Viernes 14 de Julio de 2017
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De entre las noticias más comentadas en los días recientes destacan las declaraciones del senador por el PT Manuel Bartlett, en una entrevista primero con el diario Reforma y alguna más que se sucedieron desde entonces, en la que 29 años después afirma categóricamente que Carlos Salinas de Gortari no ganó la elección de 1988 y que se requirió una negociación con el PAN y con el entonces Frente Democrático Nacional (que había postulado al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República), así como la destrucción de la evidencia mediante la quema de boletas. La otra, la posibilidad de que sea declarada nula la elección en Coahuila en la que se dio a conocer a Miguel Ángel Riquelme del PRI como gobernador electo por rebasar los topes de campaña.

Recordemos el “voto por voto” de Andrés Manuel en 2006 o cómo ha sucedido también que candidatos que tienen lleno total en las plazas durante sus campañas
Recordemos el “voto por voto” de Andrés Manuel en 2006 o cómo ha sucedido también que candidatos que tienen lleno total en las plazas durante sus campañas
(Foto: Héctor Sánchez)

La primera nota nos habla del juego de las máscaras con la que danzan nuestros actores políticos. Si observamos que el mismo Bartlett, siendo en su momento secretario de Gobernación y a la vez presidente de la Comisión Electoral (recordemos que nuestro instituto electoral en ese tiempo no gozaba de independencia), fue muy probablemente el mismo orquestador de los hechos que él ahora está denunciando. Describe que se manipularon las cifras, se quemaron las boletas, que se cortó la comunicación con la que él mantenía informados a los partidos, que el entonces presidente del PRI, Jorge de la Vega, se adelantó en anunciar a Salinas como ganador y que nunca tuvo acceso a los paquetes, pues quien calificaba la elección era la Cámara de Diputados, erigida en Colegio Electoral. Pero pensándolo bien: es imposible no pensar que siendo el secretario de Gobernación con el poder que se tenía entonces no hubiera estado involucrado. ¿Cómo salir a la luz pública a decir algo así? En cuanto a la segunda nota de la elección de Coahuila, me pregunto cuántas denuncias por rebase de tope de gastos de campaña han ocurrido y generalmente no ha habido mayores consecuencias. ¿Por qué esta sí?

Pero mi tema en esta ocasión no es ese; lo relevante de estos dos casos es cómo se asoma la posibilidad de que la élite en el poder (o lo que llaman “la mafia del poder”) sea la que manipula, altera, negocia y determina quién sí o quién no puede llegar a ser ganador en un proceso electoral, y que la voluntad del ciudadano quede al margen. ¿Cuántas elecciones se han sucedido desde entonces en las que como ciudadanos nos asaltan las dudas con respecto a los resultados?
Recordemos el “voto por voto” de Andrés Manuel en 2006 o cómo ha sucedido también que candidatos que tienen lleno total en las plazas durante sus campañas, pero cuando inicia el PREP se van al suelo de manera inexplicable; o como sucedió días antes en la pasada elección de junio en el Estado de México, en la que este mismo sistema electrónico tuvo sus fallas y los consejeros electorales y los partidos lo denunciaron hasta el cansancio. Estos hechos, sumándole a la tradicional cargada en cualquier nivel de elección, donde llueven las ayudas y dádivas, o se persigue y hostiga con tal de condicionar el voto, pues lo único que hacen es evidenciar esta manipulación.

México aún se encuentra en pañales como para decir que vive en una democracia plena. La realidad es que seguimos siendo como niños-púberes en manos de un papá que decide por nosotros y determina qué nos conviene y qué no. Ejemplo de ello han sido los mitos que se han construido como la campaña propagandística en torno al movimiento estudiantil del 68, en la que se le vendió a la población la idea de que el comunismo era el enemigo a vencer, o en 2006, de que Andrés Manuel era un peligro para México, frase acuñada por un conocido publicista, entre otros casos que son muestra de cómo el sistema nos mantiene cautivos, reprogramando a nuestras neuronas e imposibilitando nuestro actuar libre, sin permitirnos explorar nuestras propias vías de formas de vida política, económica y social que sean distintas, condición que si hubiéramos tenido realmente hace años atrás, quizás hoy nos permitiría tener otro panorama sin tanta pobreza y marginación como las que hoy nos aquejan.

Las elecciones de 2018 serán igual de cruciales como las del 88 o de 2006: estará en juego el cambio o la continuidad del sistema. Todos los partidos y los actores políticos ya están aceitando su maquinaria para competir, pero el resultado final es aún impredecible. Ojalá que cualquiera que sea el resultado esté a la altura de los retos que tiene México, y quien sea que llegue tome conciencia de que le tocará asumir la responsabilidad de reorientar las riendas del país, para que éste no se sumerja aún más en el caos, pobreza, anarquía e inseguridad.

Titulé esta entrega como Fanta elecciones por el origen del popular refresco de naranja que conocemos como Fanta, que viene de la palabra “fantasía”, y que fue creado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, el cual se utilizaba como sustituto del azúcar cuando había escasez de ésta en los tiempos de guerra. Fueron dos notas aisladas, pero el nombre lo asocié con el hecho de que a veces así son nuestras elecciones: de fantasía, porque son otros y no nosotros mismos los que decidimos nuestro destino. Ojalá que pronto esta lamentable inercia llegue ya a su fin…

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