Arturo Alejandro Bribiesca Gil
¿Presidencialismo o parlamentarismo?
Viernes 1 de Septiembre de 2017
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Mucho se ha hablado sobre el agotamiento del presidencialismo mexicano, sobre todo desde la alternancia, que dejó ver que nuestro diseño institucional produce presidentes débiles, con más obligaciones que facultades. Eran los poderes metaconstitucionales que empezaron a menguar en la última década del siglo XX los que daban la fortaleza a la silla presidencial.

Por casi tres décadas han existido diversas discusiones u opiniones, más técnicas y jurídicas que políticas, que han planteado la necesidad de un nuevo sistema de gobierno que permita superar los escollos actuales de nuestro presidencialismo. Algunas voces acreditadas han hablado sobre avanzar a un sistema parlamentario, partiendo de ideas de
Juan Linz, otras más se han pronunciado por replicar el modelo semipresidencial francés; también las hay de quienes apuestan por mantener el sistema presidencial actual con adiciones, tales como gobiernos de coalición y mayor corresponsabilidad en nombramiento de funcionarios, entre otras (esta postura es la que ha dominado el ambiente político hasta la fecha), y finalmente hay algunas ideas más complejas, como la de Giovanni Sartori, quien en su texto Ingeniería constitucional comparada (1994) habla de un sistema de gobierno con dos motores, que bautizó con el nombre de presidencialismo alternativo o presidencialismo intermitente, o sea, a veces el sistema es presidencial y a veces es parlamentario, dependiendo de qué motor esté prendido.

Mucho se ha hablado sobre el agotamiento del presidencialismo mexicano, sobre todo desde la alternancia, que dejó ver que nuestro diseño institucional produce presidentes débiles
Mucho se ha hablado sobre el agotamiento del presidencialismo mexicano, sobre todo desde la alternancia, que dejó ver que nuestro diseño institucional produce presidentes débiles
(Foto: Cuartoscuro)



Teniendo como base esta idea de Sartori, retomo de mi colaboración anterior lo dicho sobre eclecticismo ideológico, que ilustre con palabras del presidente francés Macron, quien dijo: “Ni izquierda ni derecha, sino izquierda y derecha”. Para ahora decir yo: “Ni presidencialismo ni parlamentarismo, sino presidencialismo y parlamentarismo”.

Aterrizaré la propuesta de base sartoriana, mexicanizada por un servidor, de la manera más concreta posible, al tenor de lo siguiente:
seis años es mucho tiempo para un gobierno paralizado por la falta de acuerdos políticos, sin apoyo del Poder Legislativo y en general sin resultados visibles, pero también es muy poco tiempo para un gobierno dinámico, con base social y política, que esté entregando resultados (aunque la idea no sea compartida por todos pero sí por muchos).

Partiendo de dicha premisa es que se propone que en los primeros quince días de iniciada cada Legislatura intermedia, los diputados decidan si el Ejecutivo federal, en sus casi tres años de ejercicio, ha dado resultados o no, necesitando un mínimo de 300 votos para determinar la falta de productividad del gobierno en turno. Si la votación fuera contraria al presidente en turno, en los siguientes quince días el Congreso tendría que formar un gobierno de coalición que cumpliera con el periodo constitucional original, que entraría en funciones el 1º de diciembre inmediato.

De contar el partido en el gobierno con una cifra superior a los 200 diputados, difícilmente podría operarse la caída del régimen, por lo que debemos entender esta elección parlamentaria intermedia como un referéndum sobre la continuidad o no del gobierno en funciones.

Obviamente que esta situación puede generar intereses políticos perversos, pero ¿no creen que un gobierno que no puede generar el apoyo de 201 diputados carece de habilidad para hacer acuerdos y por ende para sacar adelante el país?

Ahora bien, así como opera esta propuesta para acabar con el mal gobierno anticipadamente, también se acompaña del otro lado de la moneda, que es la continuidad de un buen gobierno. Un gobierno que logre superar la barrera de la elección parlamentaria intermedia merece poder aspirar a una reelección parcial por sólo tres años.

Sólo podría aspirar a la ratificación o a la reelección un gobierno emanado de elección popular directa, no así el de origen parlamentario.

Con esta propuesta podríamos tener presidentes de tres, seis y nueve años, dependiendo de su habilidad política y gubernamental, así como de su eficacia y eficiencia.

Como lo señalé previamente, esto es presidencialismo y parlamentarismo con predominancia presidencial. Debiendo puntualizar que la propuesta nace con la firme intención de que el motor parlamentario funcione excepcionalmente, pensando que la sola posibilidad latente de su entrada sea aliciente suficiente para que tengamos un mejor gobierno de corte presidencial.

Otro sí. Este próximo 3 de septiembre se cumple un año de mi primera colaboración en este importante medio de comunicación. Gracias infinitas al licenciado Vicente Godínez, al inefable Samuel Ponce y a mi estimado Jaime Martínez.

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