Alma Gloria Chávez
Seguridad ambiental
Sábado 22 de Julio de 2017

La sociedad y la naturaleza, desde la perspectiva ecológica contemporánea, están entrelazadas y es imposible separarlas.

Fernando Ortiz Monasterio.

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En Michoacán, la seguridad ambiental se encuentra en estado de alerta, y por ello resulta necesario obtener y ofrecer mayor información al respecto.
En Michoacán, la seguridad ambiental se encuentra en estado de alerta, y por ello resulta necesario obtener y ofrecer mayor información al respecto.
(Foto: Archivo)

En Michoacán, debemos admitirlo, la seguridad ambiental se encuentra en estado de alerta, y por ello resulta necesario obtener y ofrecer mayor información al respecto.

La seguridad ambiental (consideramos quienes algo entendimos mediante los estudios formales y actualmente por la constante alteración de los ecosistemas que nos obligan a aceptar que “el clima y el medio están cambiando y no para bien”) es todo lo que el ser humano debe realizar para garantizar que nuestra relación con la naturaleza se desenvuelva en términos armónicos: con la suficiente comprensión, el respeto y la ética (sobre todo esto último). E indudablemente, con la conciencia de que al romper ese precario equilibrio ponemos en riesgo no al planeta (que bien puede continuar existiendo sin la presencia del ser humano), sino nuestra propia salud y existencia.

Hoy lo incuestionable es entender cómo los seres humanos, en un periodo de apenas unas decenas de miles de años, nos volvimos la especie dominante en la Tierra, y en pocos años, una amenaza para las demás especies, a pesar de la presunción de ser la única especie poseedora de inteligencia.

Tanto en las ciudades como en el campo del México contemporáneo, el deterioro ambiental, la contaminación y la sobreexplotación de los recursos naturales han llegado a tal grado que se ha disminuido ya la calidad del medio ambiente.

Y la actual tendencia de ofrecer (a la venta, renta o concesión) la tierra de cultivo, los bosques, los manantiales, la fauna y la vegetación, además de los recursos mineros y petroleros a empresarios sin escrúpulos o consorcios extranjeros, también pone en peligro inminente al patrimonio natural y cultural de una nación pluricultural, que por este solo hecho funda su principal riqueza.

“La educación ambiental (cita la revista Desarrollo Sustentable de la Semarnat en su número 7, de 1999), llegó tarde al mundo, y a nuestro país, más tarde aún. Pero no por ello debemos cruzarnos de brazos y asumir la actitud fácil de evadir los compromisos y retos que enfrentamos en este rubro”. Diez años más tarde (2009), en Michoacán se organizaron cursos y talleres convocados por la misma Semarnat, con la participación de otras instancias involucradas en el sector ambiental (Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable (Cecadesu), el Centro Regional de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable (Credes Pátzcuaro) y la Unidad Coordinada de Participación Social y Transparencia (Ucpast) del estado e integrantes de organismos de la sociedad civil, teniendo como objetivo “vincular en las acciones ambientales la Declaración Universal de los Derechos Humanos como un asunto pendiente e inaplazable en los programas de desarrollo en los distintos órdenes de gobierno”.

Lo anterior viene al caso, primero, porque entendemos que las instituciones ambientales de este y de cualquier estado del país tienen el insoslayable compromiso de velar por los intereses del pueblo mexicano; y luego también porque como ciudadanos informados y en pleno uso de nuestros derechos, nos damos cuenta de cómo una mayoría de personajes que acceden a puestos de “gobierno” ignoran o soslayan estos esfuerzos (contemplados en normas, leyes, declaraciones y protocolos internacionales) que se han realizado desde instancias federales y con participación amplia y democrática, que ofrecen alternativas para la realización y ejecución de proyectos verdaderamente integrales y que garantizarían sustentabilidad al municipio o región donde se desarrollen (son contados los estados que han adoptado el ordenamiento territorial como eje motor de sus proyectos).

Conocemos experiencias de regiones donde al desarrollar proyectos sustentables (en manos de las propias comunidades) en cuanto al manejo de la tierra, agua y demás recursos, han erradicado, de manera no violenta, los cacicazgos “tradicionales”, además de los grupos de la delincuencia que han venido ampliando su campo de acción por todo el territorio.

Volviendo a nuestro estado, en aquella época en que se convocó de manera amplia y democrática a organismos de la sociedad, tema de preocupación era el cambio de uso de suelo: en zonas urbanas, para establecer empresas transnacionales que malbaratan los productos del campo y controlan o desplazan a los productores nativos; en zonas rurales (y sobre todo en las cuencas lacustres de Pátzcuaro y Zirahuén), el cultivo de especies ajenas a la región, para las que se utilizan fertilizantes químicos que han sido prohibidos en países europeos. La voz de alarma entonces salió de la comunidad indígena de Zirahuén, que se atrevió a denunciar la contaminación de sus cuerpos de agua (un río, algunos manantiales y el lago mismo) por los sembradíos de papa que un particular (y funcionario municipal) estaba realizando de manera extensiva cerca del río principal que alimenta al lago.

Hoy la principal fuente de contaminación de nuestros cuerpos de agua (y también de la tierra) proviene de la siembra indiscriminada de un fruto que alguna vez contribuyó a fortalecer la economía del campo michoacano, pero que actualmente, en medio de la codicia y la corrupción, está causando más daños que bienestar: el aguacate.

Sin poner en duda su contribución a la economía de nuestro estado ni disminuir tampoco la aportación alimenticia que este fruto nos ofrece, hemos de decir que tras la siembra de aguacate en Michoacán se encuentran personajes diversos que por ignorancia, ambición o corrupción están deforestando las pocas áreas boscosas que aún nos ofrecen la posibilidad de obtener el agua y otros recursos no menos importantes para la vida y la existencia humana, así como de otras especies.

Saludamos por tanto los esfuerzos que la Mesa de Seguridad Ambiental se encuentra realizando en el estado para detener la irregularidad en la siembra del mal llamado oro verde.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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