Estrellita M. Fuentes Nava
El Inlakesh del agua
Viernes 7 de Julio de 2017
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En 2012 se hablaba de la profecía maya que llegó a interpretarse como del fin del mundo, sin embargo ahora hay quienes afirman que en realidad representaba un nuevo estado de conciencia de la humanidad a partir del cual todas las relaciones interpersonales estarían basadas en la tolerancia y la flexibilidad, pues el hombre sentirá a los otros hombres, como otra parte de sí mismo. Los mayas expresaban este concepto en un saludo diario “in lak'ech” (yo soy otro tú), a lo que contestaban “hala ken” (tú eres otro yo).

En lo personal el mes pasado fue de aprendizajes fuertes con respecto al agua viviéndola desde el plano de lo local: en primera, por mi experiencia ruda trabajando en un organismo operador del agua local al tener que dar la cara a la personas que están en situaciones adversas ya sea por el desabasto, la pobreza o su enojo por la precariedad con la que se trabaja para darles el servicio. La otra, por la odisea de organizar el foro de `Voces de conciencia por el Lago de Cuitzeo´ (que se llevará a cabo hoy 7 de julio, a las 16:00 horas en la explanada principal del municipio) y que ha sido muy intensa también: un lago en el que desfogan aguas residuales sin tratamiento trece municipios; comunidades pobres que se enferman por la contaminación, pescadores sin sustento, conflictos sociales, y en mis visitas, encontrarme con los rostros de personas muy humildes que me preguntan con sólo una mirada: ¿Qué está sucediendo?, ¿por qué nos hacen esto? Y aún no poder formular una respuesta.

Los mayas expresaban este concepto en un saludo diario “in lak'ech” (yo soy otro tú), a lo que contestaban “hala ken” (tú eres otro yo).
Los mayas expresaban este concepto en un saludo diario “in lak'ech” (yo soy otro tú), a lo que contestaban “hala ken” (tú eres otro yo).
(Foto: TAVO)



Una experiencia más fue la que se sumó el fin de semana pasado al visitar una vinata mezcalera en la punta de un cerro en Charo, y toparme en vivo y en directo con el bosque y los manantiales desde donde surge el agua; probarla fresca, limpia, con un sabor muy diferente a la que nos venden embotellada. También el escuchar las historias de los ejidatarios del lugar quienes han cuidado de sus bosques por generaciones, y que ahora son acosados por depredadores que los quieren despojar y ahuyentar, para que abandonen sus tierras y poder así cortar libremente la madera o quedarse con su agua para sembrar aguacates (hay denuncias de ello ante las instancias correspondientes aquí en Michoacán). Los locales me enseñaron desde lo alto cómo lucen 50 hectáreas que ya han sido trasquiladas, y que estos mafiosos planean cortar 200 más para la siembra del aguacate. ¿Qué nadie los puede parar?

Todas estas experiencias me están heredando enseñanzas para que cada vez que abra la boca y hable en defensa del agua, lo haga sintiéndolo desde la fibra más íntima de mi ser, y que lo que diga sea muy real.
Anteayer, antes de dormir, busqué conectarme desde mi corazón con el lago, y en mi visita al bosque de estos días abracé a un árbol por consejo de una mujer chamán; al hacerlo sentí como si muchas "yo" estuvieran repartidas en todo el bosque, y a la vez como si todo el bosque estuviera contenido dentro de mí. Quizás eso es el Inlakesh maya que dice `tú eres yo, y yo soy tú´.

¿Cuántas teorías, conjeturas, debates, pleitos, grillas y políticas se ciernen en torno a la agenda ambiental cuando la respuesta es de lo más sencilla? Sólo hay que sentir a la naturaleza para poder vivirla. Cada vez que se despoja uno del ego y del intelecto, y se vuelve niño con la capacidad de asombro natural, podemos observar a la sabia naturaleza que nos habla a través de un riachuelo de agua limpia que corre en el monte, un imponente pino dispuesto a abrazarnos, o una mirada amorosa de un animalito que nos hace compañía. Si todos los humanos nos abriéramos a percibir eso no habría necesidad de imponer reglas, porque el respeto y el cuidado hacia el entorno nos fluirían de manera total.

Hace tiempo que estuve en Tabasco tuve la oportunidad de platicar con un indígena local y me compartía que en su pequeña comunidad cuidaban el agua y nadie se atrevía a ensuciarla “porque es de todos”. Los lazos hacia la naturaleza les son tan fuertes, que la cuidan por ser su benefactora, la que les da.

Nos hemos vuelto locos los humanos al tratar de regular la conducta que se desdobla y se proyecta desde la inconciencia, la desventaja, el egoísmo y las ganas de siempre ganar, también desde nuestras carencias y miserias. Es una carrera sin fin y sin sentido.

Necesitamos una alquimia nueva, un hombre nuevo, que se piense como un punto en el infinito, en el cosmos, y que reconozca que también por dentro lleva un universo entero, por lo que no tiene fundamento la necesidad de codiciar más…

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