Alma Gloria Chávez
Ejercitar la ciudadanía
Sábado 5 de Agosto de 2017
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Muchas veces, donde la burocracia es ciega, la sociedad civil identifica con seguridad y velocidad mayores la necesidad del desarrollo bien planificado.

Carlos Fuentes.


No obstante la importancia de esta Ley de Mecanismos de Participación Ciudadana, debemos reconocer que el ejercicio del voto libre y secreto continúa siendo el instrumento mediante el cual los ciudadanos tienen el poder de manifestar su voluntad y elegir a quienes serán las personas que asumirán la función de representarlos y tomar decisiones a nombre de la comunidad que los elige. Por ello la importancia de continuar trabajando en la conformación de una sociedad cada vez más crítica, reflexiva y responsable.

Actualmente, un gran porcentaje de la población juvenil se encuentra casi ajena a los procesos electorales que se avecinan, con un dejo de escepticismo, desconfianza o de franca indiferencia, en medio del caudal de palabrería y de audaces campañas de desprestigio que se lanzan entre sí los distintos actores políticos. Y obviamente, a sabiendas de que no sólo los personajes que llegan a ser perseguidos por la justicia por todas sus corruptelas, sino también muchos que se encuentran en funciones, se caracterizan por su deshonestidad y el descarado saqueo que realizan de los erarios públicos (nuestros impuestos, pues).

Entendemos que la situación de crisis y desconfianza hacia los distintos partidos políticos es resultado inevitable del resquebrajamiento de algunos grupos de poder (económico y político), además de la permanente lucha de quienes se oponen a las viejas formas autoritarias e injustas de gobernar que han mantenido al país sometido a decisiones entreguistas y rapaces.

Entre la población adulta y Económicamente Activa se viven momentos de expectativa, incertidumbre y muy poca esperanza de poder tomar decisiones con el necesario conocimiento y con mucha responsabilidad… de continuar ejerciendo una ciudadanía a toda prueba: libre, autónoma, civil y ética, carente de dogma o prejuicio.

Seguramente las últimas oleadas de violencia, la permanente crisis económica, la enorme corrupción y la impunidad que rodean a todos esos personajes motivados por la codicia y la ambición; los desaciertos de quienes gobiernan y toman tan erradas decisiones, han llenado a gran parte de esa población adulta de ira, frustración, escepticismo y desánimo. Pero también hay quienes, a pesar de todo, ratificamos nuestros compromisos de continuar trabajando en la construcción de nuevas vías que nos lleven a recuperar el sentido original de la Patria, negado por tantas décadas de infamia e ignominia.

Muchos estamos ciertos de no merecer un país donde unos cuantos estén por encima de todos, donde abunden los saqueos, la discriminación, las arbitrariedades, los asesinatos, las desapariciones y las infamias. El país que deseamos (y merecemos) es aquel donde se reconozca la diferencia y se respete, donde el ser y el pensar diferente no sea motivo para ir a la cárcel o a la segregación, para ser perseguido, para ser desaparecido o para morir.

Merecemos un país donde siempre se tenga presente que, formada por diferencias, la nuestra es una nación soberana e independiente y no una colonia de otra nación.

Cuando se reconozca como sujetos de derechos a los pueblos indígenas, cuando miremos a los otros como diferentes pero complementarios en nuestra vida y sociedad, entenderemos que no hay un “ser en el mundo” particular para nadie,
Cuando se reconozca como sujetos de derechos a los pueblos indígenas, cuando miremos a los otros como diferentes pero complementarios en nuestra vida y sociedad, entenderemos que no hay un “ser en el mundo” particular para nadie,
(Foto: Cuartoscuro)


Entre las tareas pendientes, por ejemplo, resulta urgente continuar exigiendo el pleno reconocimiento de los derechos y cultura indígenas, que es algo que nos permitirá erradicar muchos odios raciales, tomando en cuenta que, contrario a lo que se piensa, el racismo no nace del nacionalismo, sino que es la debilidad del nacimiento tradicional lo que despierta el racismo. Se necesita siempre reconocer la pluralidad de hombres, de pueblos, de posiciones, para que la realidad sea posible.

Cuando se reconozca como sujetos de derechos a los pueblos indígenas, cuando miremos a los otros como diferentes pero complementarios en nuestra vida y sociedad, entenderemos que no hay un “ser en el mundo” particular para nadie, que todos estamos en un mismo mundo mientras este mundo exista… y que podemos crear relaciones de respeto y armonía.

Creemos que en estos tiempos preelectorales debemos apelar a la convivencia, que resulta un frágil equilibrio que vale la pena conservar y que no debemos destruir por dogmatismos, por irresponsabilidad, o en aras de un ideal dudoso. Y aquí es como se pone a prueba nuestra práctica de ciudadanía.

Para nuestro país tan maltratado, más allá de pensar o elegir a quienes puedan representarnos desde las instancias de gobierno, resulta necesaria una labor permanente de desbroce, porque existen en el país tantos prejuicios que, como la mala hierba, conviene echar abajo: actitudes equivocadas que revisar, irresponsabilidades e indolencias tan grandes, que al igual que la pereza mental y la resistencia de quienes no quieren enterarse, ni inquietarse, ni darse cuenta, ni participar, habrá que sacudir. Desde la ciudadanía.

Aceptemos el reto: involucremos a más (sobre todo a los jóvenes) en el ejercicio comprometido y noble de la ciudadanía.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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