Rogelio Macías Sánchez
ALGO DE MÚSICA
Erika Dobosiewicz y la Osidem
Martes 4 de Julio de 2017
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Erika Dobosiewicz.
Erika Dobosiewicz.
(Foto: Especial)

Con las lluvias atrasadas regresó la música clásica a Morelia. El pasado viernes 30 de junio estuvimos en el Teatro Ocampo en un concierto más de la Orquesta Sinfónica de Michoacán (Osidem), bajo la dirección de su titular, el maestro Miguel Ángel García Ramírez, y con la presencia estelar de Erika Dobosiewicz como solista invitada. Apenas media entrada o un poco más, pero de un público estupendo.

El programa era muy ambicioso y largo. Abrieron con la obertura a la ópera Los esclavos felices, de Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826), español del País Vasco que nació exactamente 50 años después de Mozart. Como éste, fue un niño prodigio y murió muy joven, apenas de 20 años. A los trece compuso Los esclavos felices, que desde su estreno fue calificada como magnífica, y de la cual escuchamos la obertura. Es una linda pieza de formato clásico vienés haydiniano, muy lírica, breve, ligera y emotiva y claramente introductoria de un drama subsecuente. Sonó muy bien con la Osidem, que felizmente nos la dio a conocer, por lo menos a mí.

Siguieron con la Sinfonía No. 4 llamada Italiana, de Felix Mendelssohn (1808-1847), también niño prodigio y de vida breve. Su Sinfonía No. 4 es la más reconocida y es un icono de la música sinfónica del primer romanticismo alemán, tan emotivo y novedoso. Fue inspirada por un viaje por Italia, de donde recogió emociones, ideas y hasta motivos musicales, pero el proceso de composición fue en Alemania y duró un par de años. Lo más notable es el sentido de la luz y la atmósfera mediterráneas plasmadas en un primer movimiento de forma sonata. El segundo tiene referencias claras y no sólo impresiones de una procesión religiosa en Nápoles. El cuarto incorpora figuras de danzas italianas: un saltarello romano y una tarantela napolitana. Escuchar esta obra y dejarse penetrar por ella es el mejor antídoto contra cualquier amenaza de depresión o simple tristeza.

La Osidem, bajo la batuta de Miguel Ángel García, nos ofreció una versión muy digna de pieza tan espléndida. Al principio me asusté ante ciertas inseguridades de los primeros violines pero pronto se sintonizaron en una ejecución correcta y una interpretación sentida y acorde con el espíritu total de la obra. La aplaudimos con sinceridad.

Hubo un intermedio razonable para cerrar con el Concierto para violín y orquesta, de Johannes Brahms (1833-1897), compositor alemán que no fue niño prodigio ni murió joven. Su primera sinfonía la compuso después de los 40 años y el concierto de violín, a los 45. Su música es cumbre del romanticismo por la abundancia y profundidad de ideas musicales, así como por su lirismo, sobrio y generoso. Pero es también el más clásico de los románticos en los aspectos formales de sus obras. Esta conjunción daría lugar, años después, al llamado neoclasicismo. El Concierto para violín y orquesta es un verdadero epítome de su obra. Es románticamente asimétrico, con un primer movimiento muy largo, profundo e intelectual. El segundo es moderno, apuntando claramente al impresionismo francés. El tercero, un rondo extraño, es rotundamente clásico. Y en todo esto, al violín le toca lo más difícil. Brahms no era violinista y su exigencia para el instrumento es enorme, no porque le pida ser virtuoso, sino profundamente expresivo; pero también debe ser lucido, con base en una ejecución perfecta y una interpretación muy sentida, basada en el entendimiento cabal de las ideas musicales que contiene.

Para esto estuvo Erika Dobosiewicz, bella violinista polaca avecindada desde hace buenos años en nuestro país y visitante frecuente de nuestra ciudad. Es una solista excelsa, sin concesión alguna a la imperfección o al desinterés y cada vez mejor artista, más sabia, de praxis perfecta y sentimiento rebosante. El concierto de Brahms que nos ofreció el pasado viernes es el mejor que yo haya escuchado y ahí queda, imperecedero en la memoria.

El aplauso fue apoteótico, y después de cuatro salidas al escenario nos ganamos un precioso encore que me sonó a Sarasate, ofrecido con el sello de la casa: perfecto y con emoción.

Hasta la próxima.

Sobre el autor
Rogelio Macías Sánchez Médico cirujano por la UNAM, Especialidades de Neurología y Neurocirugía. Con ellas, ha ejercido en instituciones oficiales y en la práctica privada. Catedrático de la Universidad Michoacana Amante de la música clásica desde sus primeros años por inducción familiar, se desarrolló como melómano cultivado por iniciativa propia. Por confluencia de circunstancias se ha desarrollado como periodista aficionado en el ámbito cultural en la crónica y crítica de música clásica. También, y auténticamente por amor al arte, ha sido promotor de eventos magníficos de música clásica en Morelia.
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