Rafael Calderón
Pedro Garfias, 50 años después
Lunes 7 de Agosto de 2017
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Para una etapa de la vida de Pedro Garfias a un tiempo radical fueron los años 1936-39. Estuvieron acompañados de sucesos que se volvieron parte de su vida intelectual y de su militancia republicana. Primero dejó atrás el silencio que lo acompañaba desde 1923 y volvió a escribir; con respecto de su poesía, hay que recordar que trece años fueron los que acompañaron su silencio e inmediatamente se enlistó en defensa de la República y participó en el frente de la batalla. Inició a escribir con una diferencia sustancial y sus versos son otros y distintos de lo que había publicado. Durante ese silencio radicó en Osuna y después enraizó en Ecija. En éste lo sorprendió el inicio de la guerra. Inmediatamente pasó al frente de Córdoba. Tres años más tarde, con la derrota republicana, inició el éxodo al extranjero y llegó en 1939 a la frontera de Francia y ese mismo año pasó a Inglaterra, finalmente desembarcó en 1941 a bordo del Sinaia en México.

Es la marca divisoria entre la pérdida de la patria y lejana está la fecha de aquel 9 de agosto de 1967, que es la de su muerte en Monterrey.
Es la marca divisoria entre la pérdida de la patria y lejana está la fecha de aquel 9 de agosto de 1967, que es la de su muerte en Monterrey.
(Foto: Especial)

El periodo 1936-1939 exige una lectura especial su poesía. Es el periodo que permite determinar el alcance de su lírica ya que las consecuencias que para su vida tuvo este periodo permiten encontrarlo en el frente de batalla. Por esto hay que reconocer que el fusil que porta no es propiamente un arma para disparar, sino que su verdadero fusil son sus poemas. Cada poema de ese periodo es resultado de esa experiencia miliciana. Le sigue otra etapa que registra el nacimiento del exilio. En España salieron estos poemas divididos por tres títulos diferentes; antes enferma y se repone. Escribe del dolor físico, asesinatos y la angustia de noticias adversas como la noticia de muerte de Lorca y la pérdida de su madre. Registran estos poemas tres divisiones: Héroes del sur, Consignas del frente y de la retaguardia y Consignas para comisarios, que finalmente integra bajo un todo emblemático: Poemas de la guerra de España. Al inicio del exilio escribe y publica Primavera en Eaton Hastings que, igualmente, son los dos primeros que se publicaron en México.

Estos versos tienen en su línea divisoria el ejercicio de la poesía y por su poesía marca el exilio interior y llega a México, y registra su espacio de acción literaria. Como queda inaugurada con el poema que escribió a bordo del barco Sinaia. Aquel poema con el que desembarca de las aguas marítimas en tierras mexicanas. El poema se llama “Entre España y México”, que nunca en libro alguno incluyó. Pero es hoy día uno de los mejores poemas que del tema del exilio se han escrito.

Los poemas de Poesía de la guerra de España son los que escribe en una época dura, dificilísima tanto para el autor como para la mayoría de los intelectuales de aquellos días que simpatizaban con la causa republicana. Estos registran vivencias de dolor, muerte y de la angustia de ver perdida la patria. Son momentos difíciles como la llegada de la noticia del asesinato de Federico García Lorca (es quien lo invitó años atrás para participar en el homenaje a Luis de Góngora en el tricentenario de su nacimiento). Pedro Garfias escribe de estos instantes con el dolor por delante: sabe que la palabra en el verso es el camino para expresarse.

El poema “A Federico García Lorca” registra el sentimiento del dolor de la muerte. Deja sentir en estos versos un sentimiento de exaltación, pero por dos o tres imágenes determina el homenaje memorable. Ese asombro del lenguaje brilla con el recuerdo de sus versos y se extiende al mundo de la persona. Su primera intención es decir que él también quiere hablarle como ejemplo de un primer paso, recordar lo ya dicho por el poeta de Campos de Castilla y extender esa aurora verbal: “También yo quiero hablarte, Federico,/ con esta ruda voz que ahora me brota/ del mar de mi garganta./ El crimen fue en Granada/. Dijo el maestro Antonio./ Y yo digo: en Granada fue la aurora/ decidida del mundo./ aquella madrugada/ sintió el fascismo resbalar los secos/ gusanos por su entraña./ Muerta estaba la noche, petrificada, lívida,/ muerta la aurora igual que una agua presa…”. La travesía que lo orilla a dejar el país y escribir como respuesta a las interrogantes de la vida está en estos versos.

Otros tres poemas de ese periodo son memorables para su biografía: “Miliciano muerto”, “Habla el pueblo a sus hijos” y “Capitán Ximeno”. Es la marca divisoria entre la pérdida de la patria y lejana está la fecha de aquel 9 de agosto de 1967, que es la de su muerte en Monterrey.

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