Rafael Calderón
EL DELITO DE LOS SUEÑOS
Lucía Rivadeneyra: “Cuenta la estoria”
Lunes 21 de Agosto de 2017
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A la manera de los clásicos castellanos y con la relación de los hechos quiero hacer hincapié sobre un tema que muy poco se habla, y cuando se ventila, es una respuesta al tiempo transcurrido o sencillamente se calla para siempre. Lo que voy a registrar es que Lucía Rivadeneyra –nuestra poeta mayor dentro de la tradición lírica michoacana– llega a la edad brillante: ¡seis décadas de vida! Su trayectoria encierra un camino dividido entre la poesía, el periodismo, la vida universitaria y su presencia sucede activamente entre la vida pública y su poesía. Por esto he elegido “cuenta la estoria” para rememorar a la manera de el Cantar de Mio Cid su lugar en la tradición de la poesía mexicana. Inicio recordando el nombre que le otorga presencia: aquel acto que refrendó desde la capital del país, hace 28 años, cuando publicó el primer volumen de poemas con el título Rescoldos. Entonces, jovencísima, registra que en adelante firmara como Lucía Rivadeneyra y este es el heterónimo que inventa, reinventa su literatura o es la composición de su firma ulterior. Con este acto, por su condición de poeta, se suma a esa legión de autores mexicanos y latinoamericanos que firmaran sus versos con la composición del heterónimo y es el que termina por ser reconocido para nombrar su identidad literaria.

Lucía Rivadeneyra
Lucía Rivadeneyra
(Foto: Especial)

Prosigamos: Rivadeneyra, un par de años antes de que termine el siglo XX, deja salir el que será su segundo libro En cada cicatriz cabe la vida. Un lustro más tarde vuelve al rodeo y el acto de la palabra se consagra con Robo calificado. Sin dejar de estar presente pero con el amor profesado al poema, esa suerte de la pasión por el periodismo, la actividad académica y la búsqueda de una voz madura, el año de 2007 publicó una antología personal que se llama Rumor de tiempos para consagrar su espléndida realidad lírica acumulada hasta entonces.

Hay que seguir la senda de su vida que queda determinada por esa fuerza que indaga con el verso, con la minucia del leguaje y que es pasión, erotismo, seducción (al mismo tiempo); se vuelve testimonio de una realidad con la vida, el amor y el desamor.

Llega finalmente el año 2017 y publica una plaqueta: lanza el acometido de una escritura y rompe el silencio que ya acumulaba una década. Está presente con ese título que ahora llama De culpa y expiación donde determina la travesía de un periodo que le permite celebrar su existencia con un lenguaje coloquial y de lo cotidiano.

Para celebrar la poesía en su caso es subir o bajar según sea la posición en que se encuentre o decir la voz colmada o calmada, la voluntad lírica, la suerte de una amistad que nutre del lenguaje por esos temas que la obsesionan: están presentes la importancia del ritmo, el sonido de la palabra, la sonoridad profunda y perdurable y propia del efecto de imágenes. Un tema tan añejo como hacerse responsable de lo que dice, cómo lo expresa y ver temas como el erotismo que encarna pasión y revela la presencia de los contrarios entre el hombre y mujer, por ejemplo.

Es Lucía Rivadeneyra el tipo de poeta que exige ir al encuentro de su metáfora, reconocer el significado de lo que su voz expresa, y que el oyente precisa y reconoce lo que trasmite. Aprovecha las minucias de la comunicación activa, y por esto sorprende al lector a la menor provocación. Por su condición exigente es que publica poco: suma cinco títulos, un centenar de poemas y estos no rebasan las 300 páginas; pero está presente en antologías de la poesía mexicana y en la ciudad donde nació es adorada por una legión de lectores. El resumen de esta prueba es la siguiente identidad o señal: nació bajo el signo de virgo el 26 de agosto de 1957 en la calla el Suspiro, esquina con Amargura, del Centro Histórico de la ciudad de Morelia. Vive desde siempre en la Ciudad de México. Cada que puede, su dicho, es que amenaza con retornar a Morelia y que de ésta nunca se ha ido.

El año de 1987, con sus primeros poemas ganó un premio nacional de poesía joven de México que lleva el nombre de Elías Nandino; en 1998 otro premio con el nombre de Enriqueta Ocho y, más tarde, sus poemas la asocian literariamente con el poeta cocodrilo Efraín Huerta. Así su vida; así la poesía. Hay que celebrarla por sus primeros 60 años de vida; por ser una de las tres o cuatro poetas más sobresalientes de la actual poesía mexicana.

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