Viernes 21 de Julio de 2017
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Esta semana Facebook me recordó, entre otras cosas, que hace un año y un día publiqué en una página digital regional de mi tierra (Tacámbaro) un artículo de opinión sobre Andrés Manuel López Obrador. Lo releí con detenimiento y ojo crítico llegando a dos conclusiones: que hoy en día lo escribiría un poco mejor y que AMLO sigue con ese actuar ambivalente que impide conocerlo realmente. Luego entonces, aprovechando la vigencia de lo ya escrito es que me atrevo a compartirlo nuevamente de manera pública, obviamente corregida y aumentada.

La serenización o cambio de discurso del candidato de facto a la Presidencia de la República por Morena, Andrés Manuel López Obrador, me recuerda un chiste sobre una persona que tenía un defecto fisiológico del lenguaje que le hacía hablar, lo que comúnmente llamamos, gangoso, y que a la letra dice: “Entra este amigo al bar y le pide al cantinero con su peculiar forma de hablar un tequila, y éste le contesta hablando de manera gangosa ‘¿doble o sencillo?’, el cliente se ofende por la burla de que está siendo objeto al ser arremedado, defendiéndose el cantinero y explicándole que él también habla gangoso; satisfecho el cliente ante al argumento, se centra en disfrutar su trago; minutos después, se acerca otro cliente a la barra y le pide al cantinero una cerveza, de inmediato el cantinero, hablando con pulcritud de lenguaje y dicción, sin resonancia nasal alguna, le pregunta al nuevo cliente ‘¿clara u oscura?’. El gangoso, desde su lugar, escuchó la conversación y le reclamó furioso al cantinero la doble burla, haberlo arremedado y la negación posterior. El cantinero, viendo la cólera del gangoso, se le acerca con rapidez y discretamente, con voz gangosa, le pide que se calme y se calle porque al que está arremedando es al otro cliente”.

AMLO sigue con ese actuar ambivalente que impide conocerlo realmente.
AMLO sigue con ese actuar ambivalente que impide conocerlo realmente.
(Foto: TAVO)

Dejando la comedia y regresando al drama, es de señalarse que Andrés Manuel siempre ha manejado un discurso populista y estridente, lo que la ha traído mucho éxito con amplios sectores de la sociedad, principalmente con los más inconformes con la realidad actual del país y con los que desean acciones radicales, sin embargo, como lo ha advertido en dos ocasiones anteriores, el radicalismo sólo le permite ser un fuerte contendiente pero no le alcanza para lograr la meta: la Presidencia de la República. Astuto, observador, Andrés Manuel ya entendió con claridad que debe cambiar su discurso si quiere ampliar su base social y llegar a sectores sociales que al día de hoy le dan la espalda por considerarlo un peligro para México. Y así lo está haciendo.

Ahora bien, la moderación de AMLO no es una garita sencilla ya que esto le genera problemas con sus huestes tradicionales y leales, que le pueden reclamar por su actuar moderado, propositivo y hasta de coqueteo con la “mafia del poder”. Sin duda, Andrés Manuel, como el cantinero, desde su púlpito social les dirá que se tranquilicen porque a los que está arremedando –mintiendo– es a los otros, a los pirrurris.

Siguiendo con la analogía, me queda claro que el cantinero sólo le mintió al gangoso y que su voz normal es la que usó con el nuevo cliente; sin embargo, en el caso de Andrés Manuel, tengo la impresión de que les miente a todos, menos a sí mismo; es un hombre listo que dudo crea la viabilidad o la pertinencia de muchas de sus populistas propuestas e ideas; me atrevo a afirmar que sabe que son sólo palabras discursivas que sirven para la conquista de votos y hasta allí.

Pero si su discurso radical es pose para atraer a los antisistémicos, y su discurso moderado también lo es, en este caso para limpiarse el aura de desconfianza, ¿cuál es el verdadero pensamiento de AMLO? He aquí mi preocupación. O sea que en más de tres lustros de candidatura presidencial aún no conocemos a Andrés Manuel López Obrador, sólo le conocemos las dos máscaras o voces que ha querido que veamos.

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