Alma Gloria Chávez
Pueblos originarios
Sábado 12 de Agosto de 2017
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Este 19 de agosto, en Cherán, varias comunidades indígenas de Michoacán se darán  cita para dialogar en torno a la autodeterminación.
Este 19 de agosto, en Cherán, varias comunidades indígenas de Michoacán se darán cita para dialogar en torno a la autodeterminación.
(Foto: Archivo)

Este 19 de agosto, en Cherán, varias comunidades indígenas de Michoacán se darán cita para dialogar en torno a la autodeterminación.

A nivel mundial las poblaciones indígenas se resisten a desaparecer, mostrando para ello una determinación tan fuerte como sus milenarias raíces. “Resultaría absurdo retroceder cinco siglos en las técnicas de producción pero no menos absurdo resulta ignorar las catástrofes de un sistema que (alejado de la cosmovisión indígena) exprime a hombres, mujeres e infantes, y arrasa los bosques y viola la tierra y envenena los ríos y mares para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor”, señala Eduardo Galeano en su libro Ser como ellos.

Los pueblos originarios llevan siglos explicando que debido a su profunda relación con sus tierras, territorios y recursos es necesario disponer de un marco conceptual diferente a las leyes y normas occidentales para comprender esa relación, así como reconocer las diferencias culturales que existen entre quienes identifican a la tierra como dadora de sustento y quienes sólo la ven como una mercancía. El mismo Galeano afirma: “Las llamadas culturas primitivas resultan todavía más peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común que es también, por extensión natural, sentido comunitario. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos y hacia la tierra vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete?”.

Fue durante la Década de los Pueblos Indígenas que se estableció como fecha el 9 de agosto para tener presente en cada rincón del planeta la deuda contraída desde hace siglos con los pueblos indígenas u originarios, esos que dieron vida y sustento a culturas diversas y extraordinarias, a quienes también se ha denominado en algunos casos “auténticos custodios” de territorios, recursos naturales y bienes patrimoniales materiales e inmateriales.

Dedicar una fecha especial para reconocerles, nombrarles y reflexionar acerca de cómo, a través de la historia de cualquier país, su presencia actual sólo ha sido posible mediante lucha y resistencia permanentes, obliga a realizar esfuerzos denodados y en el terreno del auténtico diálogo para conseguir el pleno reconocimiento a sus derechos y cultura.

En América, los pueblos indígenas siguen siendo despojados por la ambición de quienes explotan y degradan territorios que fueron sagrados: presas, minas a cielo abierto, autopistas, campos de golf, pistas aéreas… fraccionamientos de lujo, centros comerciales y todo tipo de tugurios denominados “resorts”. Expulsan, mediante presiones económicas, compra y asesinatos de líderes, a poblaciones que se reconocen como indígenas y que posteriormente llegan a renegar de serlo.

Como sucede en muchos países del mundo, los mexicanos sabemos relativamente poco de nuestras raíces étnicas, de los pueblos nativos de estas tierras mal nombradas “indias” por aquellos colonizadores que desde la Conquista las situaron en un plano de inferioridad y explotación. Lo terrible y vergonzoso es que aún en nuestros días se continúa reproduciendo ese esquema, provocando que los pueblos y pobladores originarios vivan como exiliados en su propia tierra, renunciando a su lengua, a su indumentaria, a sus tradicionales formas de vida, porque ya no son señal de identidad, sino una marca de maldición.

“La guerra de exterminio planteada contra los pueblos y comunidades fragmentó y desarticuló muchos espacios. Sin embargo, no nos han podido exterminar. Nos han golpeado pero aquí estamos, aquí seguimos. Aquí nos reunimos y nos juntamos las palabras y las historias de muchos para gritarle al poder, a las empresas, a la clase política, que no nos van a vencer. Nuestra luz está viva…” afirmó a una voz el Congreso Nacional Indígena en Nurío, Michoacán, hace algunos años. Rechazando las “ayudas” que algunos gobiernos ofrecen para poder tenerles sujetos o asimilados, rebelándose para no servir de atracción turística mientras se les despoja de tierras y recursos naturales, resistiéndose a firmar documentos amañados que acabarán privatizando territorios.

“Hacemos reuniones, talleres, encuentros, pero también fortalecemos nuestras asambleas, nuestras autoridades agrarias y tradicionales; la lucha en defensa de nuestros maíces, la defensa de nuestros bosques y agua, la lucha contra la certificación de nuestras tierras y los servicios ambientales, ejerciendo una educación cada vez más autónoma… Así lo hacemos luchando contra las mineras, las madereras, los acaparadores de la tierra, contra los grandes empresarios acaparadores de alimentos como la cadena Walmart, contra la privatización de nuestras aguas, contra leyes estatales que quieren legitimar la contrarreforma de 2001… y últimamente, contra quienes por todo el territorio michoacano están envenenando la tierra y los cuerpos de agua con la siembra del famoso aguacate”.

Si bien a lo largo de estos más de 500 años en territorio americano hayan disminuido los homicidios en gran escala de comunidades indígenas, nunca han dejado de cometerse. Ejemplo de ello son, en territorio nacional, los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, de ascendencia indígena mayoritariamente, que fueron asesinados algunos y desaparecidos otros por luchar y defender a las Normales rurales, que brindan una educación más acorde con su identidad y su cultura. Y estos bochornosos hechos, junto a otros bastante selectivos ejecutados contra líderes y representantes de organizaciones y comunidades indígenas que defienden territorio y recursos naturales, se han dado en complicidad con agentes del gobierno.

En este nuevo siglo y desde el corazón de esta nación dolida sigue elevándose la voz indígena que busca su reconocimiento pleno, de manera firme, pero pacífica. Mostrándonos otra forma de hacer política, otra forma de ser autónomos, dignos, íntegros.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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