Gilberto Vivanco González
VIVILLADAS
La lluvia
Viernes 1 de Septiembre de 2017
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Las lluvias son una bendición para el campo, para la producción agropecuaria y para múltiples actividades de la vida; por lo tanto, deberíamos congraciarnos al ver el fenómeno de la precipitación, que es un componente más del ciclo del agua junto con la evaporación, la condensación, la filtración y el escurrimiento; no obstante, lo que en un primer momento llena de alegría, de esperanza y hasta de contacto con la naturaleza, porque hay quienes disfrutan danzar, cantar, correr, gritar y hasta acariciar bajo la lluvia, al caer en exceso, al tocar tierra cual cántaros de agua, suele provocar preocupación, angustia, destrucción y hasta la muerte. Nada extraño porque a final de cuentas los dos rostros de la existencia son el vivir y el fallecer, lo importante es lo que pase en su intersección.

No hay país, estado, ciudad o pequeña población que pueda ser ajeno ante cualquiera de las consecuencias del fenómeno natural que el hombre veneró desde inicios de su existencia, creando deidades, ritos, mitos y hasta sacrificios para pedir su bondad o misericordia; otros fenómenos naturales causaron asombro y temor en nuestros ancestros, todos ellos reflejo de la madre naturaleza, tan inestable hoy, como tanto lo ha provocado el hombre por sus deseos de sacar el máximo provecho de ella y dejar inconscientemente a las próximas generaciones en una encrucijada por su propia sobrevivencia.

Hasta el momento ni la ciencia tan avanzada ni la tecnología ilimitadas han podido reproducir con atingencia absoluta la más franca rosa o la más insignificante espina; luego entonces, ¿quién pudiera crear un mundo nuevo, tan construido a la necesidad total del ser humano? Un mundo creado donde se pudiera controlar la cantidad de agua para el abasto, para la producción, para la sobrevivencia; un mundo preciso donde el vital líquido corra con la exactitud que se requiere en ríos o en mares o en depósitos para los hogares. ¿Quién pudiera fabricar un cielo como el que aún tenemos y que está en espera de poder ser cuidado y atendido porque se ha deteriorado peligrosamente, aunque a simple vista no lo vemos, no lo ven nuestros ojos pero nuestro cuerpo poco a poco reciente las consecuencias de ello? Recordemos que las enfermedades son avisos tristes de lo que hemos ignorado.

En la actualidad la lluvia ha desenmascarado a gobernantes ineptos y corruptos que juegan a engañar al pueblo construyendo caminos, puentes, calles y carreteras de pésima calidad a costos estratosféricos
En la actualidad la lluvia ha desenmascarado a gobernantes ineptos y corruptos que juegan a engañar al pueblo construyendo caminos, puentes, calles y carreteras de pésima calidad a costos estratosféricos
(Foto: Ernesto López Servín)


Así es la naturaleza, bella y espectacular, pero también puede ser castigadora e implacable… por ello debemos consentirla, por ello necesitamos cuidarla, la lluvia es parte de ella. Dichas tormentas han significado mucho en la historia del hombre, en su estilo de vida, en sus costumbres y en su cultura, puede identificarse en múltiples representaciones y nombrarse de distintas maneras, pero sigue siendo simplemente lluvia: se llamaba Tláloc (o Tlálloc) entre los nahuas, entre los mayas se le conocía como Chaac (o Chaahk), para los zapotecos era Cocijo (o Cociyo), los mixtecos lo llamaban Dzahui (o Savui), los totonacas Tajín (o Aktsini). En toda Mesoamérica había tantos nombres de dioses como idiomas o culturas. Tláloc, al que mejor conocemos, tenía al menos 26 advocaciones, cada una relacionada con su naturaleza o con sus funciones.

No sólo en Mesoamérica se veneraba al Chaac de los mayas, ya que en varias partes del orbe lo consagraban a la vida, a la fertilidad y desde luego al caos; por ejemplo estos son los nombres que recibía la lluvia en otros lugares: Paryania, hindú; Seth y Ternuf, egipcio; Heimdall, nórdico; Chuquilla, antiguo Perú; Ino iroqués; Iskur, mesopotámico; Anansi, de África occidental y el Caribe; Freyr y Heimdall, nórdico; Shenlong, chino; Ukko, finlandés; Zeus, griego; Júpiter, romano; Mari, celta. En cada uno de los territorios le temían y respetaban, y de acuerdo a su cultura y costumbres organizaban festividades que llegaban a durar semanas en dicho jubileo, como el caso de los aztecas, de los mayas en México o de los incas en Perú.
Nadie duda que la mitología griega es fascinante, su dios máximo, su dios soberano era Zeus, pero, ¿quién era este dios que influyó no sólo en la cultura helénica, sino en otras regiones del mundo y que a la vez también era vinculado a la lluvia y a sus prodigios?

Zeus era hijo de los titanes Crono y Rea, es el dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos; su nombre significa `brillante´ y se le considera padre de los dioses y de los mortales. No fue el creador de las razas divina y humana, era su padre, en el sentido de protector. Zeus es el dios del firmamento y sus fenómenos, como la lluvia, el trueno y el rayo; sus títulos aluden a esto: Ombrio (Llovedor), Urio (Viento Favorable), Astrapé (Relampagueador), Bronton (Atronador), Georgos (Agricultor). Su arma principal era la Égida, su ave, el águila, su árbol, el roble. Zeus tiene parte en el destino de los mortales; tenía en su palacio dos jarras, una contenía los bienes y otra los males; normalmente sacaba alternativamente una y otra para cada hombre, pero en ocasiones saca sólo bienes o sólo males, con lo que el destino del mortal puede ser extraordinario o funesto. Los romanos identificaban a Zeus con Júpiter y asignaban al dios romano los atributos de la divinidad griega, pero en el culto se mantuvo esencialmente libre de la influencia helenizante. Como protector de Roma se lo llama Júpiter Optimus Maximus ("el mejor y más alto"); como Júpiter Fidius era guardián de la ley, defensor de la verdad y protector de la justicia y la virtud.

Es fascinante lo que en la historia representa dicho meteoro, en la mitología con Zeus y Poseidón, en la religión con el pasaje del Diluvio, en la arquitectura con los jardines colgantes de Babilonia, en las ingeniería con los perfectos diques y desagües de ciudades perfectas como la propia Tenochtitlan, entre muchas otras relevancias.

En la actualidad la lluvia ha desenmascarado a gobernantes ineptos y corruptos que juegan a engañar al pueblo construyendo caminos, puentes, calles y carreteras de pésima calidad a costos estratosféricos; asimismo descubre la falta de cultura en múltiples ciudades al convertir en basurero lo que puede ser jardines y avenidas limpias y transitables ya que al estancarse el agua provoca serias inundaciones, al descubierto con la lluvia queda la pobreza de miles de seres humanos que no tienen techo o lo tienen de baja calidad. La lluvia es un fenómeno natural tan maravilloso como aterrador, puede bendecir pueblos o destruir ciudades, da vida pero también la quita. La lluvia, igual, nos permite identificar cómo somos, qué hemos dejado de hacer, qué sentimos, qué disfrutamos y en qué proporción respetamos o amamos la naturaleza, o en qué tanto nos hemos corrompido en varias directrices. Recapacitemos sobre ello.

De Reflexiones sobre un día de lluvia extrajimos lo siguiente: “Cuando llueve nos embarga un sentimiento de tristeza, melancolía, reflexión o alivio. De acuerdo con nuestra naturaleza y al momento de nuestras vidas que estemos atravesando”. Hoy, ¿cómo sientes la lluvia?

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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