Gilberto Vivanco González
VIVILLADAS
Dreamers… sueños truncados
Viernes 8 de Septiembre de 2017
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Quienes llegamos a pensar que Donald Trump habría dado su brazo a torcer en cuanto al cumplimiento de las promesas de campaña, estábamos equivocados. Ante el bajo índice de popularidad y de aceptación que tiene entre la ciudadanía, el mandatario estadounidense ha tenido que retomar dos de sus posturas que más críticas tuvieron, pero que al mismo tiempo le retribuyeron aprobación de los electores que, sobre todo, se identifican con el ala conservadora representada por los republicanos: la construcción del muro (pagado por México) y la desaparición del programa DACA, que hasta ahora ha protegido de la deportación a miles de jóvenes indocumentados conocidos en Estados Unidos como dreamers, que significa “soñadores”.

Los “soñadores” son aquellas personas que entraron al país vecino del norte siendo menores de edad y de manera ilegal, ya fuera solos, acompañados de sus padres o ayudados por ellos si ya estaban asentados en el país. Eran niños sin permiso para residir en dicha nación pero que pudieron inscribirse en escuelas primarias o secundarias. Al acercarse la mayoría de edad se enfrentaban a necesidades como cursar estudios superiores, buscar un trabajo, tener un permiso de conducir, pero a menudo se enfrentaban con el inconveniente de no poder conseguirlo por la falta de papeles. También vivían con la amenaza constante de ser deportados, pero Barak Obama, en 2012, lanzó el programa para protegerlos de la deportación y concederles permisos de trabajo. El permiso tenía vigencia de dos años y era renovable. El programa ha beneficiado a 787 mil 580 jóvenes indocumentados. Para acceder al plan, esos jóvenes tuvieron que probar que habían llegado a Estados Unidos antes de los 16 años, que no tenían antecedentes penales y que cursaban estudios de educación secundaria o en la universidad. Los inscritos pudieron frenar su deportación, obtener permiso de trabajo y en muchos estados una licencia de conducir.

Los “soñadores” son aquellas personas que entraron al país vecino del norte siendo menores de edad y de manera ilegal, ya fuera solos, acompañados de sus padres o ayudados por ellos si ya estaban asentados en el país.
Los “soñadores” son aquellas personas que entraron al país vecino del norte siendo menores de edad y de manera ilegal, ya fuera solos, acompañados de sus padres o ayudados por ellos si ya estaban asentados en el país.
(Foto: Cuartoscuro)



Con la medida de Trump se deja a casi 800 mil jóvenes en riesgo de ser desterrados, a menos que el Congreso del país impulse finalmente una reforma migratoria, situación que se observa más que complicada porque ni el propio Barak pudo conseguirlo. Hoy, estimulados por el triunfo republicano y con una actitud xenofóbica agravada, todo indica que los seis meses que se dieron de tolerancia deberán ser suficientes para buscar y encontrar otros caminos, otros mecanismos, que limiten el impacto multifacético del decreto inhumano que ha sido repudiado por organizaciones civiles y por personalidades de la política, la ciencia, de la cultura y hasta del mundo empresarial y tecnológico, como es el caso del fundador de Facebook.

En el presente, un 46 por ciento está actualmente estudiando y, de ellos, un 83 por ciento, de los dreamers por supuesto, también trabaja, según un estudio del Center for American Progress, un centro de pensamiento considerado progresista. Según ese estudio, al poco de recibir los beneficios del DACA, el seis por ciento de los jóvenes iniciaron un negocio, una iniciativa que incluye desde empresas de tecnología a portales de venta de artesanías en Internet, pasando por compañías de asesoramiento para la preparación de la declaración de impuestos. En total, el 91 por ciento de los beneficiarios del DACA actualmente está trabando, una cifra que aumenta a un 93 por ciento entre aquellos mayores de 25 años, según datos del mismo centro. La buena noticia es que dichos jóvenes son gente de bien, estudiosos, productivos y que además no han tenido infracción alguna o mal comportamiento, se sabe porque de alguna manera u otra están monitoreados. La mala noticia es que el gran pretexto para Trump, quien dice amarlos (sic) es que están quitando trabajo y oportunidades a la fuerza laboral de su país; dice que son desplazados por culpa de los dreamers, pero no dice que éstos son mucho más eficaces que los propios estadounidenses y que si en estos momentos hubiera un deportación masiva habría un colapso económico ya que su aportación es significativa y redituable para los hijos del tío Sam.

Gracias a la eficiencia de los “soñadores” y al programa, se ha tenido un efecto positivo en sueldos para ellos, pues el salario medio se ha incrementado en un 69 por ciento al pasar de 10.29 dólares por hora a 17.46. Después de recibir el DACA los jóvenes experimentaron importantes mejoras laborales, ya que un 54 por ciento consiguió un empleo que encaja mejor con su formación, mientras que otro 56 por ciento accedió a un puesto con mejores beneficios sociales, como por ejemplo cobertura médica. El impacto de la medida pega considerablemente en varias direcciones: en el propio país comandado por Trump, en los “soñadores” y en su familias, en gran parte del territorio mexicano y desde en Michoacán, entidad que se caracteriza por ser exportadora de miles y miles de trabajadores llamados braceros.

La medida anunciada por Trump sorprendió considerablemente ya que se esperaba que hubiera alguna reconsideración o que se implementara de inmediato un programa alternativo, pero no fue así, por el contrario, Donald instó al Senado de su país para que busque una solución en seis meses, en caso de creerlo pertinente, pero siendo honestos dudamos que ello suceda. Alguna oportunidad habría si la cámara de comercio estadounidense, la secretaría de trabajo y otras instancias, puntualicen las consecuencias negativas que la medida tendrá en su propio país, de no encontrar alguna alternativa viable tememos que gran número de dreamers estarán finalizando su sueño para adentrarse a una terrible pesadilla.

La gran mayoría de dreamers son de ascendencia mexicana, por lo que llegarían a México, o a otro país latino, siendo expulsados de la nación que los vio crecer, que los educó, que les dio trabajo, cultura, que les dio su idioma, y entre dudas e incertidumbre retornarán a su país de origen, un país que les negó lo que encontraron en otro suelo aún siendo hijos de migrantes indocumentados. De retorno a México se sentirán extraños en su propia tierra y solos donde deberían estar acompañados.

Las autoridades mexicanas, incluidas las michoacanas por supuesto, señalan que estamos listos para recibirlos, para validar sus estudios, para ofrecerles trabajo, para apoyarlos en todo porque no estarán solos. Las interrogantes serían: con la sobrepoblación que hay en universidades, ¿realmente hay capacidad para aceptarlos y para que no entren a la estadística de profesionistas desempleados?, ¿existen empleos suficientes y bien remunerados para miles y miles que pudiesen regresar a estas tierras?, ¿existe seguridad de que los dreamers, al regresar, tengan la tranquilidad que el vecino país les ofrecía, cuando los que vivimos aquí no contamos con ella? La verdad, ni México está preparado para recibirlos, ni ellos para regresar, su vida daría un giro de 180 grados, no para progresar, sino lamentablemente para retroceder. La medida de Trump es inhumana, populista y xenofóbica, ojalá antes de seis meses aparezca un rayo de esperanza.

Librado Rivera, político, periodista y maestro potosino, exclamó algún día: “Si fuera la patria como una madre cariñosa que da abrigo y sustento a sus hijos, si se les diera tierras y herramientas para sembrar, nadie abandonaría su patria para ir a mendigar el pan a otros países donde se les desprecia y se les humilla”. ¿Así o más claro?

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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