Viernes 25 de Agosto de 2017
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“Si algo le puede hacer daño al PRI es desdoblarse hacia la derecha, como le sucedió al PRD, que con sus alianzas electorales con sus opuestos se diluyó y fortaleció otra opción, Morena. El PRI está obligado históricamente a desdoblarse hacia la izquierda, como un partido progresista, no un grupo conservador. De ahí la importancia de la postulación de un candidato. Si el candidato que resuelva el PRI es de carácter conservador, no laico y gira a la derecha, el PRI perderá su esencia”.

La visión de don Manlio es parcialmente correcta o parcialmente incorrecta, según como lo queramos ver. Efectivamente, el PRI está obligado a desdoblarse hacia la izquierda, como atinadamente señala, pero también a la derecha sin que esto sea algo malo ni para el partido, mucho menos para la nación. Porque el PRI y cualquier partido que desee gobernar bien y para todos debe abstraerse de ideologías cerradas que no acepten el revisionismo ni la conjugación de políticas de otro corte ideológico.

Meade y Manlio. Esta fórmula sería un genial pacto político.
Meade y Manlio. Esta fórmula sería un genial pacto político.
(Foto: Cuartoscuro)

La ciencia política moderna y la tendencia internacional nos enseñan que el siglo XXI es el siglo del desdibujamiento de ideologías puras, porque el ejercicio del buen gobierno está encaminado a brindar mejores condiciones a los más posibles y no a tener razones teóricas o a desarrollar grandes líneas de pensamiento político. En otras palabras, la idea es ser pragmáticos en el mejor sentido de la palabra, por un bien común.

Lo dijo Macron en Francia: ni izquierda ni derecha, sino izquierda y derecha. Esta postura la podemos entender como una ideología ecléctica que, basada en el pragmatismo, busca brindar satisfactores reales a la sociedad sin importar cómo se logren estos. Obviamente dentro de cauces éticos y legales.

Aclarando. Izquierda y derecha no es necesariamente equiparable a una visión de centro. Centro puede ser conjugación moderada de políticas de ambas ideologías, mientras que la visión ecléctica es conjugación sin moderación.

Regresando a México. Es importante destacar que las declaraciones de Beltrones fueron vistas por infinidad de opinólogos (profesionales, no amateurs como un servidor) como un veto en contra de José Antonio Meade, aspirante in pectore a la candidatura presidencial. Veto que de ser cierto puede pesar en la decisión final por el capital político de quien las emite, pocos políticos sin cargo o representación formal tienen el peso de don Manlio.

Manlio representa al priismo tradicional, al priista de a pie, al que no quiere tener como candidato a una persona que nunca ha militado en el otrora partido hegemónico.
El riesgo que corre el PRI al contender con un candidato sin identidad partidista es que por tratar de ganar un electorado que le es ajeno y hasta renuente, pierda una parte fundamental de votos que hoy por hoy son suyos. Sería cuestión de una ponderación profunda que pudiera dar claridad a si se termina ganando más de lo que se pierde.

Caso contrario sería si se cierra con un candidato tradicional, como lo puede ser Osorio Chong o Beltrones. Además de su voto duro difícilmente conectarían con otros segmentos del electorado. Si bien es cierto que en una elección pulverizada como parece que será la próxima presidencial, pudiera bastar ese voto base, yo no me confiaría solo en esa estrategia.

Manlio coordinaría la campaña de Meade para robustecer la identidad priista
Manlio coordinaría la campaña de Meade para robustecer la identidad priista
(Foto: TAVO)



El eslabón perdido que necesita el PRI para levantarse victorioso en 2018 no es una persona, sino una formula. Una fórmula que garantice ampliar su espectro de votación sin el menoscabo de identidad que pudieran sentir las bases.

Meade y Manlio. Esta fórmula sería un genial pacto político. Manlio coordinaría la campaña de Meade para robustecer la identidad priista, y a la par se le anunciaría como el próximo secretario de Gobernación, mientras que el candidato Meade generaría confianza en quienes tradicionalmente rechazan al PRI y hasta en militantes de otros partidos.

Esta dupla sería formidable en el ejercicio de poder. El presidente Meade pudiera dar la mayor atención posible a la política exterior, económica y energética del país, la cual conoce ampliamente, pues ha sido secretario de Relaciones Exteriores, de Hacienda y de Energía; mientras que el secretario Beltrones podría dedicarse con plena libertad y autoridad a la gobernabilidad, su gran fuerte, la construcción de acuerdos. Un mejor México es posible con esas bases.

En fin, sólo espero que don Manlio, tan abierto al tema de las coaliciones, también está abierto a coaliciones al interior de su propio partido.

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