Estrellita M. Fuentes Nava
Viejo PRI, ¿nuevo PRI?
Viernes 18 de Agosto de 2017
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Enrique Peña Nieto, Presidente de México, encabeza la 22 Asamblea Plenaria Ordinaria del Partido Revolucionario Institucional, en el Palacio de los Deportes.
Enrique Peña Nieto, Presidente de México, encabeza la 22 Asamblea Plenaria Ordinaria del Partido Revolucionario Institucional, en el Palacio de los Deportes.
(Foto: Cuartoscuro)

El fin de semana pasado el PRI llevó a cabo su XXII Asamblea Ordinaria, en la cual, para posicionar su mensaje político, desplegó varias estrategias, como la concentración de sus aproximadamente 16 mil participantes y cuadros provenientes de todo el país, la realización de mesas de trabajo para discutir los temas torales para el partido, la presencia de su jefe máximo, como lo es el presidente Enrique Peña Nieto, así como el paseíllo de aquellos a quienes los analistas hoy ven como los probables para contender en las próximas elecciones del 2018: los secretarios Miguel Ángel Osorio Chong, José Narro Robles, José Antonio Meade y Enrique de la Madrid.

Desafortunadamente el PRI enfrenta hoy una verdadera crisis de credibilidad como nunca se había visto en años atrás por las terribles denuncias de corrupción (a las que se suman las recientes acusaciones de los sobornos de la empresa Odebrecht al ex titular de Pemex, Emilio Lozoya), así como por los índices de reprobación en torno a la imagen presidencial. Sin embargo, pareciera que el discurso oficial de dicho partido se traslada ahora a la arena de lo ciudadano, y así lo plasmaron en sus documentos emanados de las mesas de trabajo. Por ejemplo, en la mesa nacional temática sobre la “declaración de principios”, reconoce que “la ciudadanía es la protagonista de la revolución de nuestros días, que se expresa en la transformación tecnológica, en cambios relativos a las formas de comunicación, en los métodos productivos y de organización, en la interrelación de la sociedad, su participación y convivencia. Así es en México, así es en el mundo”. Y postula que “si la ciudadanía se encuentra en el centro de la vida política del país, en la edificación de sus órganos más emblemáticos, es porque desea ser el gran protagonista de la nación y de la sociedad. De ahí que la tarea fundamental del Estado sea preservar las condiciones que permitan a cada persona desplegar sus capacidades, potenciar la iniciativa y la energía que tiene éste para construir y mejorar su destino y hacer un mejor país” (ver en: http://pri.org.mx/descargas/2017/08/DeclaracioinPrincipios.pdf).

Pero, ¿realmente está el PRI dispuesto a volverse ciudadano?, ¿entienden los que conforman el viejo PRI con sus prácticas amañadas, es decir, los grupos dinosaurios que se niegan a soltar las riendas, y a permitir airear al partido con verdaderas propuestas e ideas innovadoras hechas por y para los ciudadanos lo que significa precisamente un partido que se ciudadaniza? Desde esa perspectiva tendrían que preguntarse qué buscan los ciudadanos hoy. Y no lo digo yo, lo dicen las encuestas y los medios de comunicación: combate total a la corrupción y a la inseguridad, respeto a los derechos humanos, menos pobreza y un mejor medio ambiente, que esto último es un tema cada vez más preocupante y vigente especialmente entre la población juvenil (en 2015 murieron 19 millones de mexicanos por causas atribuidas a la contaminación, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública). Ciudadanizarse también implica vivir en un régimen pleno de democracia en el que el acarreo, las operaciones para la compra de votos, el monopartidismo y los favoritismos, ya no tienen cabida. ¿Están dispuestos a ello?, ¿realmente van a competir en 2018 sin colgarse de los apoyos y recursos públicos para poder convencer al ciudadano de que voten por este partido?

Por otra parte, en los mismos documentos emanados de esta asamblea incorporan un punto relacionado con la corrupción: “Somos un partido que rechaza y combate la corrupción y la impunidad, al tiempo que se pronuncia en favor de la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas, principios que deben observar los miembros del partido cuando ocupan cargos en la administración pública, de elección, o en el ejercicio de tareas al interior de la propia organización partidista”. Siendo así, espero que pronto se haga pública la lista de implicados en los sobornos de Odebrecht y que de verdad se encarcele a quien esté inmiscuido en ello; espero también que ya se sepa la verdad histórica de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, caiga quien caiga; que el presidente y cualquier miembro de su gabinete clarifiquen el origen de su patrimonio de manera total, así como el de sus parejas, amigos, familia y allegados (hay que ampliar los alcances de la Ley 3 de 3); que sienten en el banquillo a todos los que han sido señalados públicamente por su descarada riqueza mal habida y no sólo a los más vulnerables en la larga cadena de favores que sostienen al sistema; que transparenten su agenda y sus acuerdos con los actores de cualquier índole y que sienten un precedente ejemplar para los gobiernos que están por venir.

¿Les preocupa tanto López Obrador? Pues que pongan el ejemplo y se sienten a dialogar y a convivir de verdad con la gente de a pie: que viajen en el metro, o en el transporte público, que dejen de lado a sus súper comitivas, sus Suburban y vallas metálicas que impiden el paso a cualquiera que quiera acercárseles; que reduzcan sus cuentas ostentosas y gastos superfluos, que apliquen los verdaderos principios revolucionarios: justicia para todos, no para unos cuantos; que hagan verdadera labor social desde su alcance personal y no a expensas de los bolsillos del erario público o de las instituciones. Y por favor, les haría bien que muestren un compromiso con el medio ambiente, y traten de reequilibrar las fuerzas por la factura que nos traerá la reforma energética.

También hay que reivindicar a sus líderes seccionales, los que mantienen viva la presencia del partido en las colonias y en las comunidades más alejadas; ellos, los que no tienen a veces ni para la gasolina y que sólo ven pasar las candidaturas a través de personajes sin trayectoria partidista, pero que a pesar de todo no pierden el ímpetu, ni el espíritu o el compromiso, ni las ganas de participar. A ellos, los que cuando los visitas te dicen: “Aquí semos priyistas, y priyistas nos vamos a morir”, no los de la foto, ni los de las comilonas que sólo salen en las revistas de moda.

Hoy la sociedad es otra muy distinta que la de hace 70 años: es más crítica, más activa, más pensante; es una sociedad a la que ya no se le ve la cara tan fácilmente, y que además está indignada. Tiene en sus manos poderosas herramientas de denuncia pública a través de las tecnologías digitales (el Big Brother que llegó para quedarse). A ésta es a la que hay que darle respuesta de manera casi instantánea (a la misma velocidad que las redes sociales) más que de discurso y letras, con verdaderas acciones que se vean reflejadas en su bolsillo y en su cotidianeidad.

No me cabe la menor duda de que el PRI tiene toda la experiencia que le ha heredado el devenir histórico de este país, pero así como ha sido un referente para la construcción de nuevos partidos políticos y sus respectivos liderazgos (porque como dice mi amigo Vicente Maldonado, alias Monsiváis: todos llevamos un priista por dentro), tienen hoy frente a sí la oportunidad de convertirse en un partido que demuestre cómo sí se puede vivir en democracia y equidad, en un régimen absoluto de ética, libre e corrupción y que transparente su actuar, además de que trabaja hombro con hombro para construir un mejor porvenir y no sólo repartiendo despensas para perpetuar las mismas condiciones que les hizo quedarse al frente durante décadas. Créanme que resolviendo esta agenda el ciudadano sin duda volvería a considerarlos. Ya veremos…

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