Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Transporte urbano en Morelia, peligro sobre ruedas
Viernes 7 de Julio de 2017
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Gobiernos estatales y municipales van y vienen y no hay ninguno que antes de llegar al poder no haya prometido un servicio de transporte urbano eficaz, limpio, seguro y atento en beneficio de la población moreliana, sobre todo considerando que estamos hablando de la capital del estado. Es muy conocido lo que en diversos temas promete cada uno de los aspirantes a puestos de elección, viéndose preocupados y ocupados por ofrecer una futuro mejor, pero a la hora de la verdad poco hacen al respecto, incluso hay quienes se olvidan de cada promesa vertida pues lo que interesa es lograr sus fieles propósitos que al fin y al cabo nada obliga a cumplir lo ofrecido, son expertos en el arte del engaño y la seducción electoral. Entre los temas que más preocupan a la población está lo relacionado al transporte público, motor indispensable para la movilidad ciudadana y tan elemental en la economía de todas las metrópolis.

A Vivilladas le ha llegado un número considerable de quejas relacionadas con los concesionarios de combis y de urbanos y desde luego de los choferes de los mismos
A Vivilladas le ha llegado un número considerable de quejas relacionadas con los concesionarios de combis y de urbanos y desde luego de los choferes de los mismos
(Foto: Archivo)


A Vivilladas le ha llegado un número considerable de quejas relacionadas con los concesionarios de combis y de urbanos y desde luego de los choferes de los mismos; la mayoría tiene que ver con la inseguridad que sienten los pasajeros por el manejo irresponsable de los choferes, con el no cumplimiento de los horarios, con las patanerías que demuestran los propios trabajadores del volante y desde luego de las condiciones mecánicas y antihigiénicas de las distintas unidades. Vamos por partes.

En lo relativo a la falta de seguridad de los usuarios, es de preocupar en demasía que no exista responsabilidad y sabiduría de los choferes sobre a quiénes trasladan, van como locos entre acelerones y frenadas, corriendo cuando tienen la necesidad o demasiado lentos cuando así les conviene. Sustos mayúsculos han tenido los usuarios cuando están a punto de cruzar la vías del tren, otra vez el famoso tren que múltiples gobiernos han prometido sacar de la ciudad, puesto que en repetidas ocasiones y ante la apuración por el pasaje o por la checada desean ganar la carrera al ferrocarril a pesar de los graves riesgos que esto conlleva; en repetidas ocasiones, aún con el convoy a unos metros, aunque el silbatazo está repitiendo su horroroso sonido de alarma, en lugar de detenerse totalmente cruzan despavoridos las vías y si no se han repetido tragedias como las ya sucedidas es por obra divina, porque hacen hasta lo imposible porque ello vuelva a ocurrir. Ante el asombro y la zozobra, los gritos de angustia y de temor no se hacen esperar, y cuando el usuario busca los números telefónicos para denunciar, resulta que, mañosamente, los mismos ruleteros han borrado o cubierto los teléfonos respectivos, burlándose así también de las autoridades, porque si éstas ordenan que dichos números telefónicos estén en lugar visible, simplemente hacen trampa y aquí no ha pasado nada. Bueno, sí, por lo menos el riesgo eminente de contraer una diabetes para los que no están enfermos o un coma para quienes sí lo tienen.

La responsabilidad es compartida, tanto peca el imprudente que conduce la unidad como los ciegos de la comisión reguladora del transporte, tal parece que a éstos sólo les importan las cuotas, los pagos de impuestos o de trámites diversos y se olvidan de la población, ya que es obligación de los funcionarios encontrar los mecanismos de supervisión y seguimiento para que se tenga un transporte de calidad, donde la integridad del pasajero es lo más apreciable. En charlas con algunos funcionarios de la Cocotra, dijeron a Vivilladas que ellos castigan hasta por quince días a los mal portados e insensatos, pero por otro lado, hubo choferes que aseguran que sólo se castiga a algunos que “no están palancas” porque existen compadrazgos y corrupción. Luego entonces, ¿de qué se trata? No hay teléfonos visibles para denunciar, y cuando se denuncia existen intereses personales o de grupos; ya sería justo que las autoridades no se hagan que la virgen les habla y se pongan a trabajar al respecto, no vayan a querer tapar el pozo después del niño ahogado o después de la combi accidentada y de las víctimas provocadas.

La seguridad del pasajero también tiene que ver con el uso indiscriminado que hacen los choferes de teléfonos celulares al hablar, al mandar mensajes de texto y, desde luego, con el uso indiscriminado del WhatsApp y del Facebook, ente estas aplicaciones tecnológicas, y la música a todo volumen, y por supuesto el cruce del tren, el destino de los usuarios está en peligro eminente. Es oportuno que los funcionarios del transporte se pongan las pilas o las baterías para que hagan su trabajo con responsabilidad y honestidad. Morelia es un caos permanente por muchas razones. Por favor, no provoquen más estrés ante la cotidianeidad que todos tenemos.

Otro asunto relevante tiene que ver con los horarios establecidos para otorgar el servicio, aunque los horarios en sí no son el problema, lo son quienes no lo cumplen y quienes los solapan. Siendo la capital del estado un centro comercial y de gran influencia estudiantil, resulta incomprensible que a las 09:00 nueve de la noche muchas rutas dejen de dar servicio, pocas son las que cumplen con lo estipulado como por ejemplo la Ruta Gris y la Roja, pero otras hacen lo que se les viene en gana; ahora, no es lo mismo que la mayoría de unidades cumplan con los tiempos a que sólo algunas pocas lo hagan; una vez más parece que los concesionarios se mandan solos, porque no hay nada ni nadie que ponga un alto a tanta arbitrariedad. Los trabajadores que ganan sueldos miserables y los estudiantes que siempre andan a la cuarta pregunta, como decían nuestros padres, no tienen la posibilidad de pagar taxis cada rato, todo por la falta de compromiso de los prestadores del servicio que actúan libremente sin respetar los reglamentos o la normatividad existente… al fin y al cabo son sencillamente solapados.

Eso sí, no se trate de justificar incremento a las tarifas porque de inmediato el gremio del transporte desea justificar dicha alza; prometen unidades en mejores condiciones mecánicas, más limpias, mejor servicio en todos sentidos y hasta choferes mejor vestidos y con modales refinados, pero a la mera hora, una vez logrado su cometido, hacen lo que los políticos, simplemente no cumplen los pactos establecidos; por cierto, en Morelia no es tan barato el transporte urbano como se ha presumido, en Guanajuato se cobra 5.50 pesos por pasaje, y en Guadalajara, en la Ciudad de México, en Puebla y en un sinfín de ciudades las tarifas son parecidas. Así que no engañen al pueblo, el transporte público en la capital michoacana es más caro y de pésima calidad que en otras urbes nacionales.

Sería bueno que las autoridades respectivas dejen de jugar a los carritos chocones y tomen este asunto con total seriedad y compromiso, sobre todo cuando la integridad del usuario está en sus manos, sería muy lamentable que por la anarquía existente y la inconsciencia de un individuo varios hogares tuvieran que lamentar hechos o episodios que nadie anhela vivir. La solución no es inalcanzable, sólo se requiere honestidad, trabajo y responsabilidad, donde la corrupción y la desidia no tengan cabida… aunque quieran irse paradas y deteniéndose del tubo.

Marco Tulio Cicerón, emperador romano, advirtió: “Prudencia es saber distinguir las cosas deseables de las que conviene evitar”, y Teógenes , filósofo griego, reflexionó: “No obres nunca apasionado. ¿Por qué quieres entrar en el mar durante la tempestad?”. No hagamos del transporte público una copia pirata de la impredecible ruleta rusa.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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