión justa para sentirnos nuevos y dolorosos. Nuevas experiencias, nueva expresión”. Es por su expresión la escritura meditada, ausente del país que lo vio nacer, pero registra la fuerza andaluza que lo caracteriza a la hora de escribir poesía. Los endecasílabos asonantes en Primavera en Eaton Hastings son su mejor carta de presentación.

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